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Domingo 04 de Diciembre de 2011

“Transformers”, capítulo uno

Paco Pérez dio a conocer su gabinete en Cipolletti, nombre pionero que él asocia a uno de los grandes símbolos transformadores de nuestra tierra.

Andrés Gabrielli

Ha comenzado, ayer, oficialmente, una nueva era, la era de Paco y sus Transformadores.

Llega con todos los cambios que se podían esperar, siendo razonables, en una provincia estancada desde hace años desde el punto de vista institucional y estatal, muy en discordancia con algunos grandes saltos de calidad del sector privado.

Hay ciertos elementos para esperanzarse. En forma módica, por ahora.

Francisco Pérez es el primer gobernador, desde José Bordón, en valorar lo que significan los símbolos a la hora de ejercer un liderazgo social.

Algo que Jaque nunca logró entender, encerrado en su visión municipalista de la cosa pública.

El principal simbolismo directriz que está dispuesto a encarecer Pérez es el de la gesta sanmartiniana.

Otro inspirador de su ideario es el escritor Antonio Di Benedetto. Su historia de vida lo llevó a colocar a Marizul Ibáñez al frente de Cultura: una manera de reivindicar a un alma creadora, valiosa y postergada.

Y en su primer acto efectivo como gobernador, Pérez terminó imbuyéndose del simbolismo localista.

Citó ayer a los periodistas, para dar a conocer su gabinete inaugural, en el dique Cipolletti. Pero no fue por la belleza natural del paraje a la vera del río Mendoza, sino en honor del ingeniero César Cipolletti, quien llegó al país en 1888, proveniente de Italia, y se convirtió en uno de los eminentes pioneros de nuestra patria, como experto en aguas.

Un transformador con todas las letras.

La elección de Cipolletti, entonces, fue un claro mensaje a la sociedad, una suerte de declaración de principios.

Cuenta la Fundación Patagonia que Cipolletti era un hombre alto y recio, de casi dos metros de estatura. El retrato se completa así: “Bajo las cejas oscuras los ojos negros, de mirada penetrante y capacidad de visionar lejanía, abarcando de golpe vastos panoramas. Suscitaba admiración e imponía respeto”.

Nada mejor para pintar, hoy, el tamaño de los anhelos de Paco Pérez.


Acerca de los Transformadores
La palabra mágica de Pérez, en este amanecer de su gobierno, la llave que abre las puertas del futuro, es transformación.

Colocó el concepto en el centro de su eslogan de campaña: la Fuerza que transforma. Y lo mantiene hoy, una vez ganada la elección, como leit motiv para su equipo de trabajo.

¿Bajo qué expectativas deben aventurarse, de ahora en más, los ministros de Paco, los Transformadores?
Al salir en su busca, Pérez se fijó en gente que tuviera “ganas de comerse la cancha”, temple en la conducción y experiencia en lo público y lo privado. Hombres con vocación política, espíritu de compromiso y abiertos a la sugerencias.

Individuos, en fin, “capaces de tomar el toro por las astas”, según sus propias palabras.


Transformando, ¿hacia dónde?
Ahora bien, Pérez apunta a transformar, pero ¿qué? ¿En qué dirección? ¿Cómo?
Una de sus prioridades es que Mendoza recupere su orgullo histórico. “Debemos agregar valor”, se empecina.

Su impulso inicial lo lleva a imaginar el restablecimiento del liderazgo regional, pero con dimensiones mucho más amplias. Quiere que Mendoza vuelva a ser la hermana mayor de San Juan y de San Luis, pero extendiendo su influencia a Catamarca, La Rioja, Neuquén, Río Negro y La Pampa.

Más que hermana mayor, entonces, la Gran Hermana, base del Mercosur, integrada a Chile y posicionada en el mundo.

Para ello, es menester, según él, concentrarse en las obras, en la industrialización rural (la Mendoza industrial es otro de sus metejones), en una educación revolucionaria apuntando a mejorar la conectividad y la evolución de las redes sociales.

“El recurso humano es uno de los capitales más importantes que tenemos, incluso en el contexto nacional”, explica.


De los sueños truncos
Son legítimos los sueños primigenios de Paco Pérez. Entusiasman, como cualquier sueño bienintencionado.

Cabe preguntarse, sin embargo: ¿lo logrará? ¿O habrá de toparse con tapones insalvables, como todos sus antecesores?
Basta mirar el cementerio de ilusiones que hay detrás para volverse escéptico.

Pilo Bordón logró venderle al país que nuestra provincia era algo distinto, una suerte de California argentina. Así nos fue. Desde entonces, Mendoza es discriminada en sus recursos.

Rolo Gabrielli se entusiasmó con convertir la provincia en un polo tecnológico y con dotarla de una salida propia al Pacífico. Hoy, ni siquiera podemos destrabar el paso de los ciudadanos particulares en Libertadores.

Arturo Lafalla imaginó a Mendoza como la Isla de la Transparencia. Pasaron los años, nada cambió y hemos llegado al colmo de mancillar la historia del Gobierno del agua. “Nunca se ha hecho un daño institucional tan grande en la historia de Irrigación”, decía por estas horas uno de sus antiguos conductores, Carlos Abihaggle.

Julio Cobos, al asumir, prometió recuperar la cultura del trabajo en la provincia. Cada vez cuesta más conseguir cosechadores para la vendimia.


Nacen los Transformers
¿Podrá Paco Pérez enfrentar con éxito un Estado que cada año se vuelve más elfantiásico, torpe, ineficiente, gastador e impune? ¿Doblegará a las fuerzas retardatarias de la Mendoza provinciana y asilvestrada?
“Tenemos que desactivar la Máquina de Impedir”, promete Eduardo Bauzá, uno de los arietes políticos de Pérez junto con el ratificado Félix González.

Pérez es más optimista aún: “Nunca como ahora ha habido un clima más propicio para la reforma política y la constitucional. Hasta la Suprema Corte ha abierto el debate”, dice.

Y remata, en consonancia con Bauzá: “No podemos perder la batalla contra la burocracia”.

Las áreas más críticas, para Pérez, a la hora de comenzar su tarea, son Salud y Cultura. Por eso ha puesto al frente de ellas a dos figuras de fuerte presencia simbólica, pero con potentes equipos, a partir de las segundas líneas, para empujar el carro.

Queda marcada la cancha.

Con lo cual, los Transformadores saben que necesitan ser algo más que eso. Deben vestirse de Transformers, si saben leer los símbolos: máquinas buenas y de pelea, como en el filme, dispuestos a trabajar 16 o 17 horas diarias, con la ductilidad necesaria para ir mutando su morfología en función de los desafíos que se les presenten.

Paco confía plenamente en ellos. A morir.

Son sus “muchachos”, la última esperanza del planeta.

Ayer, cuando cada uno se presentó en sociedad, Pérez vibró conmovido: “Estoy contentísimo. Me emocioné”.

Instantes después, lejos de los micrófonos, se le escuchó confesar por lo bajo: “¡Tengo un gabinete de puta madre! Todos son buenas personas. No hay runfla entre ellos”.

De película. Transformers, capítulo uno.
 

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