San Rafael
Más de 50 años con el torno
Con 74 años sigue en el trabajo que ha desarrollado por más de 5 décadas. Aconseja que los jóvenes tengan un oficio
-
En su taller. Gregorio Torres acumula experiencia en tornería y metalurgia.
/export/sites/diariosanjuan8/imagenes/2012/06/30/tornero1.jpg_1626332394.jpgFuente:
1 de 2
-
/export/sites/diariosanjuan8/imagenes/2012/06/30/tornero4.jpg_1398818830.jpg
Fuente:
2 de 2
Cada día se sube a su vieja bicicleta y pedaleando tranquilamente se encamina hacia su trabajo, tal como lo ha hecho durante los últimos 56 años de su vida. Gregorio Carlos el Pelado Torres (74) es tornero y metalúrgico.
Llantas, chasis, ejes diferenciales, mangas y trabajos generales realiza gracias a un enorme torno que tiene en el lugar. El galpón está lleno de viejos trabajos que alguien olvidó buscar, de los nuevos que en medio de un festival de chispas son construidos o reparados por operarios y varias máquinas que no paran “salvo en la siesta porque hay que respetar a los vecinos. Hace 35 años que estoy en este lugar y nunca hemos tenido problema”, aseguró Torres, que recibe en su galpón gente de todo San Rafael, San Carlos y General Alvear.
A los 17 años egresó de la Escuela de Capacitación Obrera, que luego fue la ENET, en un viejo edificio ubicado en la esquina de Italia y avenida Mitre. Allí aprendió tornería y metalúrgica. “Es tan importante saber un oficio. Todos los jóvenes deberían tener uno. Ahora no se dan cuenta pero cuando crezcan se darán cuenta cuando vean que pueden mantener una familia gracias a esto. Nunca terminamos de aprender y el saber no ocupa lugar, por eso hice muchos cursos de perfeccionamiento para manejar técnicas nuevas y soldadura industrial, entre otras cosas”, aseguró.
A los 10 años la vida le asestó un duro golpe cuando su padre se fue y como hermano mayor sintió la responsabilidad de ayudar a su madre a mantener la casa. Trabajaba en un aserradero clavando tapitas y “haciendo cosas de chicos. Recuerdo cuando cobré el primer sueldo. Serían cien pesos de ahora. Llevaba puesta una jardinera y me tocaba a cada rato el bolsillo para comprobar que no había perdido el dinero. Estaba tan emocionado por llegar a casa y dárselo a mi madre…”, dijo mientras las lágrimas le bañaban el rostro marcado por el paso del tiempo.
Las anécdotas son muchas. Siempre fue cuidadoso y respetó su trabajo, pese a eso aún no se borra de su mente el día en que le explotó una autógena que lo arrastró por el piso y otro en el que comenzó a reparar un tanque de gasoil y también le reventó, aunque nada le sucedió.
Finalmente, aseguró que “todo lo he logrado en base al sacrificio, junto a mi esposa, Elena. Luego vinieron los hijos, nietos y bisnietos. Sólo Dios me ha regalado algunas cosas, el resto lo hice trabajando y eso se aprende de chico”.




