San Rafael
Domingo 25 de Septiembre de 2011

Una lógica bastante complicada

La elección del próximo 23 de octubre tiene un resultado incierto en la provincia y obliga a reflexionar sobre las propuestas de los candidatos. Por Martín Rostand  

En las últimas semanas se instaló entre los candidatos a gobernador el tema de la vivienda como uno de los tópicos centrales en la disputa de argumentos que tienen que ver con las propuestas de campaña.

El martes 6 de setiembre Roberto Iglesias abrió el fuego diciendo que si resultaba electo gobernador pondría en vigencia un plan que permitiría aportar 34.000 soluciones habitacionales, de las cuales 11.000 serían nuevas viviendas y el resto ampliaciones o refacciones.

El radical hizo el anuncio en el Colegio de Ingenieros y dijo que si es gobernador subsidiará tasas de interés y cuotas de bancos que financien la construcción de viviendas destinadas a jóvenes de clase media.

También prometió crear un fondo provincial de la vivienda afectando más de mil millones de pesos del Presupuesto provincial a ese rubro. Al anunciar esa medida embistió frontalmente contra Jaque, lo que ha sido la línea central de su campaña, recordando que el malargüino no puso plata provincial para vivienda y, además, le endilgó que “renunció de forma inexplicable al Plan Federal de Vivienda, con lo que la provincia se perdió la posibilidad de hacer 6.000 casas”.

Unos días más tarde, el demócrata Luis Rosales dobló la apuesta y dijo que consiguiendo financiamiento en Brasil, China o India se podrían construir 80.000 nuevas casas en Mendoza, de modo tal que cada mendocino tuviera su propia casa, o algo así.

“Los técnicos del PD nos han presentado un plan con el que se puede llegar a hacer 20.000 casas con toda la furia, con ingeniería presupuestaria y fiscal, además del replanteo a la Nación por fondos para vivienda y la creación de un fondo provincial de hasta 5% del presupuesto. Operando todas las variables relacionadas con la vivienda, se pueden hacer 5.000 casas por año, unas 3.000 sociales, unas 500 por ayuda mutua, más una reorientación de créditos –con reclamos a las entidades financieras con sede en la provincia para que se reinvierta en la zona el flujo de dinero que se genera– unas 1.500 más”, explicó Rosales.

Hábil comunicador, el periodista de C5N abrió una escotilla de fuga por cualquier eventualidad: si la cosa se complicara frente a cualquier reclamo por incumplimiento, fueron los técnicos del PD los que diseñaron el plan, él simplemente lo enunció.

Finalmente, el ruido que provocaron estas declaraciones, más la persistencia de los spots publicitarios hicieron que también Paco Pérez se subiera a la discusión, aunque en este caso, no fue más que para pedir prudencia y decir que todos saben que es muy difícil conseguir el dinero para construir.

Consultamos a Wikipedia para refrescar nuestro concepto sobre el célebre teorema de Baglini y encontramos que en la Argentina se denomina así a un enunciado que sostiene que el grado de responsabilidad de las propuestas de un partido o dirigente político es inversamente proporcional a su distancia al poder. Tal enunciado fue hecho en 1986 por Raúl Eduardo Baglini, entonces diputado nacional por la Unión Cívica Radical mendocina.

Si aplicáramos la lógica de Baglini a esta secuencia de declaraciones, resultaría que el que más cerca está de ser gobernador es Paco Pérez, seguido por Roberto Iglesias y tercero quedaría Luis Rosales, pero también todos sabemos que eso no necesariamente se verificará así en la elección del 23 de octubre.

El tema es que, sin perjuicio del respeto que merecen las propuestas de los candidatos y confiando en la honestidad intelectual con que han sido predicadas, es evidente que los tres candidatos saben que sus propuestas son, en el mejor de los casos, promesas de difícil cumplimiento.

Entonces se nos impone una pregunta perturbadora: ¿cuál es el objetivo que se busca cuando se manifiestan estas propuestas?

¿Es realmente la intención de los candidatos solucionar el problema de la vivienda, o lo que se busca es llegar al poder a como dé lugar, prometiendo lo que sea necesario sin rubor alguno, y después vemos?

Está claro que la experiencia de los últimos años en la Argentina hacen más cierta esta última hipótesis que ninguna otra.

Carlos Menem, hoy criticado por los mismos que hace un tiempo sacaban pecho y mostraban su ADN menemista, dijo promediando su primera gestión que si él hubiera dicho en su campaña todo lo que pensaba hacer, nadie lo hubiera votado.

O sea que la campaña parece ser un lapso en el que todos adquieren una patente de corso para decir cualquier cosa con tal de que los voten.

Atención, que hasta aquí parece que quien escribe estas líneas y los que las leen estamos ajenos a estas responsabilidades, porque los que mienten, o para no decirlo de una manera tan agresiva, los que hacen promesas de difícil cumplimiento son los candidatos, y como nosotros no somos candidatos estamos a salvo.

Pero eso no es tan así.

Porque así como los candidatos saben que lo más probable es que no puedan cumplir lo que prometen, nosotros conocemos esta falencia mejor que ellos, y sin embargo lo toleramos.

Y aquí empieza nuestra responsabilidad, porque es desde esa tolerancia hacia la mediocridad, hacia la charlatanería sin fundamentos sólidos –por más que se muestre un firmamento de detalles con los que cada candidato justifique sus propuestas–, de donde nace la audacia de las propuestas.

Y si una verdad a medias es una forma de mentira, llegamos al clímax de la perversidad, porque si ellos saben que de alguna manera mienten, y nosotros lo sabemos mejor todavía, ¿a quién votamos?

¿Al que menos miente o al que mejor miente?

El resultado de eso no puede ser otro más que sumergirnos en un torbellino de mediocridad y atraso en el que no nos quedará otro remedio más que ir eligiendo al menos malo, mientras el mérito y el progreso siguen viendo cómo las oportunidades pasan.

El 2001 nos enseñó que el hilo se vuelve muy fino cuando las complicaciones llegan a la economía. Es como que todo está permitido mientras no nos afecte a nosotros. Pero sucede que cuando nos afecta, generalmente es tarde para ensayar un círculo virtuoso que nos saque de la debacle.

Y no sirve el cacerolazo ni el “que se vayan todos”, aunque la catarsis alivie un poco la frustración.

Revitalizar la política es la única salida. Acercarse a ella para conocerla mejor, para darle más transparencia al desarrollo más profundo de los partidos políticos que son la única herramienta que nos da la Constitución nacional para ejercerla.

Parafraseando a Churchill, cuando dijo que la guerra era algo demasiado importante para dejarla en manos de los militares, nosotros deberíamos empezar a darnos cuenta de que la política influye de manera demasiado directa en nuestras vidas, como para dejarla livianamente en manos de los políticos.

No se trata aquí de dar un mensaje aciago sobre la política y sus ejecutores, sino de despertar conciencia en la sociedad para generar una masa crítica que se involucre en el civismo y recupere la virtud política, que existe.
 

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