En debate esp
Lunes 26 de Septiembre de 2011

Mendoza con la lógica de las provincias pobres

La estrategia de colgarse de los candidatos a Presidente empobrece el debate provincial.

Por Nacho Rodríguez

Convertir un candidato a Presidente en ídolo popular o caudillo es propio de quienes están obligados a usar las figuras presidenciales para apuntalar sus propias candidaturas locales. Es en general el caso de la mayoría de las provincias postergadas y pobres del país que sólo viven de la asistencia del Estado nacional.

No debería ser, por cierto, la lógica imperante en Mendoza, una de las provincias más ricas de la Argentina pero lo es. Desde el advenimiento de la Democracia en 1983 todas las elecciones presidenciales que coincidieron con las provinciales han estado atravesadas por la figura del candidato a Presidente.

De esos enviones se colgaron varios. En 1995 el fenómeno Carlos fue arrollador y puso a Arturo Lafalla en la gobernación de Mendoza. Difícilmente el dirigente peronista hubiera logrado un triunfo si no iba colgado de la boleta del por entonces ‘caudillo hit’ de la política vernácula. Cuatro años más tarde –típicos espasmos argentinos- la gente cansada de Carlos votó masivamente a Fernando De la Rúa. Con él llegó a la gobernación Roberto Iglesias, ¿hubiera triunfado de no haber ido colgado de la buena estrella delarruista? Su gestión moderada y la dispersión del voto presidencial en 2003 hicieron que Iglesias pudiera dar un debate provincial e imponer a Julio Cobos en la gobernación.

En 2007 pasó algo extraño porque si bien el kirchnerismo gobernaba ya el país, en Mendoza no había logrado hacer pie pero pícaramente Néstor Kirchner pensó una estrategia que dio frutos: Cristina Fernández fue colgada del justicialista Celso Jaque y del radical César Biffi.

Pero hubo un radicalismo que resistió atrincherado y que hizo una jugada también rara: llevó fórmula propia en la provincia (Iglesias – Ernesto Sanz) pero apoyó una fórmula también combinada en la Nación con el filoperonista Roberto Lavagna a la cabeza y el radical Gerardo Morales como vice.

El resultado está aun a la vista. Jaque fue el candidato a gobernador más votado fruto, básicamente, de un radicalismo que dividió sus votos en dos canastas. Hoy la lógica de la buena estrella presidencial se impone de vuelta.

Es notable que la mayoría de los sondeos que están dando vueltas indiquen que de los candidatos en pugna para gobernar Mendoza el preferido sea Iglesias pero que difícilmente se aplique en el cuarto oscuro el alto porcentaje de corte de boleta que haría falta para que efectivamente el radical pueda llegar al gobierno.

Dicho de otra forma, es más posible que Francisco Pérez, a quien los mendocinos dejan segundo en el podio de intención de voto si el debate se circunscribiera sólo a lo provincial, termine alzándose con el triunfo por el hecho de que estas elecciones coinciden con una presidencial. Es potestad de los gobernadores tener su propio calendario electoral pero Jaque fue conciente de esta realidad y por eso no la separó.

En 1987 José Octavio Bordón ganó con mérito propio y en 1991 pudo dejar a un delfín suyo en la casa de gobierno: Rodolfo Gabrielli. A partir de 1995 las elecciones provinciales coinciden con las nacionales por la reforma constitucional del ’94 que redujo de seis a cuatro años el mandato del Presidente de la Nación.

O sea que es de esperar que los debates por las cuestiones provinciales en Mendoza se reduzcan siempre a la figura, el talle, el porte, la elegancia y la simpatía de los candidatos a Presidente. Los mendocinos debemos aspirar a que un día un Gobernador se ponga los largos y se banque debatir los asuntos mendocinos por separado sino sólo deberemos rogar que en la sábana vaya enganchado algún comprovinciano, al menos, digno.

Twitter: @NachoRodriguezJ
 

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