Deportes
Domingo 17 de Julio de 2016

Un referente del deporte

Reconocimiento. Sebastián Torres, más conocido como Poroto, fue muy importante para el deporte local. Apasionado del vóley, participó en el proyecto para la construcción del Poli 2

Fue sin lugar a dudas uno de los grandes referentes del deporte sanrafaelino. Su nombre, Sebastián Raúl Torres, aunque todos los conocían como Poroto.
Nació en San Rafael el 1 de septiembre de 1940. Debido a que su padre (militar, creador de la Banda de Música) fue trasladado vivió unos años en Chajarí, Entre Ríos. En esa ciudad Sebastián aprendió a nadar (una de sus pasiones) y en poco tiempo comenzó a cruzar el Paraná. Además aprendió a jugar al waterpolo.
Su gran amor
Tras radicarse definitivamente en su tierra natal, el Poroto se sumó al equipo de vóley femenino que dirigía por aquel entonces su amigo Daniel Ruiz. Un deporte que lo apasionó desde un primer momento.
Torres era autodidacta, pasaba muchas horas leyendo libros, apuntes y todo lo relacionado con el voleibol. Además planificaba minuciosamente cada entrenamiento.
En 1982 en la capital provincial realizó el curso de instructor nacional de voleibol.
Ese mismo año el Poroto fue uno de los organizadores del campeonato nacional, evento que fue una de sus mayores felicidades.
En 1998 se incorporó al club Saavedra, su casa, una institución que tras su llegada se llenó de prestigio construyendo equipos con valores profundos.
Gran obra
Sebastián participó en el proyecto para la construcción del Polideportivo N°2.
A tal punto que viajó a Buenos Aires a buscar parte de los fondos para la concreción del estadio cubierto.
Luchó mucho por esta obra, ya que anhelaba un espacio cerrado y fue muy feliz de poder trabajar en ese escenario. Lo hizo en días donde nevada pero él y sus chicos entrenaban igual.
Entre puños y música
Torres fue jurado de boxeo y en algún momento entrenó a algunos púgiles locales.
Además, durante su juventud integró un grupo musical donde tocaba la trompeta.
También le gustaban las motos, por eso participó en algunas carreras que se realizaron en la zona Los Jilgueros.
El popular Poroto trabajó mucho ad honorem, tenía mucha vocación y su entusiasmo fue una de sus mayores virtudes.
Tenía un espíritu joven, muchísima energía y estaba pendiente de sus alumnos a los que trataba como hijos. A Sebastián le gustaba organizar actividades y juegos para que la gente de su entorno estuviera siempre entretenida.
Un accidente cardiovascular terminó con su vida. Sin embargo su  tarea fue tan importante que el recuerdo está siempre latente.
Por Diego Figueroa

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