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Domingo 27 de Noviembre de 2011

Un experto puso en duda la eficacia de la lucha antigranizo

Rubén Santos, doctor en ciencias de la atmósfera y licenciado en Física (Instituto Balseiro), explicó que la comunidad científica aún no certifica que sea efectivo el ioduro de plata que utilizan los aviones para sembrar las nubes.

Miguel García Urbani
uno_mendoza@diariouno.net.ar

Cuando llega la temporada de tormentas graniceras en Mendoza, nos manejamos con dos conceptos absolutos. El primero es que en nuestra provincia se forma uno de los núcleos de granizo más violentos e impredecibles del planeta, idea que es acompañada por la comunidad científica internacional. El segundo es que la llamada lucha antigranizo es efectiva y cualquier defección se debe a la impericia de los pilotos que siembran las nubes, a una mala estrategia, a alguien que se quedó dormido en su puesto o a algún descuido de gestión.

Este último concepto “es falso. La siembra de nubes con ioduro de plata, a pesar de su gran difusión mundial, es apenas una hipótesis de lucha cuyos resultados no han sido demostrados científicamente”, explica el doctor en ciencias de la atmósfera Rubén Santos, egresado de la Universidad McGill, de Montreal.

Santos obtuvo una licenciatura en Física en el Instituto Balseiro y posteriormente se doctoró en Canadá, donde trabajó por varios años. En 2008 volvió al país gracias a los programas oficiales de repatriación de científicos.

Santos cuestiona el sistema de lucha antigranizo con ioduro de plata. Y argumenta: “Aún nos es muy difícil analizar su efectividad. Estamos tratando de alterar sistemas físicos muy complejos. La evaluación de algún grado de éxito con ioduro de plata es un trabajo de una complejidad que no asegura un diagnóstico certero. La comunidad científica no se ha expedido porque es un sistema que todavía está en fase experimental, a pesar del uso que se le da en todo el mundo”.

“Modificamos una nube –ejemplifica Santos–, la sembramos con ioduro de plata; la pregunta es ¿qué hubiese pasado si no sembrábamos esa nube? ¿Hubiese caído granizo o no? Esa respuesta, desde la ciencia, aún no la podemos dar”.

El científico, quien trabaja en el Instituto de Ciencias Básicas de la UNCuyo, advierte: “No se puede tirar por la borda este sistema, porque hay indicios positivos en algunas variables gracias a la radarización y la disposición de tecnología digital. Pero para tener respuestas un poco más ciertas deberíamos incorporar sistemas de radares más sofisticados que nos permitan ver otras partes de la anatomía de la nube”.

En el mundo existen tres modos de afrontar el problema del granizo, pero siempre con una endeble herramienta de fondo: el ioduro de plata. Sólo varía el método de introducir el químico en la nube. Una de ellas es la que utilizamos en Mendoza: inyección de cohetes en la nube con aeronaves, que coordina la Dirección de Agricultura y Contingencias Climáticas. Otro sistema es hacer llegar el ioduro mediante cohetes que se lanzan desde rampas. Finalmente, se conocen también los generadores de tierra, sistemas que están en la superficie en los que se está “quemando” el ioduro y por el cual se especula que las corrientes ascendentes arrastran ese material al interior de la nube. En España y Francia se utilizan generadores de tierra. En Grecia, Estados Unidos y Canadá se usan aeronaves, como en Mendoza. En Rusia se mantiene el sistema de rampas lanzacohetes.

Estamos frente a un fenómeno climático violento. Esos gigantes blancos que avanzan desde el este en los meses de verano nos presentan un desafío que no tiene relación con la violencia de la oposición, sino con la inteligencia de la indagación.

“Con la disponibilidad de procesadores muy poderosos podríamos empezar a simular el curioso fenómeno de formación de nubes graniceras que se da en Mendoza y así compararlos con los datos que nos da la experiencia empírica en este tema. Porque en esta provincia podemos pasar de un cielo diáfano y celeste, en 20 minutos o menos, a tener granizo en la superficie. Esto es lo que convierte a las temibles tormentas mendocinas en un fenómeno muy interesante para estudiar”, reflexiona el profesional.

Desarrollo
-Las condiciones atmosféricas de Mendoza provocan que en un cielo completamente diáfano y celeste se generen núcleos de tormenta y que en 20 minutos o menos se registre granizo en la superficie.

-Proponen un mayor desarrollo teórico y una radarización más efectiva para demostrar la efectividad del sistema de lucha antigranizo.

-Existen tres sistemas de inyección de ioduro de plata: con aeronaves, con plataformas de cohetes y con generadores de tierra.

-La efectividad de la siembra de nubes con ioduro de plata aún es una hipótesis.

-En España y Francia se utilizan generadores de tierra. En Grecia, Estados Unidos y Canadá se usan aeronaves, como en Mendoza. En Rusia se mantiene el sistema de rampas lanzacohetes.

-Los núcleos glaciógenos en torno a los que se crea el granizo son escasos en las nubes que se forman en esta parte del país. El resultado es granizo de gran tamaño.

Las tormentas más violentas del mundo
El doctor Rubén Santos explica el modo en que se forma el granizo en la nube y el momento preciso para actuar. En la atmósfera, el agua puede estar bastante por debajo del 0ºC e igual mantenerse en estado líquido. Para que se forme el hielo es necesario disponer de los núcleos glaciógenos. En la atmósfera de Mendoza, que es muy limpia, existe uno de estos núcleos por litro. Al formarse, el granizo se encuentra con mucha agua subenfriada a su alrededor, más y más combustible para formar granizo de gran tamaño.

En un récord que despierta temor, las tormentas de granizo en Mendoza son –estiman los científicos– las más violentas del mundo. La intensidad se explica por la potencia de los vientos ascendentes y descendentes, mientras que el tamaño de la precipitación se relaciona con la cantidad de agua subenfriada en nubes y la escasa cantidad de núcleos de congelamiento. Puede llegar a haber agua en estado líquido a -38ºC. Esto significa una gran cantidad de combustible para la formación de granizos inmensos.

La filosofía de la siembra de nubes, que inició Bernard Vonnegut a fines de 1946, es introducir artificialmente la mayor cantidad posible de núcleos glaciógenos por unidad de volumen, para que existan más competidores en busca de agua y se forme mucho más granizo y lo más pequeño posible. Es por eso que se debe atacar la nube en una etapa precisa y muy incipiente en la formación de granizo. “Los proyectiles que lanzan los aviones en las nubes no rompen el hielo para que caiga granizo chico, como se cree popularmente”, explica Santos, quien trae a Mendoza la experiencia adquirida en diversas universidades del mundo.

 

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