San Rafael
Domingo 20 de Noviembre de 2011

Sobreviviente del Belgrano

Héctor Darío Flores, meteorólogo en el barco, recordó los difíciles momentos del ataque y posterior hundimiento 

La furia del enemigo pudo más que la lucha limpia cuando la guerra recién comenzaba. Alrededor era agua y frío, sólo el golpe de las enormes olas rompían el silencio. El hundimiento del Belgrano conmovía al país y Héctor Darío Flores fue uno de los sobrevivientes.

Corría 1979 cuando Tachi decidió abrazar la carrera militar. “Tenía 15 años y entré por vocación, por amor a la Patria. No éramos conscriptos”. Ya recibido fue destinado a Puerto Belgrano, al Comando de Operaciones Navales. Cada vez que salía un buque de gran envergadura solicitaban un meteorólogo, por lo que a fines de enero de 1982 ocupó ese puesto en el Belgrano.

“Ya se rumoreaba que la guerra era inminente. Todos queríamos defender Malvinas y cuando tomaron la isla me avisaron que tenía que zarpar.

Nos ofuscaban las prácticas, eran seguidas y a cualquier hora. Pero eso evitó más muertes”, recordó.

Un terrible estruendo sobresaltó a los 1.093 tripulantes. El submarino Conqueror había disparado y la fuerza de dos torpedos habían herido de muerte al gigante de acero, que se sumergió en el mar para dormir un sueño eterno. Era domingo, el segundo día de mayo de 1982. Murieron 323 soldados argentinos. El cabo Flores fue uno de los sobrevivientes.

“Nos encontrábamos lejos de la zona de guerra. Luego de las explosiones escuché a mis superiores decir que habíamos sufrido dos impactos. Inmediatamente tomé conciencia de lo que estaba sucediendo”, explicó Héctor. Alrededor de 24 horas antes “en un receptor muy antiguo sintonizamos una radio uruguaya y decían que los ingleses habían hundido el Belgrano. Siempre nos quedó la duda por lo que vivimos al día siguiente”, aseguró.

La lucha por sobrevivir fue cruenta. La superficie estaba lejana, tenían que saltar a las balsas y había olas de más de 7 metros. La temperatura era extremadamente baja. “Atamos cuatro balsas y comenzamos a escapar para evitar que el barco nos succionara”. Pasaron 32 horas de tormento hasta que los rescataron. “Nos revisaron y fue el único servicio médico que recibimos. Para la sociedad y las Fuerzas Armadas habíamos vuelto como perdedores. Veían el Mundial como si nada estuviera pasando. Ese fue un dolor muy grande”.

Pero “nadie va a poder poner en tela de juicio la lealtad, la entrega, patriotismo y los valores claros que tenemos los veteranos”, concluyó. 

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