Mendoza
Jueves 22 de Noviembre de 2018

Javier Calamaro quiere llevar su música hasta el Aconcagua

El músico, en compañía del actor Facundo Arana y otros amigos, buscará llegar a la cima el 10 de diciembre.

Colgado de los pies con un arnés y con la cabeza hacia abajo, a centímetros del suelo, Javier Calamaro (53) dice en un video publicado el 18 de noviembre en su cuenta de Twitter: "Es difícil que yo, bajo estas circunstancias, intente explicar la relación entre estar cabeza abajo y una expedición al Aconcagua. Otro día con más tiempo lo hacemos".

Quizás fue uno de los tantos entrenamientos que el músico realizó durante este año para hacer cumbre en el Aconcagua (6.962m), lo que comenzará a materializar desde mañana junto al actor Facundo Arana y otros amigos músicos.

MENDOZA. Cumbre solidaria. 2 de noviembre. El actor Facundo Arana llegó a la cima del Aconcagua, como parte de la campaña que desde hace años sostiene en favor de la donación voluntaria de sangre.
El actor Facundo Arana llegó a la cima del Aconcagua.
El actor Facundo Arana llegó a la cima del Aconcagua.

"En marzo me junté con Facundo y empezamos a cranear todo esto. Es una historia muy linda, porque él me convirtió en montañista. Yo no tenía intenciones de hacer ascensos ni enloquecerme ni hacerme adicto a la montaña", comentó a Diario UNO el músico sobre su relación con Arana, quien sí tiene experiencia en este tipo de aventuras.

"Facundo es un tipazo y para mi fue una sorpresa conocerlo, me hizo muy bien. Me metió el chip de la montaña en la cabeza y es la mejor terapia que conocí", contó el músico antes de viajar a Mendoza, donde hoy brindará una conferencia de prensa para anunciar algo más que prefirió mantener en secreto. "Sino no tiene sentido que vaya", dijo con un sonrisa y de muy buen humor.

–¿Desde cuándo estás entrenando?
–En abril hice mi primer viaje a Vallecitos y después iba todos los meses. Me comí el invierno, con temporales en los que prácticamente no podíamos hacer nada.

–¿Fuiste a otros lugares?
–El mes pasado fuimos a La Rioja y a Catamarca, donde se encuentran Los Seismiles (unas 20 cumbres que superan los 6.000 metros de altura), en la Ruta Nacional Nº 60. Hicimos varios cerros en ocho días. A esta altura tengo unos 15 escalados.

–¿La idea es hacer algo de música en medio de la montaña?
–Vamos a llevar guitarras, cuadernos en blanco y bolígrafos para inspirarnos, porque el último viaje lo hice cargando una guitarra y lo que pasó fue maravilloso. Nos van a acompañar un par de amigos músicos y vamos a ir tocando en todas las paradas y grabando todo lo que pase, pero para nosotros.

–¿Te ha beneficiado para la salud conocer la montaña y sobre todo el entrenamiento que has tenido?
–Lógicamente me ha ayudado. Estuve entrenando prácticamente todos los días, seriamente, y eso se notaba en cada viaje. En cada ascenso le iba ganando a la altura. No me lo tomé como un desafío, sino como una manera de autosuperación. Si tengo que definir lo que a mí me hace la montaña, es la autosuperación. Y tiene todo un condimento místico que es realmente muy fuerte. Hay sensaciones maravillosas y pensamientos muy altos que me vienen en la montaña. Escribo sin parar, siento que muero y vuelvo a nacer... Es una gran musa.

–¿Te resultó muy difícil esta vida de montañista?
–Hay un concepto que yo manejo permanentemente y la agonística y la mística. La primera es eso que te dicen los guías de montaña, cuando los contratás, estás subiendo y te dicen 'bancate la agonística'. Es convivir con esa cuota de sufrimiento y de dolor.

–¿Tuviste que dejar la música de lado o pudiste complementarlo?
–Sigo con mis conciertos y grabando. De hecho ahora estoy grabando un tema por mi parte y otro con Los Guarros, con invitados. Pero lo estoy dejando para después del 10 de diciembre, al regreso.

–¿Hay algún punto de comparación entre escalar y componer o cantar?
–La música tiene mucho que ver con esto. En un momento me planteé que no es la montaña, sino que es la música en la montaña. Por eso ahora estamos yendo con dos guitarras y armónicas, porque esa es la raíz, lo que hacíamos de chiquitos. Nosotros teníamos una guitarra y es lo que nunca dejamos de hacer.

–¿Tocar en medio de la naturaleza se puede comparar con aquellas veces que cantaste abajo del agua?
–Esto es más que tocar en el medio de la naturaleza. Eso lo hice varias veces y bajo distintas circunstancias. Digamos que esto sería en lugares extremos de la naturaleza. Las dos veces que canté abajo del agua me pasaron cosas muy fuertes, sobre todo para un ateo, porque de alguna manera se empieza a creer en algo. Tiene una cuota mística que es muy potente.

–¿Cómo definirías esa mística?
–Me pasó las dos veces que estuve en una burbuja y muchísimo en el último viaje por La Rioja y Catamarca, de estar cantando y sentir que no podía dar un paso más y que me quedaba sin aire, pero a los 20 minutos estaba cantando, cantando y cantando, como que descargaba todo por ahí. Y después, escribiendo mucho y con una conexión muy fuerte con la gente en la montaña. Me pasó de estar escribiendo algo con un tipo que no sé ni dónde vive y del que sé el nombre de pila, nada más. Lo conocí en el Paso San Francisco, que es la puna catamarqueña, y esa misma noche estábamos conectados y escribiendo una misma cosa.

-Ascenso. El viernes irán a Penitentes y el sábado a Las Cuevas, para ese mismo día partir rumbo a Horcones y posteriormente a Confluencia, para encarar el ascenso al pico de América. La idea es hacer cumbre el 10 de diciembre.