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Domingo 27 de Noviembre de 2011

Paco y Los Transformadores

El nuevo gobernador, inspirado por los festejos del vino, moldea el carácter de sus sueños: un gabinete hiperactivo y un salto de calidad para la Vendimia.

Andrés Gabrielli

El jueves, la industria madre de Mendoza tuvo su fiesta magna. Se celebró, ese día, el primer aniversario de la declaración del vino como bebida nacional.

En el ambiente medio retro, medio futurista, de Tecnópolis, el nuevo gobernador, Francisco Pérez, pudo testear, a nivel de piel y en un palco privileg iado, cómo se han distribuido hasta acá los roles en el amplio teatro de la política regional. Y habrá podido darse una idea cabal de cómo moverse, de ahora en adelante, para que la provincia recupere el sitial que la historia y su envergadura le exigen.

La excusa de la colorida ceremonia fue la presentación del spot El vino nos une, motivo central de la campaña que el Fondo Vitivinícola ha lanzado, hasta fin de año, en el ámbito nacional.

Allí quedaron en claro algunas cosas. Empezando por el faltazo de la Presidenta, que era el principal motivo de atracción y que eligió privilegiar otras obligaciones de agenda. Su lugar lo ocupó el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, una figura prestigiada en el sector, pero en retirada.

No va a ser fácil la relación con el Gobierno de la Nación. Y no por cuestiones de simpatía, sino porque se avecinan tiempos duros. Va a haber menos pavoneo, menos manteca para tirar al techo y mucho más sintonía fina para distribuir recursos.

En otras palabras, Pérez no tendrá el mismo viento de cola, a un ritmo “chino” de crecimiento, que disfrutaron sus antecesores Julio Cobos y Celso Jaque. Le espera un país bajo mayor tensión. Una realidad más real, menos subsidiada.

Pérez, por imposición de las circunstancias, necesariamente tendrá que ser un mejor gobernador que Cobos y Jaque.


Gioja, estrella cuyana
El escenario de Tecnópolis estaba preparado a lo grande. Para el lucimiento de las figuras que dan la talla del momento.

Antes de que cantaran Baglietto, Lizarazu, Lerner y el Chaqueño Palavecino, hablaron los gobernadores de las dos principales provincias productoras.

El mendocino Jaque lanzó su breve parrafada como para cumplir. No estaba en vena. No había fuego en su interior. Era un hombre en ceremonia de despedida.

Luego subió el sanjuanino José Luis Gioja y se comió la cancha. Tenía hinchada propia, pancartas de apoyo al fondo de la platea, ovaciones para rubricar su arenga pícara y movilizadora.

“El vino a las mujeres las pone más lindas”, lanzó Gioja, para proponer a continuación tres brindis: por el vino como bebida nacional, por Cristina y por el cumpleaños, ese 24 de noviembre, del ministro Domínguez.

Gioja fue, pues, el funcionario más acorde con la fiesta que se estaba llevando a cabo.

Y los sanjuaninos, como barra, fueron los que más se movilizaron para ponerle su sello a un acto de alcance nacional.

Paco Pérez habrá entendido, entonces, por qué se le reclama recuperar el terreno y el protagonismo perdidos.


Paco, a mil por hora
Desde que fue elegido gobernador en octubre, y tras unas breves vacaciones familiares para recomponerse en cuerpo y espíritu, Pérez no ha detenido la máquina un minuto, consciente de los desafíos que lo aguardan.

Ayer se encontraba en medio de una nutrida reunión de colaboradores para darle los toques finales al gabinete, tratando de surfear la histeria periodística por conocer los nombres.

Es lo único que parece despeinarlo por el momento. En cuanto al resto, sólo expresa agradecimientos. Siente el apoyo del justicialismo en general y de los intendentes en particular. “Nadie me ha condicionado, me están dejando hacer”, señala. “Hay uno que otro pedido, pero es algo lógico. Pero todo dentro límites muy tranquilos y tolerables”.

Tampoco considera que desde la Nación le estén imponiendo nombres y tendencias.

Al contrario, el ministro Julio De Vido y el secretario legal y técnico, Carlos Zanini, lo han llamado para brindarle sustento logístico.


¡Aguante Amor Ameal!
Otro que levantó el teléfono en estas horas fue el secretario de Comunicación Pública, Juan Manuel Abal Medina. Le hizo un pedido puntual a Paco Pérez: que le brindara una atención muy distinguida al presidente de Boca, Jorge Amor Ameal, en su paso por Mendoza.

Es sabido que el gobierno kirchnerista tiene especial interés en que Ameal retenga la conducción del club de la Ribera, derrotando en las próximas elecciones al candidato macrista Daniel Angelici.

Pérez, ni lerdo ni perezoso, previó una visita, hoy en la mañana, al hospital Notti con Ameal y Juan Román Riquelme.

Porque así están las cosas. Ameal cuenta con la simpatía de Riquelme. Angelici tiene en sus filas al Titán Palermo.

En esa interna de Boca, Paco ya se puso la camiseta y votó.


Vendimia: un salto de calidad
El flujo que le viene llegando a buen ritmo, por ahora, desde Buenos Aires, tiene carácter práctico para Pérez.

Una de las colaboraciones que más lo han entusiasmado es la del secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, quien lo puso en contacto con Javier Grossman y Diqui James, de Fuerza Bruta, muy exitosos como organizadores de los festejos del Bicentenario y como participantes, también, en el armado de Tecnópolis.

¿Qué pretende sacar Paco de esa relación? Una renovación importante de la Fiesta Nacional de la Vendimia, un salto de calidad. Algo que le vaya dando un estatus acorde con las exigencias internacionales en materia de puestas en escena, al mismo tiempo que se vuelva más cercana a la gente. El remozamiento debería alcanzar, también, al Carrusel y la Vía Blanca.

“Me gustaría una Vendimia más popular, pero también más estética, más bella. Con grandes nombres artísticos de afuera junto a los mejores de los nuestros. Y a su vez que se rompa la barrera que hay, por ejemplo, entre los funcionarios y el público”, explica Pérez.

Una Vendimia amplia, es la idea. Que pueda integrarse en un arco amplio a otros simbolismos nacionales, como el Bicentenario, la Bandera, el memorial sanmartiniano...

La pasión de Paco por estos asuntos es la que contagian los amaneceres.


Un gabinete transformador

Mientras van germinando, en este mismo instante, los nombres de los ministros inaugurales, cabe preguntarle al gobernador entrante: ¿cuál es el carácter que usted quiere imprimirle a su gabinete? ¿Cómo lo piensa?
Dice: “Quiero un gabinete hiperactivo, muy federal, articulador; articulador de las distintas áreas, y entre la Nación y los municipios”.

Busca hacedores con espíritu de transformación.

Esta última es, hoy, su palabra mágica.

“Todos tienen que ir hacia la transformación”, dice.

Esperamos, entonces, la entrada en escena del flamante elenco de Los Transformadores.
 

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