Verónica González
Lunes 03 de Julio de 2017

Cómo fue el crimen: Verónica asfixió a su hijo con una almohada e intentó suicidarse tres veces

La mujer quiso matarse de tres formas diferentes y luego pasó toda la noche y la mañana con el pequeño sin vida hasta que llegó la Policía.

El homicidio, según las pericias forenses y el relato que le hizo Verónica González a los primeros policías que llegaron al lugar del hecho, ocurrió durante la madrugada del 18 de octubre en Los Franceses 1659. Cerca de las 2, la mujer tomó una almohada y ejerció presión sobre la cabeza de Bautista, que murió por asfixia.

Antes de hacerlo habría tomado una gran cantidad de pastillas y después de concretar el hecho se habría recostado sobre su hijo, al que aparentemente le provocó algunos moretones por la presión que ejerció con su cuerpo sobre el del pequeño.

Luego, fuera de sí intentó quitarse la vida. Primero se quiso ahorcar con una soga al cuello pero en el intento falló porque el clavo que colocó sobre una de las puertas cedió por el peso del cuerpo. Después fue hasta la cocina, desarmó una "Gillete" y con las hojas se lesionó en ambos brazos pero no fue suficiente.

Su último intento lo hizo con una bolsa que se colocó en la cabeza, pero como en las otras dos oportunidades no tuvo voluntad suficiente para quitarse la vida.

Después de los tres intentos, limpió sus brazos en una bañadera llena de agua que colocó al costado de la cama donde estaba el cuerpo sin vida de su hijo.

Pasó la noche al lado del chico y por la mañana se comunicó vía Whatsapp con su ex pareja que estaba en Buenos Aires. El hombre, que no es el padre de sus dos hijos, pensó que Verónica estaba fabulando cuando le contó que se quería matar y que además Bautista ya estaba muerto.

El ex novio con el que convivió en la casa de la calle Los Franceses le pidió que llamara urgente al psiquiatra que la estaba atendiendo y la mujer le contestó que lo iba a hacer, pero que "por favor no llamara a la Policía porque no quería ir presa y se había mandado una cagada".

Después de hablar con el psiquiatra, fue el médico el que informó el hecho, pasadas las 13, al 911. Al arribo de los policías todos creyeron que se trataba de la llamada de un posible suicida, ya que el psiquiatra (Verónica no se lo dijo) nunca les indicó que había un chico muerto en la vivienda.

La mujer recibió a los policías envuelta en una frazada con una soga en el cuello y luego les mostró las heridas en los brazos.

Cuando le preguntaron dónde estaba el pequeño, Verónica los llevó hasta el dormitorio y allí los policías levantaron la frazada que cubría el cuerpo sin vida de Bautista.

En el lugar, mientras los policías recorrían la terrible escena, hubo dos contactos más por celular de Verónica hacia una amiga a la que le pidió que no le dijera nada a su otra hija.

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