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Lunes 05 de Diciembre de 2011

Un rosarino que quedó cuadripléjico escribió esta nota sobre la eutanasia: "Razones para una ley de muerte digna"

Cleber Ghirardi sólo puede mover los ojos. Publicó este artículo en el diario La Capital de Rosario gracias a un programa que permite manejar windows con los globos oculares. Dejanos tu comentario en esta nota.

Por Cleber Ghirardi (*)
La Capital de Rosario

Seguramente este artículo traerá controversia y hasta réplicas, pero debemos abordar el tema con la importancia y seriedad que merece.

Existe una sola provincia argentina, Río Negro, que habla del título "ley de muerte digna". Hay otras provincias que tienen normas al respecto. Podemos destacar a Misiones, Entre Ríos , Neuquén y Chubut. Es insoslayable además, el proyecto en tratamiento en el Senado nacional.

Dicha ley establece que "toda persona que padezca una enfermedad irreversible, en estado terminal, tiene derecho a manifestar su rechazo a los procedimientos quirúrgicos de hidratación y alimentación y de reanimación artificial cuando éstos sean desproporcionados a las perspectivas de mejoría y produzcan dolor y sufrimiento físico y/o psíquico".

No tiene que ver con la eutanasia, que es la acción u omisión que acelera la muerte de un paciente desahuciado con la intención de evitar sufrimiento. Tiene que ver con la distanasia, conocida como "encarnizamiento terapéutico", que no tiene en cuenta los sufrimientos del moribundo, empleando todos los medios posibles, sean proporcionados o no, para retrasar el advenimiento de la muerte, a pesar de que no haya esperanza alguna de curación, siendo por lo tanto, lo contrario a la eutanasia.

Tampoco tiene nada que ver con la ortotanasia, designada con la actuación correcta ante la muerte por parte de quienes atienden al paciente que sufre una enfermedad incurable o en fase terminal. Por extensión se entiende como el derecho del paciente a morir dignamente, sin el método desproporcionado y extraordinario para el mantenimiento de la vida.

En este sentido se debería procurar que ante enfermedades incurables y terminales se actúe con tratamientos paliativos para evitar sufrimientos, recurriendo a medios razonables hasta que la muerte llegue. Todo viene a cuenta de lo que estuvieron informando los medios en estos días acerca de una niña que hace dos años, al nacer, quedó en estado vegetativo.

En mi opinión, hace dos años que está muerta. Presento el caso del cantautor Gustavo Cerati, que lleva más de un año en estado vegetativo y nadie sabe cuándo y cómo despertará. Me siento autorizado a hablar del tema, ya que lo viví.

Contaré mi experiencia. Como consecuencia de un ACV, yo estuve en coma profundo 45 días y sólo tuve sueños incoherentes, nada de dolor físico y desperté recordando vagamente voces, aturdido y con el pasar de las horas me ubiqué en tiempo y espacio. Así me di cuenta de las secuelas, perdí toda motricidad, la voz y parte de la vista entre otras cosas. Quise morir pero no pude. Esto, que parece un juego de palabras, es la realidad. Renací muerto pero con conciencia. Doblemente doloroso. Veo pasar la vida y conozco mis limitaciones. Ni se pueden donar mis órganos, pues tomo 24 pastillas por día. Es aquí donde comienza la toma de posición. Para la Iglesia es sacrilegio, algunos médicos usan la ética como escudo por presuntos juicios de mala praxis y la sociedad, llena de prejuicios, no sabe qué hacer. Señores legisladores, señores jueces, yo los invito a vivir un día de mi vida y comprenderán que fácil es decir "sí" a la ley de muerte digna.

(*) En autor de esta nota está cuadripléjico como consecuencia de un ACV.

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