San Rafael
Domingo 05 de Abril de 2015

Pascua y los caminos de la muerte y de la paz

Monseñor Eduardo María Taussig escribe para UNO San Rafael y recuerda los males que acechan al hombre. El Obispo también recuerda que hay otra vida posible, de paz y felicidad.

Por Monseñor Eduardo María Taussig
Obispo del sur mendocino

¡Felices Pascuas! Con este saludo en estos días los cristianos nos deseamos lo mejor: un paso de la muerte a la vida plena.
Lo hacemos alentados y confiados en Jesús, que verdaderamente resucitó. ¿De qué muerte hablamos? ¿De cuál vida?
Hay muchas muertes que acechan, la de la inseguridad o del robo en cualquier momento y en cualquier casa vecina (o  la propia), la que amenaza en las canchas por las barras bravas violentas o en los barrios periféricos (y no tan periféricos). 
También por el tráfico de drogas o por las mafias que la manejan, la de la ludopatía generada por la promoción inescrupulosa del juego y la del blanqueo del dinero sucio; la de la mentira entre los amigos o la mentira social, como los datos estadísticos truchos o las promesas de campaña imposibles de cumplir. También la de la corrupción de “los de arriba” generalizada y la del anhelo de “los de abajo” de poder tener una oportunidad igual para “aprovecharla”.
La percepción de que la justicia es imposible –para las víctimas de la AMIA o para Nisman o para cualquier ciudadano víctima de una injusticia menor– o que nunca llegará en tiempos y formas adecuadas, ni al “ladrón de gallinas” ni al que “nunca va en cana”.
No hay que olvidarse del individualismo que descarta al hermano con total insensibilidad o la del capital financiero que estrangula inescrupulosamente y desecha multitudes sin medida ni reparos.
No se puede dejar de lado el fanatismo religioso islámico o la de cualquier otro fundamentalismo que aterroriza y asesina en nombre de Dios.
Pero también hay una vida plena posible. Es la vida del respeto y el cuidado recíproco, la de la diversión sana y el espectáculo genuino, la del trabajo honesto y dignificante, la de la veracidad y la honestidad que honran la palabra y las costumbres y permiten la mirada franca a los ojos.
Hay plenitud cuando se lucha por la justicia y se compromete con la paz, que brinda ejemplaridad y construye solidaridad, la que sirve al bien común y se conmueve con el que está solo, enfermo, agredido o sufriendo cualquier mal en el alma o en el cuerpo.
Hay una vida plena como la que irradia virtud, ejemplo y auténtica felicidad.
El saludo cristiano es augurio y es súplica confiada. Sabe que Jesús ya venció a la muerte, al demonio y a todo mal.  Sabe que Cristo puede vencer en cada uno de nosotros, en cada sociedad, también en Argentina, en Mendoza, en el departamento y en nuestro barrio… y se confía a su luz y a su vigor maravilloso.  Por eso, mi saludo y mi oración es ¡Feliz Pascua para todos!

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