País
Domingo 25 de Enero de 2015

Una pesadilla llamada Nisman

La muerte del fiscal federal especial del caso AMIA, horas antes de justificar su denuncia contra la Presidenta y parte del gabinete, se convirtió en un magnicidio que sumió al país en la incertidumbre.

Por Sara González
gonzalez.sara@diariouno.net.ar

Cuando en el 2005 le asignaron la investigación del atentado a la AMIA, el hasta entonces fiscal de los tribunales de Morón Natalio Alberto Nisman, el Ruso, como siempre se lo conoció en el ambiente judicial, jamás imaginó que sus derivaciones lo llevarían a la muerte.

Hace nueve años, el presidente Néstor Kirchner creó la Unidad de Investigación de la causa AMIA y lo designó al frente de la investigación para encontrar a los responsables del atentado terrorista que voló la AMIA en 1994, dejando 85 muertos, causa que hasta ahora sigue irresuelta. En ese momento, Nisman gozaba de la confianza presidencial y el ser judío hacía suponer que tendría un doble compromiso con la investigación.

El 5 de diciembre último, Nisman cumplió 51 años. Hacía tres que se había divorciado de su esposa, la jueza federal de los tribunales de San Isidro Sandra Arroyo Salgado, con quien tuvo dos hijas, Iara y Kala. Una de ellas, mencionada en todos los relatos periodísticos desde hace una semana porque suspendió en seco su viaje quinceañero con su padre por Europa cuando el fiscal decidió abruptamente volver a la Argentina para hacer pública la denuncia que venía investigando. Fue el principio del fin.

A partir de ese momento –o tal vez desde unos meses antes– algo se desmadró en el entramado que Nisman tejía desde el 2005.

Era abogado especializado en terrorismo internacional, narcotráfico, lavado de dinero, fraudes al Estado, tráfico de armas y explosivos. Ejercía como profesor de Derecho Penal en la Universidad de Buenos Aires y de Derecho Procesal Penal en la Universidad de Belgrano.

La reconstrucción de su perfil profesional marca que era un fiscal muy preocupado por la imagen pública que daba. Era consciente de que se jugaba el prestigio en cada aparición pública.

Había adelgazado en los últimos meses y le preocupaba cuando le decían que parecía que tenía la cara “estirada”, como si se hubiera sometido a un cirugía, lo que desmentía enfáticamente. Una vanalidad que salió a la luz por las incesantes charlas con periodistas que tuvo desde que hizo pública su denuncia el miércoles 14 de enero.

Una anécdota que contó la periodista Natasha Niebieskikwiat, muestra cuán preocupado estaba por la percepción que generaba su trabajo. En uno de los últimos contactos que tuvo la periodista de Clarín con él, el sábado 17 por la tarde, horas antes de su muerte, le comentó –vía WhatsApp– que estaba contento por los elogios que había hecho sobre su trabajo la periodista española Pilar Rahola, ex vicealcaldesa de Barcelona y experta en el conflicto árabe-israelí.

En una nota que publicó El Cronista tras la denuncia pública que hizo el miércoles 14, Rahola expresó: “Creo que Nisman ha actuado como un auténtico héroe, me parece que ha tenido una dignidad insólita, porque sabe lo que se juega. Es de una enorme valentía y sólo puedo agradecer que exista un Nisman en la Argentina que impida que se escondan las culpas y las autorías del atentado a la AMIA”. Nisman quedó “chocho” con esos elogios.

Lo cierto es que no pudo disfrutar mucho de esos halagos porque la realidad le pegó un cachetazo letal.

Según la reconstrucción posterior de sus acciones, no había indicios de que fuera a suicidarse. Tenía hecha la lista de las compras que le daría a su empleada el lunes. Su entrenador personal dijo que pensaba continuar con su rutina de ejercicios semanales, sobre todo porque le aliviaban los dolores lumbares, por los que se vio obligado a dejar de correr. Pensaba volver a Europa para continuar el viaje que había planeado para su hija. Incluso, le mandó un mensaje de WhatsApp a su círculo íntimo explicando que había interrumpido sus vacaciones: “Más temprano que tarde la verdad triunfa. Y me tengo mucha confianza. Haré todo lo que esté a mi alcance, y más también, sin importar a quién tenga enfrente”. No hay una pizca de abatimiento, depresión ni mucho menos desesperación en sus palabras.

Y, sobre todo, porque ese fin de semana que murió estaba enfrascado en preparar la presentación que haría el lunes en el Congreso ante la Comisión de Asuntos Penales.

Para él esa presentación era muy importante porque significaba abrir el expediente de 290 fojas en el que sostenía que la Presidenta de la Nación, Cristina de Kirchner; el canciller Héctor Timerman; el piquetero kirchnerista Luis D’ Elía; el diputado camporista Andrés Cuervo Larroque y el líder de Quebracho, Fernando Esteche, integraban un plan destinado a dotar de impunidad a los ciudadanos iraníes acusados de la voladura de la sede de la AMIA.

Era tan importante esa instancia que hasta interrumpió sus vacaciones en Europa. Y tenía previsto regresar.

Por eso nunca cerró la idea del suicidio que tan rápidamente se instaló con un par de datos que arrojaron las primeras pericias policiales.

Más, el contenido de la carta en Facebook que, en ese sentido, publicó el lunes la mismísima Presidenta de la Nación.

Lo que pasó en esas horas en las que estuvo en su departamento de la torre Le Parc, en el exclusivísimo Puerto Madero, solo, trabajando en una marea de sus papeles, es un misterio muy difícil de desentrañar.

Por el tenor de la denuncia, por los personajes a los que envuelve, por el terremoto que supone su muerte para las instituciones democráticas, por la conmoción que ocasionó en la ciudanía, la muerte de este fiscal adquirió las características de un magnicidio.

Alias Jaime, Stiusso, el superespía que ayudaba al magistrado
El histórico agente de Inteligencia Antonio Stiusso, alias Jaime, era la principal fuente de información a la que recurría el fiscal Alberto Nisman para armar el expediente de la causa AMIA. Esa relación le permitió al magistrado federal presentar extensos escritos, aunque también se constituyó en su “talón de Aquiles”, porque no todo material procedente de Inteligencia tiene validez probatoria en un proceso judicial. Algunos observadores consideran que la ex SIDE, que debió funcionar como auxiliar de la Justicia, era la verdadera conductora de la pesquisa. En esos elementos se recuesta el Gobierno para decir que el ex espía Stiusso le proporcionó pistas falsas a Nisman, que lo hicieron caer en errores en el armado del expediente. Toda esa relación cambió a partir del momento en que Stiusso fue removido del cargo por Cristina en 2014.

Tuvo chances de ocupar el sillón que Cristina le asignó a Gils Carbó
El fiscal especial Alberto Nisman pudo haber sido el procurador general de la Nación y jefe de todos los fiscales federales, puesto que hoy ocupa Alejandra Gils Carbó.

Tras la renuncia de Esteban Righi, Nisman fue uno de los nombres que rodó para ocupar su lugar.

Nisman llegó a la fiscalía especial del caso AMIA por decisión del entonces presidente de la Nación, Néstor Kirchner, y supo entablar muy buenas relaciones con el kirchnerismo. El quiebre de la relación comenzó cuando la presidenta Cristina Fernández firmó el memorándum de entendimiento con Irán que iba en contra de su línea de investigación en la causa.

Apoyó los pedidos para que el memorándum fuese declarado inconstitucional y aprobó un dictamen de 500 páginas en el que acusaba a Irán de montar una red terrorista en América Latina.

 

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