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Domingo 06 de Noviembre de 2011

Paco y Carlos, dos tipos audaces

Pérez y Ciurca son una dupla muy singular para la política local. Nunca un vice mostró tan alto perfil. Ni hubo tanto protagonismo en la transición.

Andrés Gabrielli

Algo ha cambiado de manera rotunda en la política mendocina de los últimos años con el advenimiento de la pareja Paco Pérez-Carlos Ciurca.

Hay que remontarse más de veinte años en el tiempo para encontrar un binomio con tanta fuerza como el que representan los actuales gobernador y vicegobernador electos.

Pilo Bordón y Arturo Lafalla podrían dar una medida similar de dos figuras de gran talla tirando juntas en la cúpula del Ejecutivo.

Pero hay una diferencia importante con la actual yunta. Nunca, hasta ahora, el vice tuvo tanto protagonismo como el desarrollado, en tan breve lapso, por Ciurca.

El lasherino, por el momento, en este tramo de andar por el llano esperando la toma del poder, ha motorizado temas urgentes e importantes de la agenda pública a la par del nuevo gobernador. No se lo ha visto, por lo tanto, como un colaborador fiel, como un guardaespaldas a tiempo completo (así era Lafalla con Bordón), como un segundo que debe esperar a que el número uno le abra la puerta para entrar en escena.

Ciurca, en la transición, es tan primer actor como Pérez.


Dos leche hervida
Hasta dónde este moverse “a la par”, acollarados, puede ser bueno o malo para la gobernabilidad futura, es una incógnita que sólo develará el tiempo. Hay que verlos correr por la pista.

Mientras… es una singularidad lo suyo.

Hasta tal punto es una singularidad, que mucho antes de asumir en sus nuevas funciones, Francisco Pérez tuvo que afrontar su primer acto de relevancia en el contexto regional condicionado por los gestos de Ciurca.

Pérez viajó a San Juan para estrechar lazos con el gobernador José Luis Gioja pero, fundamentalmente, para pedirle disculpas por conceptos peyorativos contra la provincia vecina y contra el propio Gioja (se lo tildó de “vendehumo”), vertidos en una ya famoso desayuno con periodistas.

Ciurca, en ese momento de jolgorio poselectoral, fue el que, de ambos, más se fue de boca. ¿Es por lo tanto culpable de haber embarrado la cancha prematuramente y sin necesidad alguna? ¿Culpable de haber agredido gratuitamente a Gioja y a su pueblo, Fiesta del Sol incluida?
No necesariamente.

Ciurca fue más bocaza, es cierto. Más espontáneo. Más franco. Pero los dos, en el fondo, piensan igual.

Los dos, Pérez y Ciurca, tienen a San Juan entre ojo y ojo. Los dos están hartos de que se compare desfavorablemente a Mendoza respecto de San Juan, en especial entre los periodistas.

Y los dos son leche hervida. Los dos son unos calentones bárbaros. Sólo que Paco, en estos días de campaña, ha aprendido a controlar su ira.

Ciurca no. No todavía. Todavía se comporta como un pícaro muchacho de barrio. Un cachorro.

El affaire sanjuanino le habrá hecho entender, prematuramente por suerte, que en el rol de vice sus palabras cobran una gran trascendencia institucional.


Perfiles complementarios
La descripción que venimos efectuando permite vislumbrar un aspecto positivo del dúo.

Si bien son dos personas impulsivas y apasionadas, como quedó claro –y ellos lo admiten en privado sin sonrojarse–, aparecen dos roles complementarios.

Pérez se viene mostrando como el componente más intelectual de la pareja. Es el que se permite celebrar a Antonio Di Benedetto y aconsejar la lectura de Zama, su obra maestra.

Ciurca le cubre el flanco más popular. Puede soplarle al oído, por ejemplo, quiénes son Los Wachiturros o Ricardo Fort, personajes de los cuales Pérez no tenía registro (llegó a confundir a Fort con el filósofo filokirchnerista Ricardo Forster).

En cuanto a la agenda pública, pasa lo mismo.

Ciurca es el martillo. Sale y golpea duro, preferentemente al mentón. Hace el trabajo sucio. Incendia los pastos.

Pérez, luego, llega en rol de bombero. Es el que pone los paños fríos. El que llama al diálogo, al consenso, se muestra componedor y de mirada larga.

Una buena fórmula, a fin de cuentas. Porque los dos tiran para el mismo lado.


Una transición llamativa
Otro aspecto casi inédito de la pareja Pérez-Ciurca es la intensidad con que se han zambullido en la transición de un gobierno a otro.

Tan intensa, tan “intrusiva”, ha sido su actitud, que Pérez se atrevió, cuando no era nada más que un candidato, a irrumpir en la Legislatura para dejar en la banquina el caso minero de la empresa San Jorge.

Fue una hábil maniobra, porque le quitó a su contrincante Roberto Iglesias un caballito de batalla electoral. Pero produjo un escozor apenas disimulado en el Gobierno.

Y en estas últimas horas, ya bendecida por las urnas, la dupla Pérez-Ciurca siguió metiendo el cuchillo hasta el fondo.

Pérez, por ejemplo, hizo un diagnóstico poco feliz de la política de salud, lo que obligó al ministro Juan Carlos Behler a salir al ruedo para defender su gestión.

En paralelo, Ciurca acometió de sorpresa anunciando que Mendoza va a adherir a la Ley Nacional de Discapacidad, con lo cual dejó en posición incómoda al titular de la OSEP, Marcelo Costa, quien estaba tratando de morigerar el impacto presupuestario de la medida.

Habida cuenta, pues, de que Pérez y Ciurca están, ya, cogobernando, puesto que los legisladores les responden, ¿qué transición se espera?
Hay dos modelos peronistas mendocinos a la vista. Uno es el “modelo gabriellista”. El Rolo fue consecuente y leal con su antecesor, José Bordón. El otro es el “modelo lafallista”. El Arturo, por el contrario, fue implacable con la gestión del Rolo, a la que demolió con ánimo casi opositor, al punto que varios funcionarios de las administraciones anteriores terminaron entre rejas por el manejo de los bancos estatales.

¿Será Pérez un gabriellista o un lafallista al recibir la posta?
La tranquilidad con que Celso Jaque lo está dejando hacer indica que no hay ningún tipo de temor revanchista en el Gobierno.

El gobernador no ha dado ninguna orden a su ministros para trabar ninguna iniciativa de Pérez. Lo está dejando hacer. Lo está convalidando.

¿Con la cabeza puesta en dónde? Nunca se sabe. Aún hoy, sobre el final del mandato, sus colaboradores más cercanos no terminan de descifrarlo.

Una versión periodística lo ponía a Jaque compitiendo con el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, por la embajada argentina en Chile.

“Tomada nos ha dicho que no tiene ningún interés en ese cargo. Y Celso no ha hecho tampoco ninguna gestión al respecto”, contestan desde el círculo íntimo del gobernador.

Sin embargo, el de la Embajada es otro asunto estratégico. “Gioja va a hacer todo lo posible para que ese puesto no vuelva a Mendoza”, admiten en las cercanías de Jaque.

Otro motivo para que Paco y Carlos vuelvan al ataque; uno, el lasherino, desenvainando la espada cual mosquetero; el otro, como el fino ajedrecista que viene queriendo ser.

Y esta vez, sí, por cuestiones de valía.
 

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