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Sábado 19 de Diciembre de 2015

Se cumplen 14 años de las tristes jornadas de represión del 2001

Lucas Cesio tiene 12 años. Cuando tenía 5 años, él, su madre y dos hermanos quedaron en al indigencia. Nada le impidió seguir estudiando.

Un nene de 12 años mostró que la pobreza y la adversidad no frenan la voluntad de aprender y superar obstáculos para estudiar y superarse. Lucas Cesio recibió esta semana el diploma que acredita que terminó la escolaridad primaria, lo que no sería nada extraordinario si no fuese porque durante del años del cursado vivió en la calle con su madre de 34 años y dos hermanos, y debía mendigar comida todos los días.

Lucas también mostró que los sacrificios tienen premio, desde que se conoció su historia numerosas personas y hasta una empresa se han ofrecido para ayudar a su familia y para que él pueda seguir estudiando la secundaria "donde quiera".

Cuando Lucas tenía cinco años, él, su mamá Marisa y sus hermanos quedaron en la calle por problemas económicos. La mujer no tenía trabajo, pero se aseguró que ninguno de sus hijos dejara de estudiar.

Durante los primeros años la familia pasaba las noches en la plaza Exodo Jujeño, en el barrio porteño de Villa Urquiza, a pocas cuadras de la escuela Enrique de Vedia, donde estudiaba Lucas, quien todas las mañanas repetía la misma rutina: primero iba hasta una estación de servicio donde le prestaban el baño para que se higienizara, y luego recorría panaderías, heladerías o pizzerías en las que le daban algo para comer.

"Con mi familia no pedíamos plata, lo único que queríamos era lo que les sobrara para poder comer. Si nos querían dar dinero les decíamos que no, que preferíamos una empanada", le dijo Lucas al diario Clarín.

Para hacer la tarea el nene se quedaba sentado en el cantero de un árbol, o bajo el techo de alguna casa los días de lluvia.

Una noche en la que cayó una tormenta muy fuerte en Buenos Aires, un vecino les dio las llaves de su Peugeot 505 para que pudieran dormir. Era incómodo, pero se salvaguardaban de algún ataque.

Lucas contó que una vez fueron a un refugio, pero los trataron mal. "Esa noche la miré a mi mamá y le dije que no quería venir nunca más y que prefería estar en el coche".

A principios de este año Marisa consiguió que le dieran una casilla en Florencio Varela, pero Lucas quiso terminar el colegio con sus mismos compañeros, por lo que tenía que tomarse un tren, dos colectivos y el subte.

Todos los días se levantaba a las 4 de la mañana para poder entrar en horario a la escuela, donde lo recibían con un café con leche y galletitas. "Las quiero mucho a mis maestras porque son como mi mamá, me cuidan y me escuchan. Gracias a ellas yo aprendí todo, aunque ahora en el secundario tengo que mejorar con matemática porque es lo que más me cuesta".

"Me gusta estudiar, lo disfruto y aprendo. Es importante para poder ser alguien en la vida. A los chicos que no estudian les diría que sí lo hagan porque es una de las cosas más importantes que tenemos y con la que podemos cumplir nuestros sueños", dijo el nene.

Tras ser conocida la historia de Lucas, la familia recibió propuestas solidarias, desde personas que quieren aportar dinero para el nene hasta una empresa multinacional que pidió a Clarín el contacto de la madre para poder darle un trabajo en blanco y digno para ella, y una beca para que Lucas continúe sus estudios en el colegio que quiera.

Ayer se conoció que las enfermeras del Hospital Italiano porteño comenzaron a juntar ropa para la Lucas y su familia, y un juez se comprometió a hacerse cargo en parte de los estudios del nene hasta que termine el secundario, entre decenas de ofrecimientos.

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