En debate esp
Domingo 27 de Noviembre de 2011

¿Quién toca al conchabo estatal?

Cada cuatro años, cuando llega el fin de un mandato de gobierno, ejércitos de amigos y militantes pugnan para quedarse bajo el calor del empleo público.

Manuel de Paz
mdepaz@diariouno.net.ar

Por estos días hay una fiebre contagiosa en casi todos los ámbitos del Gobierno provincial, de los municipios, de los entes descentralizados y de la mar en coche estatal.

Esas altas temperaturas las produce el desbordado frenesí por dejar a buen resguardo a esos ejércitos de contratados que entraron por la ventana con la palanca de políticos en la última ola de recambio politiqueril.


Pasen, pasen
De la misma forma, otros ejércitos irregulares ya habían ingresado antes –en todas las administraciones habidas y por haber– a ese tibio resguardo que les provee el Estado bobo pero pagador.

En esto de conchabarse de arriba en el Estado no hay ideología que valga. La practican politicastros de derecha a izquierda. Y sin vergüenza.


Sin castigo
Al no haber una contundente condena social sobre estos menesteres cuasi delictuales, sigue el carnaval del empleo-chanta, del empleo al cuete, del gasto irracional en agentes que no se necesitan.

La plata para bancar este delirio no sale del bolsillo de los políticos dadivosos, sino de las billeteras de todos los contribuyentes. Pero sin embargo a nadie parece molestarle en serio este asunto.

Nadie corta una calle pidiendo que se respete la plata que aportamos entre todos para sostener la educación, la seguridad o la justicia.


Están “tranquis”
Los políticos –zorros viejos– saben esto. Son conocedores de que a los ciudadanos no se les revuelven las tripas si ellos conchaban a destajo a “los suyos”.

No hay reacción civil por el mal gasto de los gobernantes como sí suele haberla –para decirlo con una exageración– a favor de un pajarito “equis” en peligro de extinción.


Arrullados
Lo concreto es que todos esos empleados contratados por políticos, que el 10 de diciembre deberían estar obligados a irse con el funcionario que deja (o cambia) el cargo, deciden, con el aval fresco de sus jefes, que no hay nada como las mieles del trabajo estatal.

Y claro: se trata de una papita a la que entraron sin rendir ningún examen o concurso y en cuyo regazo protector se acostumbraron a horarios laxos, a cobrar el último día hábil del mes, a no tener jefes rigurosos, a que se les permita “militar” en horario de trabajo formal, a tener todos los sábados y domingos libres.

¿Cómo no van a buscar entonces el milagro de quedar conchabados de por vida en el Estado, así sea que ya no esté su padrino?

Punterismo
Con ello, lamentablemente, siguen generando un bruto gasto a los contribuyentes (los mandantes del sistema democrático) sin que en realidad haya ninguna necesidad de cubrir esos cargos a cuenta del Estado.

En el Estado, insistimos, se necesitan docentes, enfermeros, policías e investigadores, pero no militantes de tal o cual puntero ni aplaudidores profesionales.


De amplio espectro
El derroche de fondos en el empleo-chanta es una de las grandes vergüenzas del sistema político vigente.

Y es una realidad que sostienen reaccionarios y progresistas. Y que usufructúan agentes reaccionarios y progresistas.

Todo ese sistema se basa en un pacto mafioso en el que nadie denuncia estas tropelías porque casi todos las practican.


Corruptus
El conchabo estatal es una de las tantas formas de la profunda corrupción argentina, secretamente admirada por tantos connacionales.

Si tuviéramos una Fiscalía de Estado atenta y valiente, u organizaciones civiles ocupadas a fondo de la cosa pública, o incluso funcionarios judiciales que actuaran de oficio en resguardo de los bienes estatales, por lo menos los funcionarios se cuidarían un poco más.


El 80%
Hace unos días una persona de mi familia me relató, alarmada, la siguiente anécdota.

Ocurrió en una reunión social con gente joven de entre 20 y 30 años, en la que alguien contó una historia real acerca de empleados estatales que cobraban sueldos sin ir a trabajar, avalados, claro, por padrinos políticos.

Demudado, este familiar me añadió que el 80% de los participantes del encuentro habían admitido, sin pudor, que si ellos se encontrasen ante tal posibilidad (la de cobrar sin trabajar) lo aceptarían sin dudar. No lo decían en chiste.


Mostrá las capas
Con las camadas que se están formando por estos días estamos logrando engrosar con creces las llamadas “capas geológicas” del Estado.

Puesta una lupa en esos cortes, cualquier investigador vivaracho podría determinar cuáles son las capas de empleados que dejaron los militares, las que pertenecen a los peronistas de derecha, las de los peronistas de izquierda, las que corresponden a los radicales o a los demócratas o a los tránsfugas que cambiaron de partido.


No, paso
Al no existir –salvo para docentes, judiciales y médicos– exámenes de ingreso al Estado u otras exigencias para revalidar méritos, todas esas capas geológicas de empleados, excluyendo esporádicos ejemplos particulares, no se sienten obligados a superarse ni a estudiar.


De mi confianza
Está comprobado que los “militantes”, amigotes, novias/os o amantes furtivos que van llegando (y quedando) con las sucesivas camadas de políticos cada cuatro años, y cuya existencia se sustenta en que son “personal de confianza”, terminan siendo escasamente productivos para sus jefes políticos.


El ninguneo
Tarde, los funcionarios suelen darse cuenta de que buena parte de “sus tropas leales” suelen traicionarlos o hacerles meter la pata, o que los obligan a tener que andar controlándolos como niños.

Entonces, cuando quieren acudir al personal de planta, a los que ya tienen un bagaje en temas del Estado y que habían sido apartados, maltratados o ninguneados por no ser del palo, ya es demasiado tarde.


Animate
No tengamos miedo de pedirlo cada vez que sea necesario: el personal “del palo” que llega con un político se tiene que ir del Estado el mismo día en que su jefe deja la administración.

Al empleado que entra al Estado sin concurso –esto es, el que aterriza con un padrino– habría que hacerle firmar una especie de “pagaré” el mismo día en que es contratado. Algo hay que hacer para desalentar el empleo estatal inventado.

Quizás alguna vez alguien se anime a parar parte de estos despropósitos. Con una ley o con un pacto entre partidos.
El (mal) uso del empleo estatal también habría que incluirlo en una de esas cacareadas reformas políticas que cada tanto nos prometemos que vamos a hacer.

 

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