Mendoza
Domingo 16 de Abril de 2017

La mendocina que revolucionó el periodismo de investigación

Esta semana se conoció que el proyecto que codirigió, los Panamá Papers, recibió el Pulitzer, el mayor galardón mundial para su profesión. Nadie le enseñó a investigar, se hizo en la calle

Hay veces en que estamos convencidos de que tomamos decisiones en la vida y otras en que la vida azarosamente lo hace por nosotros. A los 17 años, cuando cursaba el último tramo de la secundaria, la mendocina Marina Walker no pudo ir al viaje de egresados y en el colegio ICEI de Ciudad al que asistía le propusieron que hiciese una pasantía mientras sus compañeros estaban de viaje. Por entonces una profesora suya era locutora en Canal 9 y ella consiguió que allí tuviera su primer acercamiento al trabajo de un comunicador social. Durante dos semanas persiguió periodistas con sus notas y hasta se entusiasmó con estar en el centro de la escena. Ella no lo sabía pero ese era el inicio de un sinuoso camino con una cúspide en donde la espera el premio Pulitzer, el mayor galardón mundial para el periodismo, que consiguió por la investigación de Panamá Papers.

Sus comienzos
No pasó mucho tiempo desde que dejó las aulas de cursado de la Licenciatura en Comunicación Social de la UNCuyo hasta que recaló en el diario Los Andes y descubrió que lo que más la atrapaba era el periodismo de investigación. Así fue que se convirtió en una periodista para muchos "lenta": para sus notas rastreaba causas, buscaba el porqué y el cómo y no era fácil reunir todas esas respuestas inmediatamente para un título. Allí se ganó el mote de no ser una periodista de escritorio.

"Siempre me gustó ir al terreno. En aquel tiempo hice muchas notas sobre todo relacionadas con la Justicia de menores, con lo que era la situación del ex COSE y lo que sucedía allí, que según lo que sigo leyendo no ha cambiado mucho. Pero lo que me atrapaba era poder ir más allá, no retratar al chico como el asesino que tiene que estar encerrado, sino ir a su escuela, hablar con sus maestros, encontrar sus notas, rastrear ese pasado y contar que había sido un buen chico: poder determinar el momento en que la sociedad le falló a ese chico y encontrar las responsabilidades compartidas de eso", recordó Marina y aquel entusiasmo se renueva en su voz del otro lado del teléfono y atraviesa el relato.

Con esa forma de trabajo se pasó días instalada en pueblos fantasmas que habían caído en el abandono estatal para contar cómo se vivía en ellos, o haciendo guardia hasta que terminara el inolvidable motín vendimial de la cárcel en Boulogne Sur Mer en el 2000. Allí unos 1.000 internos mantuvieron a 20 personas de rehenes durante 46 horas. Ella fue una de las periodistas que una vez finalizada la revuelta pudieron entrar a ver los desmanes provocados por los internos y analizó qué había fallado en el sistema para que se desencadenara esa situación en el penal.

Periodismo que transforma
"En Mendoza nadie me enseñó periodismo de investigación, ni una metodología, ni cómo obtener un documento, de hecho no hay una ley de acceso a la información. Íbamos inventando mientras lo hacíamos", contó para explicar por qué en un momento de su vida decidió concursar por una beca para estudiar en Estados Unidos, un país con una fortísima tradición de periodismo de investigación.

No sólo ganó la beca en un diario, en el 2003 se radicó en Washington, se casó y comenzó una maestría de un año y medio en la Universidad de Missouri, en donde funciona un centro de investigación periodística. Su trabajo final suponía publicar una investigación.

Allí escribió "Los niños del plomo", que fue su primer trabajo transnacional. "Es la historia de una productora de plomo que hizo estragos en Estados Unidos y luego trasladó sus operaciones sucias a un pueblito de Los Andes de Perú que se llama La Oroya, que es uno de los 10 lugares más contaminados del mundo ", repasó con la modestia que le es propia.

Después de haber recorrido en 2005 las laberínticas calles de La Oroya antigua, un pueblo sin agua corriente ni cloacas ubicado a 180 kilómetros al sureste de Lima, cuya razón de ser era aquel complejo metalúrgico que empleaba y daba de comer a las familias de 4.000 obreros, desnudó en su nota que allí los niños no crecían ni engordaban por el exceso de plomo que respiraban o se llevaban a la boca cada vez que jugaban. Los análisis revelaban que la intoxicación era en promedio el triple del máximo permitido por la Organización Mundial de la Salud.

Ella fue la primera periodista que conectó los dos puntos de la empresa Doe Run, que había desaparecido de Estados Unidos y tenía esa operación en Perú, en donde hacía justamente lo mismo.

Su nota, que tuvo una gran repercusión mediática, logró que La Oroya fuera ubicada entre las 10 ciudades más contaminadas del mundo y que la empresa terminara retirando sus operaciones en Perú, o las redujera drásticamente.

"Esa fue la primera vez que colaboré con periodistas de otros países, que tuve acceso a la información en Perú porque tenían una ley, obtuve documentos y pude sistematizar esa información. Ya no era entrevistar a 100.000 personas solamente, que es algo que seguimos haciendo, sino contraponer la información oficial no con lo que podían decir algunas ONG, sino con información dura que fuimos consiguiendo", dijo Walker, que con aquella investigación no sólo reveló la contaminación de aquella empresa estadounidense sino que mostró la reincidente historia de las multinacionales que abusan de comunidades vulnerables en países en desarrollo.

Ese fue el génesis de su forma de hacer periodismo, creyendo que así como la corrupción y el fraude tejen redes internacionales invisibles, es necesario tenderlas para investigarlos, entenderlos y denunciarlos.

Contra la censura: redes de colaboración transnacional
El 3 de abril del 2016 estalló la bomba mediática más grande de los últimos tiempos. En el mismo segundo 109 medios de comunicación del mundo publicaban la filtración de documentos de Mossack Fonseca, una de las empresas más grandes del planeta dedicadas a montar empresas off shore en paraísos fiscales. Ellos sumaron al diccionario periodístico dos palabras con las que tendrán pesadillas Mauricio Macri, Vladimir Putin, Leo Messi y Pedro Almodóvar: los Panamá Papers.

Esa investigación del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, en inglés), de donde Marina Walker es vicepresidenta, se hizo acreedor del Pulitzer en la categoría "periodismo explicativo". El premio no hace más que confirmar que una publicación periodística colaborativa logró anular la censura que pudo haber exigido tal o cual presidente o empresario sospechado de corrupto.

"Una de las preguntas que nos hacemos en el consorcio cuando abordamos un tema es qué resultados podemos obtener. Y eso es novedoso porque está quien piensa que roza el activismo y dicen que hay que dejárselo a los jueces, que son quienes deben generar los cambios. Sin embargo, aquí el periodismo es realmente un cuarto poder, y nosotros hacemos periodismo no porque nos guste cómo escribimos, sino porque queremos cambiar algo en la sociedad", dijo Walker, aunque admitió que hay lugares en los que esta forma de pensar y hacer periodismo es una expresión de deseo.

"En Argentina –analizó– hay un gran problema con la Justicia. ¿Cuántos políticos han ido a la cárcel por casos de corrupción? Uno. María Julia Alsogaray. Todo el mundo abre causas y no pasa nada. Nuestros colaboradores argentinos después de la publicación de los Panamá Papers desfilaron por fiscalías para declarar sobre lo que investigaron y luego no pasó nada", admitió quien entiende que una forma de que el periodismo pueda generar cambios reales y eludir censuras locales es trabajar en colaboración transnacional.

"Es una solución. Una cosa es publicar en un país en donde sabés que eso va a terminar cajoneado y otra muy distinta es publicar mundialmente. Ser parte de algo que es más grande que tu medio y sus intereses, o más grande que tu país y su corrupción. Los Panamá Papers no se hubiesen conocido si hubiesen sido investigados por un solo periodista, no se la censuró por la presión de que era una publicación transnacional. Para generar cambios hay que salir de la aldea, colaborar con otros y ser parte de redes que vayan más allá de nuestro país", dijo resuelta.

Netflix realizará una serie
Después de que los Panamá Papers provocaran un revuelo internacional que involucró la renuncia del primer ministro de Islandia, Netflix se tentó con la historia y la transformará en una serie. También está en los planes que se convierta en una película.

El proyecto supone que Marina Walker y Gerard Ryle, director del consorcio, se involucren en el guión para contar el detrás de escena de su trabajo periodístico. "La idea me alegra porque le va a dar visibilidad a este tema, con una audiencia más masiva, más joven y diversa. Desde ese sentido me gusta. Ahora debo decir que me asusta o me incomoda un poco el tratamiento. Nosotros somos periodistas de investigación, meticulosos y un poco huraños, no glamorosos, porque cuando el periodista es glamoroso es porque se creyó la estrella y no es lo que buscamos", admitió Marina y se esperanzó: "Ojalá lo hagan bien, ojalá nos pidan nuestra opinión y puedan hacerlo bien".

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