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Viernes 04 de Noviembre de 2011

Un adicto en la familia

La televisión siempre refleja lo que pasa en la sociedad. Los temas que dan rating son porque existe un proceso de identificación en algún punto. Un hermano que aparece para hablar mal de una hermana famosa.

Cada vez hay mayor consumo de drogas en el mundo, cada vez se ven más personas con problemas de abuso o dependencia a sustancias psicoactivas.

Nuestro país no escapa a esta realidad. La adicción es una enfermedad que afecta el cerebro. No da una parálisis como un accidente cerebro vascular, altera los neurotransmisores que tienen que ver con la conducta y el control de impulsos, entre otros.

Ver una resonancia magnética de un cocainómano impacta. Por más joven que sea tiene un daño estructural semejante a pacientes con demencias. La alteración de la conducta y del comportamiento son típicas de una personalidad adictiva. Los adictos son manejadores.

Carecen de voluntad para encarar un tratamiento, la falta de voluntad es por definición una de las propiedades de esta enfermedad. Mienten, algunos delinquen, otros se comportan de manera bizarra, no por malos, sino por consecuencia de la patología que padecen.

Como toda enfermedad que afecta la salud mental esta estigmatizada. Las personas creen que pueden manejar al enfermo, y no pueden, no están formados para ello. Y se enojan, porque lo que no se ve, es difícil de comprender para el núcleo de afectos.

Si un familiar tiene una neumonía, se comprende, tiene fiebre tos y le duele el tórax. Cuando alguien querido, padece una patología que afecta la salud mental, el tema se vuelve en algún momento incomprensible. Ayudar, estar, acompañar, colaborar, cuando hay una adicción instalada no alcanza.

El dependiente a drogas tiene la particularidad que un día es un ser débil que necesita del otro y al otro día es superman.

Las familias intentan, intentan. Tratamientos infructuosos con cada vez mayor deterioro de la persona que aman, pareciese que no hay mas nada para hacer. La familia se cansa y se aleja.

Y queda algo, la curatela. Pedir a un juez que interne a tu familiar porque es peligroso para sí y para terceros, es extremadamente doloroso. Pero muchas veces es el único camino para tratar una patología que afecta el cerebro.

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