Espectáculos
Domingo 04 de Septiembre de 2011

Viene un grande del cine

Gisela Emma Saccavino
gsaccavino@diariouno.net.ar

“Un buen vino es como una buena película: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador”. La inspiradora cita de Federico Fellini es, en esta nota, una doble invitación al placer. Por un lado, porque desde este domingo y durante una semana, los mendocinos podrán despuntar su vicio cinéfilo con el Festival de Artes Audiovisuales Mirada Oeste 2011, que se desarrollará en distintos espacios de Godoy Cruz con auspicio de Canal 7, y por otro, porque el evento estará dedicado este año al realizador Héctor Olivera, quien vendrá el viernes a nuestra provincia para un homenaje en el teatro Plaza.

Este referente de la historia cinematográfica argentina nos invita a dar un paseo por los recovecos de su memoria –sorprendentemente intacta a sus 80 años–, en la que centellean memorables anécdotas. Le cedemos la palabra.

–¿Qué siente que le han dado sus películas al cine argentino?
–Una noche estaba con Federico Fellini en el bar del hotel Rossia, de Moscú, tomando champán ucraniano (“proprio una merda”, según el maestro) y pellizcándome por estar con uno de mis grandes ídolos; el otro por supuesto era Ingmar Bergman. Cuando regresé a mi habitación y me miré al espejo me dije: “Tranquilizate. Ni Fellini ni Bergman hubieran podido hacer La Patagonia rebelde ni muchas otras que has hecho. Porque vos pibe, sos argentino, y ellos no. Respondiendo a la pregunta: varias de mis películas contienen testimonios históricos, políticos, sociales. Y me refiero también a algunas producidas por mí como El jefe y Plata dulce, de Fernando Ayala; Tiempo de revancha y Últimos días de la víctima, de Adolfo Aristarain, o las que realicé como director, como Las venganzas de Beto Sánchez, No habrá mas penas ni olvido, La noche de los lápices, El caso María Soledad y, más recientemente, Ay Juancito y El mural (ver aparte). Estos testimonios, estas obras que se han instalado en la memoria colectiva, son mis contribuciones a un cine argentino que, a lo largo de las décadas, ha justificado plenamente el apoyo que le ha dado nuestro público a través de la boletería o con su contribución al Fondo de Fomento Cinematográfico.

–¿Cómo ve el panorama cinematográfico actual?
–Muy preocupante. Este año ha habido muy pocas películas significativas y esas pocas no han tenido éxito de público, lo que confirma una situación que viene dándose en los últimos años: salvo excepciones, los directores y productores no hemos sabido conquistar, conmover o aunque solamente fuera entretener a nuestro público.

–A lo largo de su historia cinematográfica le ha tocado desempeñar múltiples roles, desde asistente de dirección hasta productor, ¿en cuál de ellos se siente más a gusto?
–Obviamente, en el de director. Cuando comienzo un rodaje les pido a todos que colaboren para que mi trabajo sea muy placentero no sólo por razones egoístas, sino porque el mal humor del director se trasmite a intérpretes y técnicos y eso afecta la calidad de la obra. En cambio, la labor del productor en nuestro país es, generalmente, un trabajo insalubre.

–¿Cuál fue la película que le dio más satisfacciones?
–La Patagonia rebelde, sin duda, aunque cada una, aun las fallidas, me han dado un grado de placer.

–Hablemos de la relación entre cine y política. ¿Todo cine es, de algún modo, político?
–De ninguna manera. Ciertas obras tienen que ver con una realidad política pero la mayoría no.

–¿Hay, además, un cine militante?
–Hoy, en la Argentina, no lo hay salvo, y en cierta medida, las documentales realizadas recientemente por Pino Solanas. El cine militante tuvo su momento en los años ’70.

–¿Cuándo fue su primer contacto con nuestra provincia?
–En 1949 nos contrataron a mamá como vestuarista y a mí como ayudante de dirección de Catrano Catrani para filmar en los estudios Film Andes, recientemente construidos en la localidad de Godoy Cruz. Fueron dos o tres meses inolvidables. La película era Lejos del cielo y el trabajo con el elenco de Buenos Aires (Juan José Míguez, Aída Luz y Santiago Gómez Cou) y con todos los mendocinos no pudo ser más placentero, con el añadido de la aventura de tener que pasar una noche en un refugio de montaña en Tupungato, a raíz de una tremenda e inesperada nevada. Además, para un muchacho de 18 flamantes años, parafraseando a Hemingway, “Mendoza era una fiesta”. Recuerdo que una noche, con mis amigas mendocinas Guevara y Amigorena, cuando a las 4 de la mañana cerró el cabaret Risabat, partimos a El Gaucho Florido, una especie de glorieta bailable donde se esperaba el amanecer. Éramos una mesa de seis a la que se acercó un borracho, se encaró con uno de los nuestros y le espetó: “¿Usted es Arizu?”. Ernesto, olfateándose la gresca, se puso de pie y en guardia. El compadrito agregó con una voz gruesa que olía a aguardiente: “Sepa que yo me cago en el blanco, tinto y clarete, Arizu”. Ahí mismo empezaron las piñas y El Gaucho Florido se transformó en un Far West Saloon. En fin, qué linda, qué divertida era mi Argentina de entonces…

–¿Volvió luego a Mendoza?
–Sí, con don Luis Sandrini. Vinimos para el estreno de En mi casa mando yo, una comedia con Malvina Pastorino y Olinda Bozán que había dirigido Fernando Ayala, conmigo en la producción ejecutiva. Fui al cine a ver como andaba la función “vermut”. Al rato regresé al hotel, subí a la habitación de Sandrini y le trasmití mi preocupación: “Menos público que el esperado y casi toda gente mayor. Don Luis: la próxima, que sea atractiva para los jóvenes. ¿Qué le parece un profesor de secundario?”. “Me gusta –me contestó–, pero que sea un hippie”. En ese momento nació El profesor hippie, un éxito enorme al que siguió El profesor patagónico, otro exitazo, y finalmente El profesor tirabombas, que tuvo menos trascendencia. Creo que porque nos equivocamos con el título.

–¿Usó alguna vez locaciones de Mendoza para un filme?
–Años después de lo que le cuento, por enfermedad de Fernando Ayala, lo remplacé en el rodaje de un par de escenas de Plata dulce. Se filmaron en la terraza del viejo y tradicional Plaza Hotel con Federico Luppi, Gianni Lunadei y Marina Skell. Fue una linda experiencia, aunque muy breve. Me hubiera gustado mucho realizar un largometraje en esta provincia, pero no se dio. Será cuestión de que, como ocurrió hace más de 60 años, algunos bodegueros se junten, constituyan una nueva Film Andes y me contraten como productor y director.

Cómo se gestó el filme "El mural"
–En Mirada Oeste de Mendoza se exhibirá su filme El mural, inspirado en Ejercicio plástico, del mexicano David Alfaro Siqueiros. ¿Qué lo motivó a encarar este proyecto?
–Comencé a conocer la fascinante historia de la familia Botana (para la que Siqueiros pintó el mural) cuando, de muy joven, ingresé como ayudante de dirección a los estudios Baires, fundados años antes por don Natalio (Botana, en ese momento director del diario Crítica). Cuando me inicié como productor y más tarde como director, reiteradamente con mi socio Fernando Ayala nos surgía la idea de hacer una película sobre los Botana y Crítica, pero el proyecto recién cuajó cuando, leyendo Confieso que he vivido, la autobiografía de Pablo Neruda, comprendí que la historia debía abarcar también al muralista Alfaro Siqueiros y su esposa, la poeta uruguaya Blanca Luz Brum, personajes tan fascinantes como Natalio y su esposa, Salvadora Medina Onrubia, tanto que cada uno de ellos podría ser motivo de un filme o de una serie televisiva. Además, la historia me daba la posibilidad de mostrar la Buenos Aires de los años ’30, llamada entonces “la París de Sudamérica”, con sus enfrentamientos políticos y su activa vida cultural.

Comó será Mirada Oeste 2011
La tercera edición del Festival de Cine y Artes Audiovisuales Godoy Cruz Mirada Oeste, que comenzó este domingo y se extenderá hasta el 11, tendrá como locación central el cine teatro Plaza pero, por primera vez, a esta sala se sumarán el espacio verde Menotti Pescarmona (que se verá convertido en un autocine express), Plaza Paradiso (en Chacras de Coria) y tres bares: La Interzona y Casa Babylon (Godoy Cruz), y Bar Latina, en la calle Arístides, de Ciudad.

Este año el festival, en el que se exhibirán 48 filmes, entre cortos y largometrajes, estará dividido en siete secciones: “Cine actual”, “Homenajes”, “Cine extranjero”, “Competencia nacional de cortometrajes”, “Muestras y capacitación” e “Intervenciones urbanas”.

Además, están previstas las visitas de personalidades destacadas a nivel nacional. Pablo Rago, Georgina Barbarossa y Raúl Taibo serán algunas de las figuras que participarán en el evento.

Comentarios