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Jueves 11 de Febrero de 2016

San Lorenzo, un justo súper campeón

Apabulló a Boca por 4 a 0 y se alzó con el título, además de lograr la clasificación a la Sudamericana. ¿Sigue Arruabarrena?

En un duelo de necesitados, San Lorenzo encontró algo de respiro. Y lo hizo logrando nada menos que un título. La contracara fue el Boca de Rodolfo Arruabarrena, que sigue sin levantar cabeza. Y por esa razón los rumores sobre un cambio de entrenador se hicieron cada vez más fuertes, más allá de que el presidente Daniel Angelici dijo ayer que la continuidad del proyecto no corría riesgos. Lo concreto es que el Ciclón se impuso por 4 a 0 al Xeneize y se quedó con la Supercopa Argentina (además clasificó a la Sudamericana), en el mismo estadio donde Boca había logrado su último título (Copa Argentina, ante Central).
Después de un verano complicado para ambos y de un arranque de torneo apenas discreto (Boca igualó sin goles ante Temperley y San Lorenzo 2 a 2 contra Patronato), anoche en el Kempes el equipo de Pablo Guede dio un paso para fortalecer el proceso del que hasta ayer no muchos estaban convencidos.
La formación que Boca puso en cancha, con una línea de tres que muchas veces se hizo de cinco, fue todo un indicio por parte del Vasco Arruabarrena en esto de encontrar algo de solidez. Pero nada de eso ocurrió. Es que las ganas y las intenciones del Ciclón pudieron más.
En medio de un partido parejo, con varias llegadas, Fernando Belluschi encontró el camino a la victoria. Cuando el primer tiempo se moría el ex Newell’s le puso el moño a una buena jugada colectiva con un tremendo zurdazo desde el borde del área, sin que Orion pudiera evitarlo.
Fue un mazazo para Boca. Porque si hasta ahí el Xeneize estaba perdido, después de eso quedó más desorientado todavía. Y el Ciclón se las hizo pagar.
El Pitu Barrientos apareció en soledad en las barbas de Orion a los 28’ del complemento para bajarle la persiana al partido. Pero hubo más. Porque a ocho del final otra vez el volante apareció en todo su esplendor. Esta vez con un tiro libre formidable.
De ahí en más sólo hubo tiempo para el “ole” que bajaba de las tribunas. Y para el cuarto, obra de Blandi. Un resultado implacable.

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