San Rafael
Domingo 30 de Octubre de 2011

Media vida con Huracán

Don Domingo Alarcón vive desde hace 20 años en la cancha del Globo. Un personaje muy querido por todos 

Domingo Alarcón entregó la vida al club de sus amores, dejando de lado el calor de la propia familia para adoptar una nueva, la de Huracán.

Tiene el andar lento, cansino, como si el tiempo pesara sobre sus espaldas. Las arrugas en su rostro denotan el paso de los años y sus palabras, sabiduría. Se abre camino entre los álamos del patio, tras los cinco perros que lo custodian y corren presurosos a su alrededor. Ellos son sus compañeros, sus amigos.

A los 71 años no hay rincón del club que no conozca por escondido que esté y a menudo se escucha la frase “pregúntenle a don Alarcón, que él sabe”. Es que hace 20 años que vive allí, en una humilde habitación, y otros 20 que ha estado ligado de diferentes formas al Globito.

Nació en Algarrobo del Águila, La Pampa, y a los 9 años junto con su familia se trasladó a General Alvear. A los 18 años tomó la decisión de vivir en San Rafael porque un amigo de la niñez –Jorge Pereira– hacía tiempo que se encontraba en estas tierras y lo había invitado en numerosas oportunidades. Fue él quien lo acercó al mundo del fútbol. “El era de otro club, pero yo lo acompañaba a los partidos. Me gustó y de a poco comencé a acercarme, a colaborar y a participar cada vez más hasta que integré la comisión directiva, viajé a distintas partes del país cuando el equipo tuvo que enfrentar a rivales muy importantes en Buenos Aires y Rosario”, cuenta orgulloso.

Jorge le enseñó el oficio de tapicero y en muy poco tiempo ya trabajaba para una reconocida empresa de transporte. Pasaron los años y Domingo se casó. Luego decidió dejar ese trabajo y se dedicó por completo al club.“Recibí un dinero y gente muy conocida me pedía que le prestara para una cosa u otra. Cuando me di cuenta, me había quedado sin un peso. No pude comprar nada porque nunca me lo devolvieron”, dice angustiado. Quienes saben del tema, afirman que no se puede concebir al club sin Alarcón. Es que sus tareas son innumerables. “Hago de todo. Marco las canchas, ayudo a limpiar, pongo en funcionamiento las bombas de agua, armo y marco las canchas, entre otras cosas. Pero no tengo sueldo. Cuando pueden me dan plata. Hace tres años me jubilé, así que vivo de eso y de la tapicería”, explica Domingo.

A la hora de las anécdotas, son tantas las que vienen a su mente como años lleva trabajando en el lugar. Algunas alegres y otras no tanto, como la muerte de un hombre que estaba bajando las guirnaldas después de un baile. “Al hombre se le fue la escalera para atrás y cayó de espaldas en el suelo. Eso fue muy impresionante. Muy triste”, indicó.

Don Alarcón recuerda con nostalgia que hace muchos años la gente que “venía al club era impresionante. Llegamos a tener más de 5.000 personas por semana. Era una hermosura ver la familia completa en la pileta, los chicos haciendo deportes y los bailes que se hacían”, pero esa magia fue desapareciendo.

Domingo sueña con levantar al club y despertarlo del letargo en el que se encuentra. “La gestión actual hace mucho esfuerzo. Hay proyectos, pero poca plata. La gente tiene que acercarse, entre todos podemos hacerlo. No quiero morirme sin ver al Huracán de antes”, concluyó. 

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