Deportes
Viernes 03 de Agosto de 2018

Un cordobés con estilo inglés

Osvaldo Ardiles, un infatigable mediocampista. De cuerpo delgado impuso su juego de desplazamientos veloces con una regularidad que le permitió ganar títulos.

Lucio A. Ortiz
ortiz.lucio@diariouno.net.ar

El flaquito de nariz grande comenzó a destacarse en Instituto de Córdoba por la capacidad física que le permitía correr más que a los demás niños. Cuando los otros compañeros de inferiores se cansaban Osvaldito quería seguir jugando. Nació el 3 de agosto de 1952 en Córdoba y el nombre de Osvaldo Ardiles comenzó a sonar en el gran equipo que armó Instituto en 1973 con Mario Kempes, Alberto Beltrán, el experimentado Daniel Willington, Miguel Oviedo, José Luis Saldaño ... De ese equipo salieron tres campeones mundiales en 1978.

Al otro año jugó en Belgrano y pasó a Huracán en 1975 para ser subcampeón dos años seguidos. Si bien su físico no impresionaba (medía 1,69 metros), su juego hacía todo lo contrario: del centro a la derecha del mediocampo demostraba tanto criterio para la marca como para el armado. "Mi posición era difícil de describir: una mitad de mí creaba, la otra defendía. No era un carrilero como los de ahora, sino un mediocampista neto que rara vez pisaba las áreas. Mi misión era liberar al 10 para que creara sin presiones", aclaró Ardiles en una nota para la revista de la FIFA. El apodo de Pitón se lo puso su hermano porque "en la cancha me movía como una serpiente".

Esa doble función le permitió destacarse rápidamente en Huracán, y no extrañó que en 1975 recibiera la convocatoria de César Menotti a la selección que se preparaba para la Copa Mundial de la FIFA que Argentina organizó en 1978. "César es la persona de la que más aprendí en el fútbol. Fue importante en mi formación y me inculcó sus principios: respeto por el espectáculo y tratar de jugar bien".

Osvaldo Ardiles en abril de 1982 era una de las estrellas de Tottenham Hostpur, de Inglaterra, junto a Ricardo Villa y se encontró ante un dilema imposible de anular. En Argentina algunos lo consideraban un traidor y en Inglaterra, su casa adoptiva, sentía que no lo querían. En esos tiempos, el mediocampista argentino, que en 1978 había sido una de las piezas clave del equipo de Menotti que fue campeón mundial, sabía que el 2 de abril de 1982 empezaba un conflicto interno que no iba a terminar hasta después de la guerra de las Malvinas.

Decía Ossie, como lo llamaban lo ingleses: "Antes de que se iniciara el conflicto, yo estaba jugando el mejor fútbol de mi vida. Si no hubiera pasado, hubiese sido el mejor jugador de Inglaterra". Fue contratado por Tottenham en 1978, después de su gran Mundial. Por su forma de ser, humilde y silencioso, trabajador y solidario, no le costó demasiado adaptarse al fútbol de Inglaterra. Hablaba un inglés elegante y refinado.

Lucas Bertellottio escribió para goal.com: "El partido del 3 de abril, ante Leicester planteó el panorama. Cada vez que Ardiles o Villa tocaban la pelota se venían los silbidos y abucheos. Pero los hinchas de Tottenham reaccionaron de otra manera. "¡Argentina! ¡Argentina!".Una bandera se hizo famosa: "Argentina se puede quedar con las Malvinas, nosotros nos quedamos con Ossie". Pero la grieta estaba demasiado marcada. "Las heridas de la guerra estaban muy a flor de piel, yo lo sentía así", dijo Ardiles.
Ardiles tomó la decisión. No quedaba más lugar para Ossie. En ese tiempo, sólo se podía ser "Osvaldo".

"Nunca jugué tan mal en mi vida. Mentalmente estaba destruido. Me costaba hacer lo básico", dice. Su declaración para la televisión británica fue muy clara: "Al final del día... no puedo jugar en un país que está en guerra contra mi país...no lo puedo creer, todo me parece increíble". En junio de 1982 pasó a París Saint Germain (1982/1983); volvió a Tottennham, de 1983 a 1988, y siguió jugando en Blackburn Rovers (1988); Queens Park Rangers (1988/1989); Ft. Lauderdale Strikers (1989) (EE.UU.) y Swindon Town (1989), de Inglaterra, en donde fue jugador y comenzó su carrera como DT.

Para Ardiles la guerra de las Malvinas le dejó una huella dolorosa en su familia. En un documental se lo muestra cuando va a la plaza San Martín, en Buenos Aires, donde aprecia el paredón de los caídos en la guerra. Ahí llega el primer golpe. Busca entre los más de 600 nombres y lo encuentra: José Leónidas Ardiles. "Ahí está, ahí está mi primo", dice. En el medio de su conflicto interno, se encontró con otro sacudón, todavía más duro. Ver su apellido en el mármol frío feo otro golpe. Lloró. Y no pudo hablar más.
Ardiles marcó una época en el Tottenham (ganó la Copa de Inglaterra 1981 y 1982 aunque no disputó la final por estar con la Selección).