Lunes 01 de Abril de 2019

Dónde está Brian, el misterio que late desde 2001

Uno de los casos policiales más misteriosos en la historia de Mendoza

Autor: José Luis Verderico

El jueves 8 de febrero de 2001 hacía muchísimo calor en Maipú pero Hortensia, vecina del barrio Buenos Vecinos, decidió que nada le impediría mirar el capítulo estreno de El sodero de mi vida, simpática y ligera historia de amor entre los personajes de Andrea Del Boca y DadyBrieva.

La mujer apagó el televisor una hora después y sacó una silla al patio. Y este calor que no afloja, pensó, secándose el sudor que le corría por el cuello. Aquella noche el silencio era tan profundo que la mujer creyó que se había quedado sorda. Estaba todo tan quieto que tuvo miedo de que la tierra temblara. Ni un perro ladraba. Hasta que ese silencio fue quebrado súbitamente por un grito desgarrador, un grito de madre, de madre despojada, un grito mezclado con llanto. Como un aullido. ¿Dónde estás Brian?, clamaba, cerca de allí, Elizabeth Barros, la madre de un bebé llamado Brian Irusta.

Brian fue visto por última vez ese día de verano. Tenía un año y medio y desapareció como por arte de magia. Abracadabra. No estaba por aquí ni por allá. Ni en la vereda de la casa del barrio Buenos Vecinos junto al hermano, como antes de desaparecer, ni en la cocina. Tampoco en las piezas ni en el patio. Ni en los vecinos y tampoco en el cauce del canal Pescara, luego minuciosamente recorrido por tomeros, especialistas y policías.

Sus juguetes, tirados por ahí, esquivados por desesperados pies adultos que iban y venían, eran la síntesis perfecta de la desolación.

¿Dónde estás Brian?, se preguntaron mil veces funcionarios policiales y judiciales. Y la búsqueda se potenció a través de Missing Children, institución dedicada a buscar chicos perdidos. O robados. O asesinados. O vendidos. O raptados.

Todas estas hipótesis calzaron a la perfección para el caso Brian Irusta en algún momento de su largo derrotero. Aquel bebé sería hoy un muchacho de 19 años. Dónde está sigue siendo el misterio.
Reencuentro

Diario UNO había entrevistado a la madre el 19 de abril de 2001 en los tribunales provinciales, en ese momento expectantes por la condena a Marily García por el asesinato de los padres envenenados con un plaguicida. Esta semana volvió a hablar con ella en Maipú, a la salida de un local comercial, camino de la casa, la misma donde Brian fue visto por última vez.

El rol de la Justicia

Marcos Pereira es hoy juez de Garantías pero en 2001 estuvo a cargo de la investigación por la desaparición de Brian, ese bebé tan sonriente de unos pocos dientes y de cabellos enrulados que aparecía en todos lados: en los noticieros, en las páginas de los diarios impresos, en los sitios de internet y en decenas de panfletos distribuidos por Maipú y zonas limítrofes, pero que -vaya paradoja- no estaba en ningún lado.

Un niño se había perdido en Mendoza. Como Yoryi Godoy en mayo de 1996, en las primeras horas de la denuncia. Entonces la sombra de la sospecha se posó sobre Elizabeth Barros y Andrés Irusta. Mendoza ya había sido engañada por los padres de Yoryi. Otra vez no, se dijeron el juez y el Jefe de Investigaciones, Carlos Chávez. Y buscaron durante semanas. Durante meses. Sin embargo, hoy la única certeza sobre Brian es la incertidumbre de no saber si está vivo o muerto.

Hace 18 años que el DNI y la partida de nacimiento de Brian permanecen guardados en la caja de seguridad de aquel Quinto Juzgado de Instrucción, hoy con diferentes tareas desde lo judicial. "Nunca pude recuperar nada de mi hijo", se queja la madre, cuya conversación con Diario UNO en plena calle alborota al vecindario.

El padre

Andrés Irusta tenía 30 años cuando su hijo Brian desapareció y para Barros fue responsable de todo. "Mi marido vendió al bebé. Él lo tiene", gritaba ella en 2001 para quien quisiera escucharla. Hoy sigue pensando lo mismo.

El hombre se defendía públicamente diciendo que la esposa lo acusaba porque "estaba malpor lo del niño" y que él sabía que estaba bajo investigación. "Hace dos meses que tienen mi teléfono pinchado", se quejaba de los pesquisas.

La postergada separación de la pareja metía la cola en un caso gravísimo y eso no ayudaba en nada, coincidieron analistas judiciales de la época. Brian estaba en el medio de un reparto de culpas y reproches pero seguía sin aparecer.

Todo pasa por las redes

Son tiempos de hiperconectividad. De multipantallas urgentes. La madre de Brian también lo vive así y se vale de las redes sociales para recordar al hijo. Lo hace con fotos y posteos. Con videos. Mensajes. Promesas. Si hasta el equipo de Facebook dedica parte de su trabajo al niño.

El 9 de febrero último, cuando se cumplieron 18 años de la desaparición, Barros escribió: "Te amo hijo. Jamás me olvido de ti, Brian (...) la gente me sigue preguntando (...) lucharé para que aparezcas Brian...".

Lo hizo con la esperanza de que las redes sean el vehículo justo para revelar alguna pista, instalar alguna duda o motivar algún contacto desde alguna parte del universo informático, ese nuevo mapamundi que habitamos.

Pero también con desesperación y dolor. El mismo dolor y la misma desesperación que sintió aquel agobiante jueves de 2001 en Maipú porque su bebé había desaparecido de la faz de la tierra como por arte de magia dejando incertidumbre y una duda que todavía carcome, como un ácido: ¿Dónde estás Brian Irusta?

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