San Rafael
Domingo 19 de Marzo de 2017

Sanrafaelinos en primera expedición del país al Polo Sur

Pioneros. Los sargentos Orlando Hugo Britos y Ricardo Bautista Ceppi participaron en la dura travesía por la Antártida

En 1965 por primera vez una expedición argentina llegó al Polo Sur. Tras una azarosa marcha de 2.980 kilómetros y a lo largo de 66 días de trabajos y penurias, la patrulla arribó de regreso a la base Belgrano el último día de ese año.

El jefe de la expedición era el entonces coronel Jorge Edgard Leal, quien tenía como uno de sus objetivos ascender el pico Santa Fe. Cuando llegaron a la cima se encontraron con que al lado de este pico y tapado por él había otro desconocido, que nunca había sido visto. Ascendieron al otro, al que había que ponerle nombre.

En la expedición iban dos sanrafaelinos y le pidieron al coronel si lo podían bautizar San Rafael. A Leal le pareció bien y así lo bautizaron. Antes de bajar recogieron dos piedras, una fue llevada al Instituto Antártico y la otra fue donada a San Rafael.

Los expedicionarios oriundos del departamento que participaban de esta aventura fueron los sargentos Orlando Hugo Britos y Ricardo Bautista Ceppi. Tras regresar vinieron a San Rafael y trajeran la roca para dejarla en su pueblo natal. La entregaron al intendente Jorge Calzada y al presidente del Club Andino Pehuenche, Humberto Ponce.

Aquella expedición constituyó, tal como lo afirmó su jefe, el coronel Leal, "la marcha hacia el sur de la República resuelta a ocupar, dominar y administrar hasta los últimos reductos de su territorio".

"Una tierra en donde se enseñorea una naturaleza hostil –la más fría y tempestuosa del planeta- reacia a los hombres, perros y máquinas y donde las tormentas polares y las interferencias magnéticas anulan las comunicaciones y afectan los instrumentos volviéndolos inexactos e influyendo, por lo tanto, en la inteligente confianza que el hombre debe depositar en los mismos. Un lugar donde los lubricantes se convierten en sebo y los metales se cristalizan, donde las mejores aleaciones se quiebran al desintegrarse la materia", así resume Leal en su relato.

La base General Belgrano que el Ejército ocupaba en la barrera de Filchner, fue el centro de operaciones de esta patrulla. Debieron elegirse el vestuario, los equipos y los vehículos, seis tractores Snocats, capaces de transportar al personal, sus equipos y las provisiones.

El capitán Giró y sus hombres partieron para ir jalonando la ruta y montar una construcción que fue provista con 50 toneladas de materiales, que sirviera de refuerzo en especial para el regreso. Fue así que antes de comenzar la larga noche polar quedó instalado el refugio que hoy se conoce como base de avanzada científica Alférez de Navío Sobral.

La marcha

La columna de vehículos partió hacia el Polo a las 10 de la mañana del 26 de octubre de 1965. El primero y muchos otros días de marcha estuvieron nublados, con blanqueos, cuando no se podía ver y había que avanzar con lentitud para evitar los sastrugis, que son los surcos que deja el viento, que son muy altos. Posteriormente entraron en la zona de la Gran Grieta, donde los peligros se magnificaron. Las venticas, algunas muy fuertes, anulaban la visibilidad.

Llegaron a la zona del Pico Santa Fe, lo ascendieron y también subieron al San Rafael. A los pocos días estaban en la base Sobral, con una temperatura de 33 grados bajo cero pero con el sol brillando alto sobre el horizonte Sur, allí se detuvieron para efectuar el mantenimiento necesario para toda la columna.

Por una herida en la mano que se había hecho el sargento Bulacio, debieron cambiarlo por el sargento Pérez, ya que la herida podía infectarse y luego no tendría salvación.

Al continuar el viaje la ruta volvió a ser pesada y peligrosa. El frío acentuado, llegó a 40º bajo cero, las grietas estaban cubiertas a veces con débiles puentes de nieve que las ocultaban, por lo que estuvieron a punto de "engullirse" a las máquinas, pero por suerte sólo perdieron algún trineo con provisiones.

Sobre la meseta polar los asaltaron tormentas tan terribles que debían detenerse porque no les permitía seguir, consumiendo víveres y comestibles que no les sobraban. Al seguir la marcha se rompieron tres trineos, debieron detener la marcha y hacer un campamento provisorio. Estaban tan desanimados que le pusieron por nombre Desolación.

Después de dos días de arreglo siguieron más animados por la cercanía al Polo, apenas a 200 kilómetros de distancia, pero los peligros seguían, los sastrugis fueron cada vez mayores, tan altos como los tractores. En ese mar ondulado de hielo se prosiguió la marcha agotadora hasta los 88 grados de latitud.

El 9 de diciembre, anduvieron 28 horas, estaban ya muy cerca de la base Amundsen-Scott instalada allí por Estados Unidos. Ordenaron las cargas y vehículos y se aprestaron para cubrir el último y breve tramo de la marcha. Al día siguiente, 10 de diciembre, fecha inolvidable para los argentinos, el coronel Leal descendió de su castigado tractor, el "Salta", y plantó la bandera de la Patria en la nieve endurecida y solitaria del vértice sur de la Argentina.

El 15 de diciembre, ya cercana la hora del regreso, se izó en el Polo Sur la bandera donada por la Asociación Antártica Argentina, que quedó allí como un testimonio del operativo realizado, bajo la atenta mirada de los 10 héroes que no vacilaron ni un instante en cumplir con su misión.

Retomaron el duro viaje de regreso y arribaron a base Belgrano el 31 de diciembre de 1965.

María Elena Izuel
Especial para UNO SR
marializuel@speedy.com.ar

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