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Lunes 31 de Octubre de 2011

Relato de sus últimas horas

La hermana biológica de Steve Jobs, Mona Simpson, es novelista y recordó al genio de la tecnología mediante un conmovedor texto publicado este domingo en The New York Times.

Novelista y docente, Simpson es hija de Joanne Carole Schieble y de Abdulfattah "John" Jandali, al igual que Steve Jobs. Dos años mayor que ella, Jobs fue dado en adopción al nacer y adoptado por Paul y Clara Jobs.

En el texto, Mona cuenta cómo fue el día en que conoció a su hermano, que a los 23 años se puso a buscar a su familia biológica y se encontró con su hermana por primera vez a los 30.

Mona describe a Jobs como un hombre que amaba lo que hacía y trabajaba arduamente todos los días. Agrega que nunca estaba avergonzado cuando se ponía a trabajar en algo, incluso si el producto final era un fracaso.

Además, comenta que era increíblemente fiel y que era un amante de la belleza. "Steve hablaba todo el tiempo sobre el amor", dice. "Era como una chica; se preocupaba por la vida amorosa de todos los que trabajaban con él".

Y recuerda: "Aunque fuera un millonario, Steve siempre iba a buscarme al aeropuerto". Declara que se divertía muchísimo con sus cuatro hijos y con su esposa, y que era una persona realmente feliz.

Respecto de sus últimos meses de vida, Mona recuerda que fue perdiendo el interés en algunas cosas cotidianas. Sin embargo, destaca cómo luchó contra su enfermedad.

"Recuerdo cuando mi hermano empezó a caminar otra vez, con ayuda de una silla, luego del trasplante de hígado. Contaba sus pasos y cada día avanzaba un poco más", declara Simpson.

Y agrega: "Cuando estaba entubado en el hospital, incapaz de hablar, se comunicaba con su esposa mediante su iPad y expresaba cuánto la quería".

"Todos morimos en medio de algo, con cosas pendientes", concluye su hermana. "Steve me llamó un martes a la mañana para despedirse y pedirme que fuera a verlo a Palo Alto. Cuando llegué, estaba bromeando con su esposa; sabíamos que era su manera de despedirse", cuenta.

"Ese día pude sentir su respiración, ver cómo cambiaba su pulso... Seguía trabajando, como hacía todos los días, para avanzar un poco más, resistir un poco más".

Y agrega: "Esa tarde me dijo que lamentaba mucho no poder envejecer conmigo y que se iba a un lugar mejor". Agonizó toda la noche.

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