En debate esp
Domingo 06 de Noviembre de 2011

Viene más intervención estatal

El segundo mandato de Cristina de Kirchner profundizará el papel del Estado en áreas claves de la economía. Las medidas de control del dólar son una muestra.

José Calero
Especial para UNO


Un intervencionismo estatal mayor en áreas claves de la economía se vislumbra como uno de los ejes del segundo mandato de la presidenta Cristina Fernández, y el tercero del kirchnerismo, que se iniciará el 10 de diciembre.

Esa impresión surge clara tras la decisión de impedir con toda las armas a su alcance que inversores y ahorristas sigan fagocitando las reservas del Banco Central, traspasando sus excedentes en pesos a moneda norteamericana.

Convencida de que el Estado debe no sólo regular, sino también interceder para inclinar la balanza si es necesario, Cristina parece decidida a escuchar a sus colaboradores más estatistas.

La Presidenta no dudó en prohibirles a millones de argentinos, a través de la AFIP, seguir cubriendo sus espaldas con la moneda más líquida de cualquier plaza, el dólar.

Por ahora, el “control de cambios”, calificado como “corralito verde” por los críticos más acérrimos de este Gobierno, frenó la salida de dólares y paralizó la minicorrida cambiaria.

El Banco Central vendió sólo 100 millones de dólares en toda la semana, cuando venía desprendiéndose de unos 750 millones semanales.

Pero también disparó la tasa de interés que cobran los bancos, como consecuencia de una creciente cancelación de plazos fijos.

Como contrapartida, la victoria inicial no hizo sino agudizar la desconfianza.

La Presidenta viene advirtiendo de que la nueva realidad abierta en Argentina no es una lucha de “imparciales” y aclarando que ella no cumple un rol “neutral” en ese cruce de intereses.

La jefa de Estado sostiene incluso que su prioridad será la “defensa de los sectores más vulnerables”.

El problema es que la historia no la ayuda con ese razonamiento, porque ante decisiones como la de decidir cómo deben ahorrar los argentinos, no hace sino enviar una señal de desconfianza.

La búsqueda de refugio en el dólar por parte de millones de ahorristas, sean o no kirchneristas, no es un acto reflejo de esos “tontos” que suelen ser menospreciados por la verba de la militancia oficial.

El Gobierno debería bucear en las razones de fondo por las que la fiebre por el verde había retornado varios meses antes de las elecciones.

Un cóctel de inflación alta y retraso cambiario forman parte de las razones por las cuales los argentinos resguardan lo poco que tienen en dinero norteamericano.

La evasión desempeña un rol en todo ese esquema, pero el relato construido por la propaganda oficial de que es la única razón por la cual se implementaron estas medidas vuelve a sonar inverosímil, casi tanto como los datos del INDEC o los shows de Guillermo Moreno en el Mercado Central, con cartelería de propaganda incluida.

La razón de fondo por la cual se adoptó esta medida sin precedentes, que convierte a la AFIP en administradora del volumen de dólares que pueden comprarse a diario, es que las reservas del BCRA empezaban a sentir la presión de una evaporación que se dirigía hacia los 3.500 millones de dólares mensuales.

La falta de divisas de la exportación sojera, pilar indiscutible del “modelo”, contribuyó a formar un cóctel que encendió alarmas en el Gobierno nacional.

La Presidenta recuerda todas las veces que puede que ella debe “articular los intereses de los 40 millones de argentinos” y no puede detenerse en los de un sector en particular.

Así lo dijo en el cierre de campaña: “Siempre voy a estar del lado del combate a la desigualdad, en la defensa de los sectores más vulnerables y la integración social, porque esta no es una lucha de imparciales, yo no soy neutral”.

Pero con su orden de establecer un “corralito cambiario” les apuntó al corazón de los ahorristas argentinos.

Es que ahora un sector clave de la sociedad vuelve a sentir que queda a tiro de devaluación, que no es más que otra forma de confiscación.

Ahora, los pequeños y medianos ahorristas corren el riesgo de quedarse sin una herramienta fundamental para defender su patrimonio.

Desde hace medio siglo, los argentinos vienen sufriendo cada 5 o 10 años la confiscación de sus ahorros, que muchas veces representaron el trabajo de toda una vida.

Hace poco más de 20, la generación actual debió ver cómo sus padres perdían gran parte de sus sueños por un gobierno de Raúl Alfonsín que no supo dominar la hiperinflación y fue torpedeado en su momento cuanto pudo por la oposición descarnada del peronismo sindical.

Hace 10, con el corralito creado por el entonces ministro Domingo Cavallo, la herramienta de confiscación adoptó niveles de sofisticación y violencia nunca antes vistos en democracia, para favorecer a sectores financieros que hicieron un negocio descomunal.

Con semejantes antecedentes, por qué pensar que en un tiempo, cuando tal vez ya no haya de dónde hacerse de fondos y sea necesario un ajuste, el Gobierno eche mano de una devaluación, que termine otra vez con la ilusión de millones de argentinos.

En esos antecedentes de miserias y en este proceso de sorprendentes intervenciones y cambios de reglas de juego, debería buscar Cristina de Kirchner la raíz del efecto desconfianza que su administración podría disparar si no repara a tiempo medidas controversiales, que nunca se hubiese animado a tomar cuando salió a buscar lo que se tradujo luego en casi doce millones de votos.

Comentarios