Mendoza
Domingo 28 de Octubre de 2018

María es la mendocina que participó una de las feria más importantes del país

Actualmente desarrolla su línea Trapos, bolsos sustentables, realizados con descartes y retazos de distintos géneros.

Llalin Kushe se llama la araña vieja, es la Nguen (dueña del hilado) para los mapuches. Y es, además, la protectora de las Ñerefe (tejedoras) de las fuerzas negativas que las impulsan al error. Ese parece ser el origen, para los mapuches de la Argentina y Chile del don del hilado. El que recibió, casi sin buscarlo, la mendocina María Cicchitti, una de las diseñadoras convocadas para participar en PuroDiseño, la feria de diseño más importante del país.

"Empecé a aprender telar buscando un hobby y hoy es mi profesión", afirma.

Su taller de Chacras de Coria parece realmente el de una araña. Hay hilos de todos colores cruzando la espaciosa e iluminada habitación, cuatro o cinco telares en funcionamiento, retacitos de telas, muebles como los de las abuelas, llenos de cajones que guardan tesoros. En ese espacio, teje abrigos, mantas y bolsos que salen de su creatividad e investigación.

Si bien el de María es un colorido caos de hebras, ninguna parece estar puesta al azar. Cada hilo conduce al camino de la trama, que termina siendo una construcción estética original. Todo eso le sucede sin premeditación. María es su tejido. Y no sería sin él, como una araña no existiría fuera de su tela.

Primeras hebras

El primer contacto que tuvo María con el tejido fue visual. "Fue en la casa de una compañera de la escuela. Su mamá, Beatriz Báez, quien terminó siendo la que me enseñó a tejer, hacía tapices al telar. Vi sus creaciones y me llamaron la atención. Pero en ese momento, no se me ocurrió que terminaría dedicándome a esto", relata.

Cierto que su vida terminó dispersándose entre otras actividades artísticas y laborales. Fue bailarina en el estudio Fusari, integró ese cuerpo de danza, y también se desarrolló como empleada en una empresa. También estudió Turismo. La maternidad le llegó casi por partida doble, con poco tiempo de diferencia.

"Yo trabajaba muchas horas por día y no podía hacer eso con dos niños de uno y tres años. Entonces, decidí quedarme en mi casa por un tiempo. Pero necesitaba hacer algo, buscar una actividad más bien como un hobby", cuenta.

María cuenta que un día entró en una mercería de Chacras, un negocio de esos de antes, como de barrio. "En una vitrina, vi un cartelito, que decía 'se dan clases de telar'. Y me anoté. Fui porque sí, porque las clases eran los miércoles y ese día mi mamá se podía quedar con los chicos, no esperaba nada la verdad. Fui a probar", expresa.

Se ríe porque se acuerda que en ese momento, "se me rió toda la familia, nunca había ni pegado un botón. Me había dedicado a hacer carrera en la empresa, estudiaba francés en la universidad. Nada que ver con el diseño".

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<b>La hilandera.</b> Entre hilos, lanas, telas, telares y el sonido de los pájaros ha construido María su taller en Chacras.
La hilandera. Entre hilos, lanas, telas, telares y el sonido de los pájaros ha construido María su taller en Chacras.

Tejer la vida

–¿Qué es lo que te subyuga de tejer? ¿Qué te da el tejido que no te dan otras actividades?
–La verdad es que cuando empecé con esto, no sabía que me iba a gustar tanto. Pero el telar tiene algo así como muy amable con la persona que recién está aprendiendo: ves muy rápido los resultados. Y eso me llevó a que me entusiasmara y comenzara a experimentar. Eso también es parte de mi trabajo: la experimentación y la investigación.

–¿Alguna vez has querido dedicarte a otra cosa dentro del mundo creativo, artístico?
–La verdad es que no. Me encanta el telar, me encanta lo que puedo producir y crear. Sí he hecho otras cosas, pero este es mi ámbito.

–¿Te gusta enseñar?
–Sí, es algo que me gusta mucho, me engancha ver los avances de mis alumnas. Vienen a una clase y entienden la técnica y a la segunda clase ya están tejiendo. Eso es muy gratificante.

–Me dijiste que tuviste una gran maestra, ¿cómo fue esa etapa?
–Fue difícil al principio. Como te dije, ella era la mamá de una compañera mía del colegio. Yo tenía ese recuerdo de haber visto los tapices en su casa ,y cuando empecé con la técnica del telar y quise seguir aprendiendo, la contacté. Ella no quería enseñar, me dijo que ya hacía tiempo que no lo hacía.

–Pero finalmente te terminó enseñando.
–Sí, ¡pero la remé en dulce de leche! Porque de verdad ella ya había cerrado la etapa de dar clases. Después de muchas gestiones, me aceptó. Primero fui su alumna, me pasaba toda la mañana con ella. Tenía un taller hermoso. Fue la única que me pudo enseñar a manejar el telar de pedales, porque no hay mucha gente que sepa hacerlo.

–¿Con ella trabajaste mucho tiempo?
–Fui su asistente y su socia. Me encantaba trabajar con ella, era muy grosa haciendo tapices. Había aprendido la técnica en Colombia. Era muy innovadora para su época. Después ella se enfermó y ya no quiso seguir. Luego falleció y tuve que comenzar a trabajar sola. Pero el resultado fue buenísimo, ella me dio las herramientas con las que yo después pude expresarme en mi trabajo.

Trapos

María teje, literalmente, con trapos. Por eso la línea de bolsos, con la que se ganó un lugar en el diseño local y nacional, se llama así.

"Tejo con los retazos de telas que me dan mis amigas, algunos que consigo en las sederías, son los restos de géneros que quedan y no se pueden vender. Esa es mi materia prima y lo que me inspira para trabajar", detalla.

De esa combinación de trapitos, de cintas, de hilos y lanas va surgiendo casi un idioma que se convierte en un objeto, porque tejer también es nombrar un mundo que existe sólo por su trama. Así como un lenguaje se teje con palabras.

Sacar el telar a la calle

Su trabajo fue reconocido en el ComeCoco –evento anual que organiza la dirección de Industrias Creativas de Mendoza– y por Cecilia Bunge, directora del Centro de Estudios Culturales (CEDEC) de Buenos Aires. "Esa fue una experiencia maravillosa y muy enriquecedora para mí. Cecilia vio mi trabajo y me dijo que tenía que ponerle todo para desarrollar mis bolsos. Y así lo hice, porque realmente me da mucha satisfacción el producto terminado", asegura.

Sin embargo, reconoce que es muy complicada la línea de producción artesanal en Argentina.

"La parte creativa es hermosa, pero después tenés que sacar los productos del taller, mostrarlos y venderlos. Esto es parte del trabajo y no es tan sencillo", aclara.

También tiene una mirada crítica con respecto a la tendencia de publicitar la producción a través de las redes sociales. "De qué sirve que tu trabajo tenga un millón de likes, si después no concretás una venta?", dice. En este sentido, María tiene propuestas innovadoras, que van más allá de exponer el resultado del esfuerzo diario en Instagram o Facebook.

"Yo quiero sacar el telar a la calle, que la gente pueda ver el proceso y se enganche. Estoy pensando qué marco darle para que ese hecho se sustente, pero es una idea que me da vueltas en la cabeza y quiero concretar", adelanta a este medio.