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Domingo 28 de Agosto de 2016

Volvieron a la B Nacional y jugaron un verdadero partidazo

San Martín de Tucumán y Argentinos Juniors igualaron 2 a 2 en el arranque del torneo de la segunda categoría del fútbol argentino.

San Martín de Tucumán apeló a su garra y amor propio para suplir la falta de fútbol y así logró igualar agónicamente, 2 a 2, con Argentinos Juniors, en el encuentro que marcó el regreso de ambos equipos a la Primera B Nacional y se jugó en el estadio de La Ciudadela con más de 20.000 personas en las tribunas que celebraron el empate como si hubiese sido un triunfo.

El conjunto de La Paternal sacó dos goles de ventajas a partir de sendos tiros de esquina que fueron capitalizados por Nicolás Freire y Jonathan Sandoval, quienes de cabeza vencieron a César Taborda, pero la historia cambió en los últimos 10 minutos cuando llegó el descuento de Gonzalo Rodríguez y el empate del debutante Rodrigo Moreira para los anfitriones.

El partido tuvo un momento clave ya que un minuto después de marcar el segundo gol de su equipo, Sandoval fue expulsado por doble amarilla y en ese momento el local inclinó la cancha hacia el arco defendido por Federico Lanzilotta, quien tuvo varias atajadas claves hasta convertirse en la figura del conjunto visitante.

Al ver cómo se escapaban los tres puntos, Diego Cagna realizó tres cambios ofensivos, decisión que terminó dando los frutos esperados ya que Matías García y Leonardo Acosta fueron los asistentes en las jugadas que culminaron con los dos goles de San Martín.

Un minuto después que Lanzilotta le sacara el gol con una intervención salvadora,"Turbo" Rodríguez se tomó el desquite al definir con un remate cruzado y despejó el camino para la igualdad que llegó sobre el final cuando Moreira, sumado al ataque, definió en el área chica al capitalizar un centro de Acosta.

El empate le quedó bien al encuentro porque Argentinos fue sólido y efectivo hasta la expulsión de Sandoval, mientras que San Martín fue el gran protagonista del encuentro en la media hora final y no merecía quedarse con las manos vacías.

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