Rusia 2018
Domingo 08 de Julio de 2018

La vida en Rusia

La Selección se volvió a casa, pero Lucio Ortiz sigue sus andanzas en Moscú. Los detalles de su viaje.


Por Lucio Ortiz - Enviado especial a Rusia



La vida diaria en Rusia, sobre todo en Moscú, nos ha permitido descubrir distintos aspectos al caminar por las calles o entrar en el mundo del metro con sus fabulosas estaciones.

El diálogo o comunicación con gente rusa, mediante un inglés básico, el traductor del teléfono o las señas, nos dio detalles de algunos gustos o curiosidades, que nos llamaban la atención.

Y las vamos a contar en bloques.

Las flores

En Rusia sienten un aprecio especial por las flores. Lo notamos por la gran cantidad de florerías que existen en cada lugar como estaciones de metro, supermercados, centros comerciales y casi en cada cuadra. En los edificios, monumentos, plazas y por supuesto en los lugares más visitados por los turistas hay grandes jardines con formaciones florales.

La tradición de regalar flores es muy fuerte y se dice que en las primeras citas románticas el varón debe llevar flores de regalo. Son creencias tradicionales y puede tomarse como una falta de atención y ofensa si no las lleva. Se puede ver a gente en los transportes públicos con grandes ramos. Es un regalo que se hace en cualquier festejo.

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La gente casi no sonríe

La gente rusa sonríe solamente cuando ve o saluda a una persona conocida, o está coqueteando, o realmente le divierte algo o está muy alegre. Nos costó entender por qué los empleados de hoteles o los guardias en las estaciones no esgrimían ni un gestito de alegría.

Los rusos no sonríen por cortesía o a la gente desconocida, y no hay que tomárselo mal, no significa que están enojados, simplemente es la costumbre social. Nos decía una persona en una charla, con una cerveza. "¿Por qué tengo que sonreír? Yo hago mi trabajo con seriedad y lo hago bien. No tengo que tener ningún gesto de simpatía".

Pero todo tiene su límite o excepción y logramos sacarle sonrisas, de tanto insistir en el saludo, a los guardias en los hoteles o los conserjes.

Las calles y veredas

No hay distinción entre las veredas o las calles en la mayoría de los lugares. El gris del asfalto predomina. Uno camina cerca de los edificios en lo que sería la vereda y pasa un auto al lado o estaciona. Además, es notable la vida subterránea que existe, con los túneles para cruzar avenidas o comunicarse con las estaciones del metro. Por arriba no se puede y lo impiden los vallados. Sólo en los lugares permitidos los semáforos marcan el paso de los peatones en verde e indican la cantidad de segundos para hacerlo. Todos lo respetan. Los autos circulan a mucha velocidad y están los troles, los metro-tranvías y los ómnibus con sus vías de circulación. O vas por el túnel o no se cruza.

Los monopatines y bicicletas

Abundan los rusos de todas las edades que se desplazan en monopatines por las calles utilizando esos elementos impulsados con motores a batería. Asustan por las velocidades que alcanzan y nunca alertan con silbidos, gritos o bocinas que se aproximan desde atrás. Varias veces me sorprendieron y me sacaron algún insulto en argentino. Con las bicis pasa lo mismo.

Heladerías y baños

Las heladerías están en su mayoría en puestos en la calle. Son quioscos que están cerca de las estaciones, parques o plazas. También están los baños públicos cerrados herméticamente a los que se puede acceder mediante el pago y se realiza con un sistema de cajero automático.

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Sin zapatos

Al entrar en una casa o departamento ruso hay que quitarse los zapatos o zapatillas. Los dueños de casa prestan las pantuflas. El cambio del calzado se hace para no ensuciar la casa con la suciedad de la calle, ya que por el clima en invierto y otoño, hacen que el calzado esté sucio.

También es normal y de buena educación llevar algún regalo. Lo más común y normal es un ramo de flores para la dueña. Para alguna ocasión, se puede llevar una tarta, una caja de bombones, pasteles, otras cosas dulces o una botella de vino o licor, que serán consumidos entre todos.

O sea que los rusos son generosos y sonríen cuando uno deja de ser un desconocido.