Espectáculos
Miércoles 12 de Agosto de 2015

Una bebota sube a escena en Bossi Big Bang Show

Gabriel Sotelo
uno_escenario@diariouno.net.ar

“Maestro, maestro estoy cargada, soy horrible, los hombres no me van a mirar más...”. Esa frase ha quedado inmortalizada por la Bebota que participaba del sketch de Alberto Olmedo, en el programa No toca botón. El Manosanta, papel interpretado por el Negro Olmedo, le descargaba la energía a la Bebota interpretada por Adriana Brodsky.
Este segmento histórico de la televisión argentina se puede revivir en el espectáculo Bossi Big Bang Show. Es que el actor, comediante e imitador Martín Bossi se transforma en el recordado Olmedo en su rol de Manosanta. Este momento se podrá ver en Mendoza el próximo tres de setiembre cuando la obra llegue al teatro Plaza de Godoy Cruz.
Junto con Bossi, suben a escena Manuel Wirtz, Jorge Carna Crivelli (en el rol de Javier Portales) y la vedette Adriana Brodsky, la histórica Bebota.
Con la imitación de Bossi a músicos como Frank Sinatra, John Lennon, Michael Jackson, Freddie Mercury, Louis Armstrong, Axel Rose, sumado a las creaciones de los maestros de la comedia como Tato Bores, Pepe Biondi y el sketch del Manosanta, Bossi Big Band Show ha alcanzado ya los 380 mil espectadores.
Para adelantarnos de qué va el show, Adriana Brodsky visitó unos días la provincia. Estuvo en el sillón de Gisela Campos, habló con Radio Nihuil, y con Escenario recordó aquellos años ’80 en los que era la sex symbol del país.
Destellando simpatía a flor de piel y sin disimular su felicidad por llegar por primera vez al escenario con su personaje más famoso, Brodsky se refirió al presente de la farándula actual y rememoró algunos momentos vividos junto al recordado Alberto Olmedo.
–¿Cómo es revivir a la Bebota 30 años después y en un teatro, no en la televisión?
–Es un personaje que, si bien en una época fue furor, nunca imaginé que después de 30 años pudiera seguir tan vigente. Sigue siendo tan vigente por el Negro, yo ligo de rebote su brillo. Sin dudas, fue todo gracias a él y el brillo que sigue emanando cada vez que se hace este scketch.
–¿Sentís que la gente vuelve así a los años ’80?
–Lo que hace Martín (Bossi) es mágico. Primero porque está interpretando al Negro y lo hace igual, con la misma actitud, la misma voz y físicamente es muy parecido. Una persona que tiene 40 años, no es de mi generación, y ya tiene ese personaje como si lo hubiera mamado de chico, es algo admirable. Termina siendo el sketch original del Manosanta, porque Carna personifica a Portales y es como si se hubieran metido Olmedo y Portales en sus cuerpos.
–Y ahí aparece la Bebota...
–Una Bebota ya crecida (risas). Sigo manteniendo esa cosa latente porque a una mujer siempre le gusta tener esa cosita de nena, de sentirse protegida. Aparece una bebota que en el imaginario de la gente, al igual que los otros personajes, son los reales de aquellos años.
–¿Cómo fue ser un ícono hot?
–Era difícil. No podía estar en ningún lado. Siempre supe que en el medio las cosas no eran tan fáciles como pensábamos. Es cierto que te cruzás por la calle a gente maravillosa, pero también hay gente enajenada que te persigue por todos lados. Tuve que tener un guardaespaldas porque me acosaban algunos hombres. Fue feo, complicado...
–Estuviste un tiempo fuera de los medios, ¿cómo fue volver?
–Me costó volver a entrar porque las propuestas eran para hacer de sexy y yo ya había dejado ese tipo de personajes. Entonces, tuve que armar mi propio programa de turismo y me sentía feliz conociendo mi país, aunque era un programa de cable y no ganaba mucho dinero. Después hice temporadas de teatro en el verano pero nunca con este nivel de excelencia. Con Martín volví a la excelencia de antes, salvando las diferencias. Gracias a esta propuesta volví a Primera A, porque Martín lo es.
–¿Creés que es más fácil entrar a los medios ahora que en los ’80?
–Antes era antes, hoy es hoy. Las diferencias están bien marcadas. Ahora cualquier persona se puede hacer conocida. Sin desmerecer a nadie, pero hoy hay mucha más gente mediática que en aquellos tiempos. Ahora hablan mal de otros y sacan cosas de la intimidad para figurar. Hace 30 años no existía eso.
–Has trabajado con casi todos los capocómicos del país. ¿En qué lugar entra Bossi?
–Estuve con los hermanos Sofovich, con Mario Sapag, Rolo Puente, Santiago Bal, Tato Bores, Minguito, el Gordo Porcel... con todos, pensarlo la verdad es increíble. Siento que no hay con qué darle a Martín como ser humano y como artista. Deja el alma arriba del escenario, es lo mejor que hay en este momento. Él y lo que tiene alrededor es lo mejor, es un maniático de la excelencia. Todos los días es una pincelada nueva de perfección.
–¿Cómo se toman tus hijos que hayas vuelto a hacer de Bebota?
–Ellos no me vieron en su momento y ahora tienen 23 y 24 años. Mucha bolilla no le daban a mi carrera, era una mamá como cualquiera en este mundo. Cuando fueron al debut de Bossi Big Band Show fueron a ver a Bossi, a Carna y a Wirtz, yo era la que les hacía las milanesas, ahí no figuraba. Cuando terminó la obra vinieron llorando de emoción a saludarme al camarín. Realmente, hacer esto es algo especial, no muchos espectáculos te hacen emocionar, reír y recordar. Este show te lleva y te trae en el tiempo.
–¿Hay algo que te arrepientas en tu vida?
–En mi carrera no me arrepiento de nada, en mi vida personal sí. De las cosas malas trato de no acordarme. Me arrepiento de algunas cosas, todos cometemos errores y hay que saberlos superar.
–¿Tenés alguna cuenta pendiente en tu carrera?
–Mi cuenta pendiente la estoy logrando. Nunca había trabajado en el teatro con el Negro, cuando él muere en Mar del Plata yo no estaba con el elenco. Estaba en Carlos paz haciendo temporada. Hoy siento que espiritualmente se realizó ese sueño de estar con él en un escenario. Lo estoy haciendo realidad, y para mí es muy emocionante. Son muchas cosas las que me movilizan en este espectáculo.
–¿Qué recuerdos tenés de él?
–Los recuerdos más intensos que tengo son los que tuve a nivel humano. A él no hacía falta contarle nada, él se daba cuenta de la baja energía. Él acudía porque sabía que algo pasaba, acudía y me levantaba el ánimo, no era algo normal en el ambiente.

Comentarios