Espectáculos
Martes 11 de Octubre de 2011

"Me siento póstumo"

Rosana Torres, especial de El País para UNO

Recibe en su bellísima casa en pleno corazón de Madrid, España, en alpargatas, con sus siete gatos ignorándolo olímpicamente, sus inquietantes cuadros y sus discos de platino colgados en las paredes del retrete. Cerca de él una frapera con hielo; dentro de ella un champán francés que denota que él ya no está para tonterías. Lo degusta suavemente, sin urgencias. Tiene una dulce sonrisa permanente, sólo rota por unas buenas y saludables carcajadas cuando el tema lo requiere.

Joaquín Sabina entra en nuevo territorio inexplorado hasta ahora por él. En el Teatro Rialto de la Gran Vía madrileña acaba de estrenarse Más de 100 mentiras, un musical basado en sus canciones con dirección de David Serrano y protagonizado por el argentino Juan Pablo Di Pace.

Se trata de un thriller de amor, comedia y deseo con más de 20 canciones del cantautor, entre ellas Yo quiero ser una chica Almodóvar, ¿Quién me ha robado el mes de abril? y Pastillas para no soñar.

En el musical, con una inversión de más de 4 millones de dólares, participan más de 50 artistas, entre actores, músicos y bailarines.

En 2013 se presentará en Buenos Aires y México (se rumorea que también en Nueva York) y un año después se estrenará la película.

–¿Con este acontecimiento que se le vino encima no se siente un poco vaca sagrada?
–No. Lo que me siento es póstumo. Este tipo de cosas se le hacen a los cadáveres. Espero que sea un cadáver exquisito. Durante 10 años me lo estuvo proponiendo cada año José María Cámara (productor ejecutivo del musical) y cada año le decía educadamente que no.

–¿Siempre con un cocido delante como testigo de la proposición?
–Pues sí. Pero yo no me veía póstumo y, después del cocido llegaba el no. Pero con el tiempo he visto que en la Gran Vía se está creando una especie de Broadway y el movimiento que hay en ese sentido me hizo cambiar de opinión.

–¿Usted va a ver musicales?
–Nunca en mi vida. Ni aquí ni en el West End, ni en Broadway, ni en ningún lado. Soy póstumo, pero virgen.

–Pero de pequeño sí iba en su Úbeda natal a ver zarzuela, que es un precedente del teatro musical, tal y como se entiende hoy...
–Es verdad, y por eso lo que me apetecía era escribir una zarzuela, no tanto que tomaran mis canciones, pero no me he atrevido. Además, el último musical que he visto en mi vida no es una zarzuela, es Castañuela 70.

–¿Qué lo llevó a darle el sí quiero?
–Que ya no encontraba razones para darle el no y además me gusta mucho colarme en lugares donde no estaba prevista mi presencia, ni se me esperaba, ni me invitaban.

–Además, sus canciones son microrelatos, muchos de ellos con una base teatral de planteamiento, nudo y desenlace...
–Es que yo vengo de Quintero, León y Quiroga, y sus coplas tenían eso. Lo que jamás pensé es que unas decenas de canciones mías dieran juego para un musical.

–¿Hacía muchos años de su ruptura con el teatro?
–Empecé haciendo teatro independiente y en Londres tuve una compañía pequeñita de teatro emigrante, muy brechtiano y muy pedagógico, pero luego en España vino la época de los Grotowski, que había que arrastrarse por el escenario, llenos de cenizas y me dije: ¡hasta aquí hemos llegado!.

–Pero lo que hacía en la transición en ese local mítico que fue La Mandrágora, con Krahe y Alberto Pérez, era una suerte de vodevil, que recordaba la esencia de los cabaret berlineses de los ’20...
–Sí, hablábamos con el público, pero en aquella época, llena de modernos, para los alaskos y pegamoides nosotros éramos, con nuestras barbas nazarenas, unos diplodocus en extinción.

–¿En esta ciudad ha quedado algún espacio para la bohemia, los golfos; existe una noche madrileña que no sea para los amantes del diseño o el botellón?
–Ahora no estoy muy puesto. Sigo teniendo alma de puta, pero ya no ejerzo, estoy a punto de ser madame y tener unas pupilas en plantilla. En Malasaña y, sobre todo Lavapiés con esa multiculturalidad, sí que hay sitios interesantes, pero la antigua bohemia no está.

–¿Pertenece a una casta que ha desaparecido?
–Pero la mía es anterior a la movida, es la vieja, decadente y casposa bohemia.

–¿La de Alejandro Sawa?
–Exacto, la de Don Latino de Hispalis, esa es la que yo amo y la encuentro a veces en algún sitio de Buenos Aires y en algún tugurio de México, pero en España no.

 

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