San Rafael
Domingo 11 de Septiembre de 2011

Medio siglo en el Municipio

Rafael Ballejo trabajó 50 años como ordenanza en la Municipalidad. Conoció a intendentes y presidentes.

Rafael Ballejo tiene 70 años de vida y de esos, 50 fue ordenanza en la Municipalidad de San Rafael. Es casi un libro de historia, por el lugar donde se desempeñó y los personajes que conoció.

Algunas canas y unas pocas marcas del paso del tiempo en la piel apenas dejan entrever su edad. Una sonrisa perfecta ilumina su rostro, aunque pocos la conocieron durante su tiempo de trabajo. Es que su seriedad era marca registrada porque es muy tímido y reacio a tutear, incluso recuerda que don Chafí Félix “siempre fue una persona maravillosa, entablamos una relación hermosa, pero acá él era el intendente y yo el ordenanza”.

Comenzó a trabajar el 12 de agosto de 1959. “No quería saber nada con trabajar en el Municipio, pero acepté pensando que iba a ser por poco tiempo. Necesitaban un ordenanza en radio Municipal”. En 1962 fue el momento de abandonar tierras sanrafaelinas. El servicio militar lo llevó hasta Tupungato. Allí “por suerte me tocó ir al Casino y ahí se aprende mucho, sobre todo de protocolo”. Las anécdotas fluyen una tras otra: un día el intendente le dijo que había tenido un problema con el auto, que recibiera al doctor Ricardo Balbín que estaba por llegar. “Me puse muy nervioso porque estudié hasta sexto grado”, recuerda. Cuando estaba por retirarse, Balbín lo buscó para charlar y le preguntó por un cuadro que había de San Rafael y “a partir de ahí conversamos casi una hora”. También conoció a Menem y otros.

Un capítulo que muchas veces prefiere olvidar por la angustia es el de la época del gobierno de facto. Fue terrible, las personas que estaban acá “eran muy duras, venían de combatir. Le pidieron que bajara todos los cuadros colgados en el despacho y como yo no quise, me clavaron el FAL en la espalda y me obligaron”. Cuando vino Rafael Videla, revisaron todo, mandaron a comprar y miraron cómo preparaba y servía, no perdían detalle y nunca le sacaron los ojos de encima.

Siempre se preparó para la despedida. Ese día caminó acompañado de miles de recuerdos y atravesó el pasillo hasta el patio. Al cruzar la puerta “sentí un vacío y pensé que la vida está llena de etapas. Todo tiene un principio y un fin. Ya era hora de quedarme en casa con mi familia”, concluyó.
 

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