Tragedia de la Cuesta
Lunes 17 de Julio de 2017

Un talabartero hizo un cinto ortopédico para el profesor del vuelco trágico

La pieza logró inmovilizar la cadera del coreógrafo que casi pierde la vida durante el fatal vuelco del colectivo. El talabartero fue al hospital, tomó las medidas y fabricó un cinturón que ayudó al bailarín para su traslado

La tragedia de la Cuesta de los Terneros sacudió emocionalmente a los sanrafaelinos que demostraron su solidaridad desde el primer minuto que ocurrió el tremendo accidente que le costó la vida a 15 personas y dejó 21 heridos y lesionados.
A partir de ese instante se multiplicaron los gestos solidarios pero uno en particular fue muy agradecido por Pablo Giménez, hermano de Claudio, el coreógrafo que organizó el viaje de la escuela de baile Soul Dance a San Rafael.
Es que Claudio, además de sufrir un neumotórax y la rotura de tres costillas, se fracturó la pelvis y la cadera. Primero hubo que estabilizarlo para salvarle la vida y esperar su traslado a Buenos Aires para operarlo.
La zona de la fractura había que inmovilizarla y ortopédicamente no existe ningún elemento que pudiera hacerlo. "El dolor y la imposibilidad de moverse era desesperante", dijo Pablo.
En ese contexto, la única solución posible era la fabricación artesanal de algún elemento que pudiera estabilizarlo. "Me recomendaron que lo fuera a ver a Jorge Andreola, un talabartero que tiene su negocio en la calle Coronel Suarez 236", recordó el hermano de Claudio.
Y Jorge no lo dudó, apenas le dijeron que Claudio necesitaba ayuda, tomó el centímetro, lápiz y papel y se fue hasta el Schestakow.
"Tomé las medidas y fabriqué un cinturón de cuero de 30 centímetros de ancho con tres hebillas para sujetarlo", dijo Andreola, un artesano que diseña y construye monturas hace 35 años.
El talabartero consiguió el gran objetivo que tenían los médicos para inmovilizarle la cadera a Claudio y mejorarle la calidad de vida hasta la operación que se vaya a concretar en un hospital del municipio de Malvinas Argentinas.
"Primero medí la circunferencia de la cintura, luego volví al taller me puse a cortar cuero para armar el cinturón y cerca de las 19 (del mismo día) lo terminé. El hermano de Pablo lo vino a buscar y se lo colocaron en el hospital", dijo Jorge y agregó que "apenas supe que yo podía ayudarlo no lo dudé un instante porque las ortopedias no tenían ningún elemento que pudiera solucionar el problema".
Por suerte, admitió el artesano, "la cincha funcionó y me puse muy contento porque esta tragedia nos conmocionó a todos y pude aportar mi granito de arena para ayudarlos". Y recordó que "tenía que construir un cinturón que no le apretara la piel, le permita ir al baño y sujete la cadera, y gracias a Dios lo logré".
Para Jorge la satisfacción fue enorme y dijo que "ojalá Claudio vuelva a San Rafael para saludarlo" y "espero que este chico que vi tirado en la cama salga a flote".
Si bien el coreógrafo no se lo pudo agradecer, su hermano Pablo antes de volver a Buenos Aires en el Hércules dejó saludos para Jorge y en una nota que dio gentilmente a Canal 6 reconoció el gesto del artesano.
"Quiero agradecerle a Jorge lo que hizo por mi hermano. Lo que le pedimos no existe en las ortopedias y sin embargo no lo dudó y se puso a trabajar para construir el cinturón que Claudio necesitaba", destacó.
Su habilidad le salvó la vida a un caballo que iban a sacrificar en el 2002
En 2002, Jorge Andreola fabricó una pata ortopédica para un caballo considerado un semental que probablemente iba a ser sacrificado. Un amigo que compró el ejemplar le pidió si podía hacerlo y el talabartero puso manos a la obra.
"Hice una 'mano' con madera balza, cuero y un acolchado por dentro y se la colocamos al caballo", dijo el artesano. El experimento funcionó y el padrillo en dos meses pudo retomar su actividad.
Lo increíble -recordó el talabartero- fue que "el caballo volvió a caminar y hasta galopó".
Su invento recorrió los medios nacionales y asombró a más de un veterinario. "Es que en estas ocasiones por lo general se sacrifica al animal y yo por suerte le alargué la vida hasta que murió de viejo".
"Ayudar es bueno y si con este particular oficio lo puedo hacer, siempre voy a estar dispuesto a colaborar", dijo con una enorme sonrisa.
Después volvió al taller a seguir con su habitual trabajo que aprendió de su suegro cuando tenía apenas más de 20 años. "Una vez que le tomé el gusto se convirtió en una pasión", recordó.

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