Policiales
Jueves 09 de Abril de 2015

"Yo sé que pedir perdón no alcanza", afirmó un ex funcionario acusado de 40 violaciones a menores de edad

Javier Broggi, ex responsable de Cultura y Turismo de la localidad entrerriana de Urdinarrain y ex secretario del Colegio Nacional fue denunciado por algunas de sus víctimas

Javier Broggi, ex responsable de Cultura y Turismo de la localidad entrerriana de Urdinarrain y ex secretario del Colegio Nacional, está acusado a abusar de por lo menos 40 niños de entre 6 y 13 años, y luego de que la Justicia lo citara le escribió un email a un matrimonio cuyo hijo fue una de sus víctimas.
En el correo electrónico, que huele a manipulación y que fue publicado por la revista digital Análisis, Broggi reconoce que es culpable, pide disculpas y promete hacer un tratamiento.
A continuación, algunos párrafos del texto:
Nada peor que verlos con el corazón destrozado.
Se fue a la mierda mi imagen de amigo o de hermano. Se cayó mi cara oculta. Mi lado oscuro de mierda que tuve.
Yo sé que pedir perdón no alcanza, que nada alcanza. ¿Qué va a alcanzar?
Yo agradezco tanto que hayan sido tan valientes a pesar de la procesión que llevan. Yo no sé cómo se remedian estas cosas. Nunca creí que podía hacer tanto daño. No me cabe ni en mí. Si para ustedes era un hermano, para mí también eran mi familia. Digo era. Porque va a ser difícil que me miren con la misma cara. Yo no tengo temor en hacer todo lo posible para que su hijo no sufra.
No sé cómo. Pero hoy el dolor me llegó hasta los tuétanos.
Estoy como en el aire. Pero siempre me quedo en que el otro queda peor. Será que toda la vida tuve estas mierdas. Será que me volvió el pasado que no quiero.
Será, qué sé yo. Yo nunca voy a olvidar esta noche. No puedo olvidar las palabras y ese llanto sincero por alguien que les cagó la vida. Como si no hubieran tenido demasiado. Qué mazazo.
Este es el click que quizás necesitaba para darme cuenta de que tengo que tratarme. Que esas cosas terribles que hice hoy me avergüenzan. Pero sobre todo me hacen mirar hacia atrás. Soy una mierda, ya lo sé. Pero al menos quiero recomponer lo mínimo que pueda. Pedir perdón no va a alcanzar ni el día del arquero. Pero es la primera palabra que me sale.
Ahora sí que nosotros los de entonces ya no podemos ser los mismos. Nunca sé por dónde voy a empezar a recuperarme. No sé tampoco cómo me van a mirar mañana ustedes o los chicos. No quiero ser la víctima. Soy el que provocó –con mis mambos sin resolver– una situación que los derriba.
Creo que la mejor manera será hablar. Tratar de ayudar y que me ayuden. Yo siento por ustedes el mayor afecto. Eso no se puede diluir. Es quizás el punto de recuperar este pasado que hay que sacar. Vivir confundido es lo que siempre me mató. No es una vida fácil. Yo sólo quiero que vuestro hijo pueda hablar conmigo. Que me cuente para que me pegue y me haga descender al infierno que tiene que haber vivido. A lo que vive. A partir de esto, yo haré todo lo que sea.
Por lo pronto, para mañana suspendo las reuniones. Quedo a la espera. Un mensajito. Una llamada. Yo quiero que al menos mi corazón no se caiga más. Y menos el de ustedes.
Sé que puede parecer banal todo esto. Sé que es fácil escribir. Sé que la fama de convencer con palabras es un terrible estigma. Pero también sé, y lo asumo, que soy culpable.

Terrible
Los hechos por lo que se acusa a Broggi ocurrieron entre 1988 y 1995. Mientras todo transcurría como si nada, al menos alrededor de 40 niños sufrían los abusos sexuales de un ex funcionario del municipio muy reconocido por la comunidad.
Broggi fue  secretario del Colegio Nacional y responsable de Cultura y Turismo del pueblo hasta mayo de 2008. Sus blancos eran chicos de 6 a 13 años, quienes, al llegar a la adultez, denunciaron en la justicia los ultrajes padecidos.
La metodología era siniestra. Primero lograba la confianza de los matrimonios con chicos y después a esos niños los invitaba a su casa para hacer actividades lúdicas como ver una película, dibujar o mostrarles el último videojuego. En ese contexto, el hombre los tocaba y les eyaculaba en el rostro.
 "A mí me arruinó la vida; me cagó por siempre", dijo a la revista Análisis una de las víctimas. "Me enseñó a dibujar y aprendí con él. Empezó a abusar de mí cuando tenía 5 años y continuó hasta los 13, en que lo pude parar. Me decía que tenía que pagar con mi cuerpo todo lo que me daban mis familiares y hasta me hacía entender que estaba acordado con ellos, cuando era todo una mentira de él", agregó.
 "Javier ponía una película, se masturbaba y me ponía el pene en la cara. Me hacía arrodillar, para pasarme su pene. Conmigo se ensañaba siempre. Mis padres me mandaron como a diez psicólogos, pero nunca se me fue el odio que me generó. Javier me hacía sentir siempre como una basura; como el negrito del barrio, el piojo resucitado, mientras él era todo en la sociedad", dijo otro de los abusados. Recordó que abusó de él en la casa que tenía, pero también supo sacarle fotos en calzoncillos en el galpón de la estación de trenes donde Broggi enseñaba teatro. "A mí me arruinó la infancia. Me quitó muchas cosas que nunca más pude recuperar. Durante muchos años me despertaba con pesadillas; me levantaba llorando y temblando", relató.
 

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