Política
Miércoles 08 de Abril de 2015

Opinión: Clamor al Máximo

Por Nacho Rodríguez Jardel
@UnSanrafaelino
Los operativos “clamor” son parte de la historia argentina, incluida la más reciente, la de los últimos 30 años. Un operativo clamor nunca es ingenuo ni producto de la improvisación; es montado, armado estratégicamente, pensado, construido. Para poder concretarse se necesita de la venia de quien será aclamado y de un puñado de acólitos dispuesto a llevarlo adelante. Para muchos líderes que lo impulsan, se trata sólo de mantener viva la llama del poder cuando todo comienza a oler a final. Para otros, se trata de hacerle ver a la ciudadanía que nadie podrá con el poder además de ellos.
Raúl Alfonsín instaló temprano la idea de que él debía liderar el proceso democrático mucho más allá de 1989, su operativo clamor comenzó en el ’85 y se instaló la idea de la reforma constitucional, cuando los números de la economía le sonreían y los logros en materia de Derechos Humanos comenzaban a iluminar el camino de la recuperación institucional. Más tarde, Carlos Menem logró, gracias al “clamor” militante, imponer su criterio y empujó al radicalismo a cometer un error del cual más tarde se arrepentiría: permitir su reelección y, al modificarse la Constitución, permitir que los operativos “clamor” se volvieran una costumbre en la Argentina, aunque es obvio que estas campañas no son patrimonio exclusivo de nuestro país.
Cristina Fernández nunca se manifestó personalmente respecto de la posibilidad de reformar la Constitución para permitir una nueva reelección de su persona pero muchos de sus seguidores con cargos públicos aclamaron su continuidad en más de una ocasión durante la vigencia de su mandato. Máximo Kirchner Fernández es hijo de dos presidentes constitucionales, tiene por tanto un linaje del cual pocos ciudadanos argentinos –mejor dicho ninguno- pueden ufanarse. En la última semana irrumpió en la escena política y comenzaron las especulaciones. Decenas de funcionarios salieron a pedir por su candidatura, ¿a qué? aún no está claro pero es el primer caso –al menos en el país- en el cual el clamor no es por el que manda aunque sí por alguien de su misma sangre.

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