Rusia 2018
Jueves 31 de Mayo de 2018

La mayor humillación de la historia para la Selección argentina

El Mundial de Suecia 1958, en el que Brasil se coronó como el mejor, fue un verdadero desastre para la albiceleste.

La Selección argentina vivió en el Mundial de Suecia 1958 la mayor humillación de toda su historia, y gran parte de esa situación se atribuye a la soberbia de jugadores, cuerpo técnico, dirigentes e hinchas que creyeron que la Copa estaba ganada de antemano.

Como lo indican los libros de psicología, un exceso de confianza puede ser perjudicial y más si se lo alimenta con resultados positivos ante la necedad de ver que los rivales no eran medida para establecer el verdadero potencial del conjunto albiceleste.

El elenco nacional había decidido no participar de los torneos de 1938, 1950 y 1954 por cuestiones dirigenciales, pero luego de 24 años llegó al país escandinavo con la obtención del torneo Sudamericano en 1957, lo que alimentó su ego.

Sin embargo, la realidad era otra, porque en esos años de ausencia, Argentina había jugado apenas diez partidos con equipos europeos y realmente no sabía cuál era la medida para creerse campeón de antemano.

Además, contaba con una base de jugadores que ya estaban cerca del retiro futbolístico y encima Enrique Sívori, Humberto Maschio y Antonio Angelillo, tres de los referentes de los "Carasucias" que habían logrado el Sudamericano no fueron cedidos por los clubes italianos.

Las muestras de soberbia se repitieron en la Selección, ya que el entonces presidente de la AFA, Raúl Colombo, desistió de pelear por la cesión de los futbolistas y creyó que había otros valores que los iban a suplantar muy bien.

Grave error. La Argentina se reforzó con jugadores del ámbito local y armó el equipo con la base del River tricampeón.

En las Eliminatorias no pasó zozobras, porque pulverizó a Bolivia y a Chile tanto como local como visitante, y venció en el país a Bolivia, que pudo conseguir una victoria en la altura de La Paz.

Ya en el Mundial, Argentina fue a parar al grupo 1 junto a Alemania, Irlanda del Norte y Checoslovaquia, que iba a propinarle una paliza histórica a los dirigidos por Guillermo Stábile.

En el debut, el elenco nacional –perdió en un sorteo y tuvo que jugar con la camiseta amarilla del Malmöe de Suecia porque las casacas eran parecidas- enfrentó a Alemania y con un gol de Oreste Omar Corbatta se imponía por 1 a 0, lo que hizo crecer el optimismo.

"Este Mundial es pan comido", se reiteraba en la concentración en Suecia, en cada casa argentina y hasta en los pasillos de la AFA.

Sin embargo, los alemanes empezaron a presionar y dieron vuelta el marcador para terminar con una victoria sin atenuantes por 3 a 1.

En su segunda presentación, el elenco nacional pareció recuperar el rumbo y se llevó el triunfo por 3 a 1, tras ir en desventaja. Corbatta de tiro penal, Norberto Menéndez y Ludovico Avio anotaron los tantos y le dieron una inyección de oxígeno al equipo.

En el cierre del grupo, Argentina y Checoslovaquia se jugaban el segundo puesto de la zona y por ende la clasificación.

Pero el elenco nacional no tuvo chances y recibió una paliza histórica tras perder por 6 a 1, que según los jugadores albicelestes pudo ser peor. Corbatta anotó la conquista del honor.

"Si ellos ponían un poquito más de ganas, nos hacían 8 ó 9 goles", sintetizó el arquero Amadeo Carrizo, quien junto al entonces veterano Amadeo Labruna y a Néstor "Pipo" Rossi fueron el blanco principal de los insultos y las agresiones de los hinchas argentinos al llegar al aeropuerto de Ezeiza, donde se los acusó hasta de "vendepatria".

"Fuimos con los ojos vendados, a ciegas. No estábamos preparados ni física ni tácticamente para afrontar tres partidos en una semana", remarcó Labruna.

El campeón del certamen fue Brasil, que logró su primer título de la mano de un joven atacante que recién asomaba y que se iba a convertir en uno de los dos mejores jugadores de todas las épocas: Pelé.

En cambio, Argentina redondeó una pésima tarea en aquel Mundial de Suecia, al que llegaron con la excesiva confianza de creerse ganadores sin haberlo jugado y se fueron tras haber realizado un verdadero papelón.