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Domingo 23 de Julio de 2017

Se naturaliza el consumo de drogas entre adolescentes

Mendoza tiene cifras más alentadoras que la Nación. Sin embargo, más docentes de escuelas primarias y secundarias piden capacitaciones para enfrentar el tema en las aulas.

Las estadísticas miden que en Mendoza el consumo de sustancias legales y/o ilegales es significativamente menor al de la Nación entre los chicos de 12 a 17 años. Sin embargo, ambas jurisdicciones tienen cosas en común: la gran accesibilidad a las drogas, el policonsumo y una naturalización de esto, como si fuera algo "esperable" entre los jóvenes. Incluso la instalación de la creencia de que tomar alcohol, fumar tabaco o marihuana no es dañino ni deja marcas en el cuerpo, mientras se crece.
La cercanía de la droga tiene preocupados a los docentes, que son los primeros en notar a los chicos que consumen, o de forma adictiva o simplemente para explorar o ser integrado al grupo de pares.
Según el Programa Provincial de Adicciones, los pedidos de ayuda de las instituciones para contener este tipo de problemas eran siempre del Nivel Medio, mientras que ahora se sumaron las intervenciones solicitadas por escuelas primarias.
De hecho, en lo que va del año más de 400 personas entre docentes y estudiantes de carreras afines al tema como la psicopedagogía participaron en los talleres de capacitación que brinda el programa. Como resultado de esto, y en forma conjunta con la Dirección de Orientación y Apoyo Interdisciplinario de Trayectorias Escolares (Doaite), se propuso a los docentes ya capacitados que armaran talleres en cada institución de acuerdo con sus problemáticas específicas, de modo tal de empezar de inmediato a trabajar preventivamente contra las adicciones.

Diferenciar

"Lo que estamos buscando es que la escuela no actúe expulsivamente, sino que pueda ayudar al alumno, que pueda determinarse si un chico tiene un problema de adicción o si está probando por curiosidad. Porque lo que sucede es que cualquier persona que ve un chico con un porro cree que es adicto, y a veces no es eso, sino que quiere experimentar. Ojo, no estoy diciendo que esté bien que un chico fume un porro, sino que deben ser diferenciadas las situaciones y reaccionar de forma adecuada", explicó Gustavo Reig, titular del programa.
El funcionario completó la idea ejemplificando con datos duros de la última encuesta que hizo la Sedronar sobre consumo de sustancias publicada en junio pasado. "En la franja de 12 a 17 años, el 18,7% de los chicos dijo sentir curiosidad de probar drogas, pero sólo el 5, 5% contestó que las consumiría si se le presentara la ocasión", contó.
No obstante, recalcó que tanto la naturalización del consumo como las mezclas siguen siendo lo más preocupante para los docentes y los especialistas en la materia, ya que como ocurre con otras adicciones, mientras más pronto se inicia un adolescente más posibilidades tiene de adquirir la dependencia de las drogas. Además, ya no sólo el alcohol es la puerta de entrada al consumo, sino que la marihuana se ha consolidado como el primer peldaño hacia el consumo de otras sustancias.

Se sigue un protocolo para ayudar a los chicos

"En las escuelas el problema está", dijo Lorena Gordillo, secretaria de Educación del SUTE sobre el cada vez más cercano contacto entre las drogas y los adolescentes. Desde su experiencia como docente en Luján y Godoy Cruz en zonas vulnerables, comentó que han realizado talleres ofrecidos por el Programa de Adicción y la Asociación Civil Cable a Tierra para asesorarse sobre este problema.
"En general tiene múltiples causas, son chicos que acumulan inasistencias, que tienen alguna relación con el consumo, que puede ser marihuana o lo que ellos llaman 'alita' –derivado de la cocaína–", explicó la docente. Además, afirmó que se "sigue un protocolo para ayudar al estudiante, que implica no invadir su privacidad, un proceso de escucha sobre lo que piensa y necesita y por supuesto llamar a los padres".
Gordillo llamó la atención sobre el abordaje que se hace desde los centros de prevención de adicciones, que están en todos los departamentos pero tienen turnos muy espaciados porque falta personal. "No es lo mismo un chico que tiene obra social, que a lo mejor tiene un turno en una semana, a chicos de zonas vulnerables como las que trabajo yo, en las que una vez detectado el chico debe esperar tres meses antes de que empiece un tratamiento", destacó.