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Martes 06 de Septiembre de 2011

Pidieron una muerte digna para un joven neuquino que lleva 17 años postrado

Desde 1994, Marcelo Andrés Diez, quien tenía entonces 30 años, permanece en estado vegetativo persistente por un accidente que le produjo daño cerebral irreversible. Una magistrada neuquina rechazó el pedido de la familia.

Marcelo Andrés Diez se halla en el hospital Neuquén y sólo realiza movimientos involuntarios y parpadeos. Sus hermanas piden que no le realicen tratamientos y le retiren la alimentación. Los especialistas dicen que no tiene chances de despertar, pero una magistrada neuquina rechazó el pedido.

El domingo 23 de octubre de 1994 iba en moto a un asado en la chacra de sus abuelos en las afueras de la ciudad de Neuquén. Pero chocó contra un Renault 9 en la ruta 22. Iban en la misma dirección cuando el auto giró a la izquierda. Marcelo pegó contra la puerta y voló varios metros hasta pegar contra el piso.

Lo internaron en el hospital de Neuquén con politraumatismos, pero una infección intrahospitalaria le afectó el cerebro y lo sumergió en el estado vegetativo del que nunca salió.

"Lo operaron en Buenos Aires pero ya era tarde para todo", dice Andrea, una de las hermanas de Marcelo. Ella tiene 45 y es contadora, como lo era su hermano. En octubre de ese año fue internado en la Fundación Favaloro de Buenos Aires, luego fue a la Clínica Bazterrica y luego a la Asociación para la Lucha contra la Parálisis infantil (Alpi). Sus decidieron instalar en la chacra una especie de clínica para atenderlo.

Hace 17 años, Marcelo era el director de una de las concesionarias más importantes de la región. Además, le entusiamaba escalar, practicar trekking, squash y montañismo.

"Era nuestro ídolo, el hermano mayor que todo lo podía, el que siempre nos escuchaba. Mis papás se fueron con él. Nada fue igual ni para ellos ni para nosotras. Durante dos años, cada vez que yo me despertaba, me preguntaba si era verdad o si había sido una pesadilla lo que le había pasado. Le hablábamos, le leíamos, le contábamos cosas. Un día, dos años después del accidente, me despedí, le dije que no podía seguir", admite su hermana Adriana Diez.

Su mamá, que durante nueve años llenó la casa de enfermeros, kinesiólogos, oftalmólogos y terapeutas, falleció en 2003. Dicen que murió temiendo no poder pagar la atención de Marcelo.

El padre falleció en 2009. Adriana y Andrea hablaron y pensaron que "Marce no querría estar vivo en estas condiciones, hubiera elegido la muerte. Vivir así no es vida. No siente, no ve, no camina, no comen, no habla. Sólo respira en una cama. Queremos dejarlo ir. Su daño cerebral es tan grande que es imposible pensar que alguna vez se va a recuperar o va a existir cura para él".

Una causa por abandono de persona

Andrea y Adriana Diez pidieron que su hermano Marcelo no sea sometido a sesiones de kinesiología, que le retiren la alimentación nasogástrica, que no lo entuben en caso de falta de oxígeno y que no le den antibióticos para atender sus recurrentes infecciones, casi siempre neumonías.

Hubo una presentación judicial en contra, por abandono de persona. Y una judicialización del caso, con tres dictámenes que acuerdan y aceptan el pedido de las hermanas, quienes chocaron con un fallo de la jueza de Familia Niñez y Adolescencia (Marcelo fue declarado incapaz) Beatriz Giménez que rechaza el planteo.

“Tras descubrir por la publicación del caso de Eluana Englaro cómo es la situación legal en el país, también me enteré que después de un año en estado vegetativo no hay casos de alguien que se haya recuperado. Fue lo que más me impactó”, resaltó Adriana.

Fuente: La Capital de Rosario
 

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