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Lunes 12 de Diciembre de 2011

¿Ser infiel en los sueños es engañar?

Los sueños son un espacio donde está permitido, entre otras cosas, ser infiel. Todo vale en términos sexuales en este limbo apañado por sábanas suaves y almohadas mullidas. Por eso, la imaginación erótica se echa a anadar sin barreras, ni censuras.

La mayoría de las mujeres ha tenido alguna vez al menos un sueño erótico, y no necesariamente con sus parejas estables. Según el conocido y ya antiguo informe Kinsey, de un estudio realizado en 8 mil mujeres, cerca del 70% había tenido este tipo de sueños en algún momento de su vida. Incluso, un porcentaje de ellas, dijo haber tenido un orgasmo en ese lapso.

Tan minucioso fue este estudio, que se descubrió que los sueños eróticos aumentan en las mujeres cuando se acercan a la menstruación y la ovulación, además de acrecentarse durante el embarazo.

En el libro "Our Dreaming Mind", su autor, Robert Van de Castle, asegura que el 4% de los sueños de las mujeres, en promedio son explícitamente eróticos. Y que el hecho de que no se los recuerde no quiere decir que no hayan existido.


El sitio web Gleeden, especializado en encuentros extraconyugales, publicó un estudio realizado por Tristan Fréderic Moir -psicoanalista, psicoterapeuta y especialista de los sueños-, según el cual las razones para ser infiel en los sueños tienen en la rutina la explicación más habitual.

El cansancio, la monotonía, el trabajo o los niños, impiden a menudo la creación de un clima erótico entre el hombre y la mujer. La sensualidad, entonces, queda sepultada entre pilas de platos por lavar o carpetas del trabajo por revisar.

Ante la frustración, la mente apela a los sueños, un recurso salvador, sobre todo si el rigor moral prohíbe formalmente toda transgresión real.

La imaginación femenina se puede explayar así hasta el infinito. Dicen los especialistas que la mujer no necesita ponerle una cara familiar al hombre de sus fantasías, mientras que el varón prefiere identificar el rostro de su pareja onírica (una vecina, la cajera del supermercado, una compañera de trabajo).
Hay un único límite que reconoce el sueño erótico: el tiempo. A menudo, los sueños se detienen demasiado pronto para nuestro gusto, justo cuando quisiéramos perpetuarlo, y nos dejan con cierta insatisfacción al despertar.

Ahora, si en la cama tenemos alguien dispuesto a concretar nuestras fantasías, todo puede remontarse y no desaparecer con el primer sol de la mañana.

Para terminar, mi único consejo: resistir la tentación de contarle a la pareja quién fue el protagonista de esa noche soñada, sobre todo si tiene nombre y apellido, y más aún si es un conocido suyo…

 

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