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Jueves 10 de Diciembre de 2015

“Si lo hacés, me voy”... Y se fue

Lo hizo el relator Marcelo Araujo. Mientras Luis Medero pasaba rivales, el periodista televisivo dijo la frase y gritó el gol de Boca. Cumplió lo dicho y abandonó la cabina de transmisión. Locura total

Lucio A. Ortiz
ortiz.lucio@diariouno.net.ar

Oscar Washington Tabarez , apodado el Maestro, tenía la misión de encaminar a Boca Juniors hacia el objetivo final de un título local. Debía saciar la sed por la larga sequía de 11 años sin campeonatos de la AFA. Desde el torneo Metropolitano de 1981, con Diego Maradona y Miguel Brindisi como protagonistas, que el Xeneize no podía festejar torneos argentinos.
Para el hincha de Boca no era suficiente la Supercopa de 1989 que le ganó a Independiente en Avellaneda por penales, tampoco la Recopa Sudamericana  1990 contra el campeón de la Libertadores (Nacional de Medellín), ni la Copa Master en 1992, que fue jugada entre 4 campeones de Supercopa  Sudamericana (Racing 1988, Boca ’89, Olimpia de Paraguay ’90 y Cruzeiro ’91) y la obtuvo el Xeneize. Tres títulos internacionales, pero faltaba el local .
Entre en 1982 y el Clausura del ’92 (terminó en junio) los títulos se los habían repartido River Plate (3), Newell’s (3), Estudiantes de La Plata (2), Ferro (2), Independiente (2), Argentinos Juniors (2) y uno para Rosario Central. Demasiados torneos sin Boca campeón, entre cambios de organización que habían dejado atrás a los viejos Nacionales (el último fue de los Bichos Colorados en 1985) y a los Metropolitanos (último en 1984).
Vinieron los torneos largos a dos ruedas hasta que en la temporada 1990-1991 se implementaron los Apertura y Clausura. Newell’s, dirigido por el joven Marcelo Bielsa, logró el primer torneo Apertura en 1990 y Boca obtuvo el segundo, denominado Clausura en 1991.
El Maestro había conformado un equipo que terminó invicto en 19 partidos, ganó 13 y empató 6. Con 32 goles a favor y sólo 6 en contra en donde brillaban Gabriel Batistuta y Diego Latorre. Mendoza estuvo representada por Carlos Moya en la defensa.
Pero se atragantó en la definición final. Fue la única vez que se jugó una serie final entre los ganadores del Apertura y Clausura. Ganaron Newell’s y Boca de locales, pero en la definición por penales al triunfo y al título se los llevó el rojinegro del barrio de La Boca.
Mucho tuvo que ver que esos partidos se jugaron durante el tiempo de disputa de la Copa América en Chile ’91 y Alfio Basile se llevó a Batistuta, Latorre y Giunta que no pudieron estar en las finales. Amargura y frustración para el pueblo xeneize.
Un año después llegó el tiempo de revancha en un torneo local. Había otros jugadores con gran personalidad como el paraguayo Roberto Cabañas y Alberto Márcico. El Colorado Mac Allister, Carlos Tapia, el Betito Carranza, el uruguayo Sergio Manteca Martínez, José Luis Villarreal, el Mono Navarro Montoya eran parte del plantel que estaba dispuesto a cortar la angustia de 11 años. El “huevo, huevo, huevo... Giunta, Giunta. Giunta” era un coro que se repetía fecha tras fecha.
Alejandro Giuntini apoyaba su seguridad en el fondo, con el juego “de salida” que tenía Chiche Soñora y alternaba Juan Simón ante la aparición del joven Luis Medero. Tenía al brasileño Charles, un brasileño, que lo compró Maradona y se lo cedió.
Boca iba encaminado al título pero tropezó al perder el invicto con los Rojos en la 15ª fecha, luego igualaba con Racing Club y volvía a caer, esta vez en la propia Bombonera por 3 a 2 ante Deportivo Español (17ª fecha).
Se habían acercado River y San Lorenzo y por la penúltima fecha Boca visitaba a Platense, ante una multitud en el estadio de Independiente, el 1 de diciembre de 1992. Al minuto hizo un gol Martínez, el segundo fue de Cabañas y Boca ganaba cómodo
hasta que a los 36’ descontó Baena para el Calamar. Inmediatamente llegó el momento mágico de la noche Luis Medero encaró desde su propio campo gambeteando y pasando a seis jugadores de Platense. El relator de la TV Marcelo Araujo transmitía, mientras el defensor de Boca pasaba jugadores y dijo: “Si lo hacés, me voy” y gritó el gol. Segundos después dijo: “Basta por hoy, señoras y señores, buenas noches”. Y dejó la cabina para irse de la cancha. Cumplió lo prometido y dejó a Macaya Márquez con la compañía del Walter Nelson que hacía notas desde adentro de la cancha. Una fecha después Boca era campeón del Clausura 1992. Quedaron para la historia el título y la actitud de Marcelo Araujo, que dejó de relatar ese partido.

Fuente: Diario UNO Mendoza
 

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