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Lunes 05 de Septiembre de 2011

Una Yegua del apocalipsis

Pedro Lemebel regaña de las entrevistas, pero nos concedió una para que los mendocinos conozcan a este artista que es hombre de radio, poeta, novelista y arriesgado performer.

Por Miguel García Urbani

Lemebel llegó en inmejorable momento a Mendoza, porque en Chile la militancia juvenil se enfrenta a los resabios enmohecidos del pinochetismo. "Yo acompaño a los muchachos, pero me gustan las marcha con más Molotov, menos hipies, si hasta la policía dice: ven, esta si que es una forma de protestar", comenta sonriéndose en su camerino una vez terminado su performance y mientras la gente de cultura luchaba por darle un vino de regalo y él aullaba por una cerveza: " ¿Y mi cervecita niña? Ya te lo he pedio varias veces eh !"

El Pedro Lemebel no puede dejar de ser saradónico ni un instante. "Me estaré poniendo más vieja que ya no me gustan las entrevistas" dice como buscando una mayor insistencia que finalmente nos llevó a poder charlar con él.

Lemebel es un luchador que ha ganado sus batallas, no es un intelectual que se solidariza con la militancia, sino que "su militancia es indistinguible de la forma en que la expresa", como dijo alguna vez Carlos Monsiváis.

El artista de las grandes minorías, estuvo en Mendoza para ser parte de la Ferial del Libro del Cuyum 2011. Montó su ceremonia de lecturas, música deliberadamente curis y proyecciones. Libertad, homsexualidades varias y derechos humanos son sus temas. Pero lo importante es el modo en el que logra ponernos al tanto de sus intimidades, su sorprendente maestría narrativa. "Mis enemigos dicen que soy muy anecdotico, pero vaya que bien cuento las anécdotas eh".

Él es uno de los mejores en nuestro tiempo en todo lo que se proponga: cronista, hombre de radio, poeta, a un tiempo áspero y sensible que se derrama en su sed; novelista, militante y arriesgado performer. Es sin ninguna duda la gran particularidad de de la feria de escritores y lectores que abrió ayer en Mendoza. Nadie esperaba a Pedro Lemebel por estos parajes conservadores, y sin embargo llegó luciendo sus tacos altos. Habrá que creer nomás en la insistencia cansadora de los sueños.

Acaso Pedro Lemebel esté leyendo esta pequeña especie que haizo las veces de anuncio y ahora también de agradecimiento. Los mendocinos iniciados en la obra de Lemebel sospecharon al menos con quién se encontrarían: se lo ha leído en Loco Afán, Crónicas del Sidario, La esquina es mi corazón, Serenata cafiola, Tengo miedo torero, todos esos textos que pasan de mano en mano y que desaparecen
misteriosamente de los estantes de la biblioteca; se lo ha visto contar, decir, encantar después de buscarlo en Youtube, esperando algo de él dicho en ese tono grave y convenientemente satinado que tiene.

Pero el mundo de Lemebel es para los inocentes, para aquellos que no han escuchado jamás su nombre siquiera, esos fueron los ungidos por los mundanos oleos de las fascinaciones sinceras; ellos, los curiosos, los distraídos arreados por el aburrimiento que fueron la noche del sábado a su encuentro en la Sala Elina Alba.

Casi en todas sus obras Pedro Lemebel nos muestra la hendidura, el mapa de un mundo gay fervoroso y melancólico. En su texto "Manifiesto (Hablo por mi diferencia)" Publicado en Loco Afán en 1986, resume sus amores y su postura política con delicadísimo y certero toque: "hay tantos niños que van a nacer/ con su alita rota / Y yo quiero que vuelen compañero / que su revolución / les de un pedazo de cielo rojo / para que puedan volar."

Roberto Bolaño lo señaló como el mejor poeta de su generación; dos chilenos, Lemebel y Bolaño que han dado gran parte de lo mejor que se ha escrito en América Latina en los últimos veinte o treinta años. Pedro Lemebel se derrama en la crónica y hace pié (con la punta de una vistosa sandalia, claro) en la poesía; mezcla en el mismo bebedizo dosis de Manuel Puig, Néstor Pérlongher, Fernando Noy y Severo Sarduy, con algo de los boleros de Bola de Nieve o de José Alfredo Jiménez.Pero esas son apenas lentejuelas que luce con su vocación de yegua del apocalipsis, por que todo en él y suena contundentemente a Lemebel.

Los tuvimos por unas horas con nosotros, vehemente, encantador, disparatado. Ningún merodeador de los mundos sensibles debe perdérselo. Lemebel nos ha citado esta noche en una esquina de esta pálida ciudad.

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