Mendoza
Domingo 31 de Diciembre de 2017

Mensaje para 2018: "Hay que mantener el orden, no aflojar"

El gobernador Alfredo Cornejo cerró uno de los años más fecundos de su carrera política. Tras liderar el triunfo electoral de octubre en Mendoza y acceder a la presidencia de la UCR, terminó de consolidarse como una figura nacional

En 2015, Alfredo Cornejo fue el Mendocino del Año para Diario UNO tras ganar la gobernación. En 2017 levantó aún más la vara: se puso al hombro una campaña política ganadora en octubre, logró imponer gran parte de su agenda pública y culminó como presidente nacional de la UCR. En términos futboleros, se llevó el botín de oro.

–A usted no le gustan los políticos verseros. Por eso creo que, sin falsa modestia, debe considerar acertada esta nueva distinción de Mendocino del Año.
–Es verdad, no me gusta el verso. Por eso quienes me conocen saben que los títulos espectaculares me incomodan y que considero a la nominalidad una forma torpe de liderar equipos exitosos. Jamás podría considerarme en semejante lugar. En todo caso, agradezco la generosidad de los que lo han entendido así.

–Ganó las elecciones y llegó a presidente de la UCR. ¿Cuál de los dos logros valora más?
–Ambos resultados van de la mano y son productos del trabajo serio que venimos realizando para reparar Mendoza luego de años de malos gobiernos. El primero es el reconocimiento de la ciudadanía sobre un rumbo de orden, previsibilidad, austeridad y trabajo para que la provincia vaya progresando.

–¿El horizonte radical es recuperarse como partido o se va a ir asimilando en Cambiemos?
–En esta etapa el partido es más Cambiemos que radicalismo PRO. La coalición ganó, no por resultados económicos, que aún no se ven, sino por la expectativa de la ciudadanía sobre Cambiemos, no sobre los partidos que son sus integrantes.

–Pasemos a su gestión. ¿Qué cree que hizo bien o muy bien este año?
–Fuimos consecuentes con los planes que anunciamos a la ciudadanía. Lidero un gobierno que cumple. Eso es clave para mirar nuestra gestión.

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–¿Sobre todo en qué cumplieron?
–Sobre todo en la lucha diaria que estamos dando para mejorar los servicios públicos, empezando por la seguridad. Por otra parte, hoy hay una relación madura con la Nación, tal como los mendocinos reclamaban, cosa que nos está permitiendo avanzar en infraestructuras esenciales que habían sido olvidadas años atrás. A Mendoza se la ha empezado a ver con buenos ojos e incluso es referencia en algunas políticas como las que disminuyen el ausentismo docente o las que buscan orden fiscal, por mencionar algunas.

–¿Cuáles han sido los principales errores del gobierno de Macri?
–El principal error de Mauricio Macri es no haber sido categórico y directo, desde un principio, para decirles a los argentinos que la salida de la difícil situación en la que nos dejó el gobierno de CFK iba a requerir mucho esfuerzo de la mayoría de la población. Años de relato populista han calado hondo en la cultura cívica argentina.

–Un error comunicacional grosero fue el de la reforma previsional.
–Lo que pasa es que nadie ha traído una idea sobre la reforma previsional que no sea demagogia. Por lo tanto lo podrían haber previsto y comunicado mejor. Son un poco cándidos.

–Hubo casos como el de Maldonado, el ARA San Juan o el debate previsional. ¿Cuál fue el peor?
–En el caso Maldonado, que es una historia triste como siempre que muere un joven sea por la razón que fuere, vimos una oposición que intentó manipular los hechos con un cinismo pocas veces visto, sólo para ver si mejoraba sus posibilidades electorales. Realmente miserable. Mintieron de manera vergonzosa tal como demuestra el esclarecimiento que ha ido haciendo la Justicia. No es casual que sean los mismos sectores que más tarde llevaron la violencia a la puerta del Congreso para alterar la normalidad del debate democrático.

–¿Qué reflexión le merece esa violencia desatada por un sector?
–La violencia y la mentira son los recursos que tienen los que son incompetentes para gobernar en el marco de la democracia.

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–En lo personal, ¿qué lo ha amargado este año?
–Pocas cosas me amargan porque si uno se amarga se nubla. Sí me conmueven profundamente los problemas de la gente, como la falta de trabajo, la inseguridad o los problemas asociados a la niñez.

–Si a usted le hubiera tocado elegir al Mendocino del Año, ¿a quién hubiera puesto en el podio?
–A los maestros que cumplen, comprometidos con darles calidad a la educación de nuestros chicos; a los trabajadores de la salud que cubren con igual responsabilidad las guardias hospitalarias; a los policías que combaten el delito con profesionalidad; y a los privados que producen, arriesgan y no especulan. Es decir, a todos los mendocinos que están dispuestos a dar lo mejor de sí donde otros mendocinos los necesitan.

–Pregunta filosófica: ¿por qué, pese al progreso científico, el mundo es cada vez más injusto?
–Es una pregunta que no ha tenido una respuesta práctica. Pocos países han mejorado su distribución del ingreso. Un estudio emblemático del MIT compara cuatro países que han crecido sostenidamente durante dos décadas y media al menos: Ecuador, Chile, Malasia y Singapur. Los dos primeros lo hicieron sobre la base de recursos naturales con escaso valor agregado como el cobre y el banano. Mientras tanto, Malasia y Singapur lo hicieron gracias a las industrias del conocimiento.

–¿Y quiénes mejoraron más su distribución del ingreso?
–Malasia y Singapur, claro. Y si bien Chile ha mejorado, pues tiene una clase media más grande, también tiene ricos cada vez más ricos y no ha podido sacar a mucha gente de la pobreza estructural.

–¿Y nosotros?
–Tuvimos muchísimas oportunidades, porque crecimos durante varios años, y sin embargo tenemos niveles de pobreza y de distribución del ingreso bastante desiguales.

–¿Qué errores hemos cometido como provincia?
–Malas administraciones que han hecho que el Estado se parezca más al de las provincias del Norte, con superpoblación de empleados públicos, en vez de tener una provincia más pujante con fortalecimiento de su sector privado, que ha sufrido mucho aquí. Si no, estaríamos mejor preparados para la etapa que viene.

–¿En qué momento la cosa se empezó a deteriorar seriamente?
–Cuando dejamos de ser cuidadosos con las cuentas fiscales. En parte, fue después de la crisis de 2001.

–Después de Roberto Iglesias...
–Sí. Con Iglesias se hizo un ajuste, que no fue invento de él. Fue obligado por las circunstancias, por el ajuste general de la economía. Pero fue bastante cuidadoso y respetuoso, en el marco de la crisis, para no deteriorar sus cuentas fiscales. Después vino una época de bonanza, que alcanzó a los dos gobiernos que le siguieron, uno radical y otro peronista, y se relajó la conducta fiscal. Ahora nos está costando salir de eso.

–¿Qué necesita Mendoza, a partir de esta experiencia?
–Que su elite política, elite en el buen sentido, junto con su elite empresarial y sindical, sea capaz de encontrar un alto consenso para un desarrollo sostenible.

–En la industria del conocimiento hay buenos ejemplos, ¿no?
–Claro. Como el de Belatrix. Desde Mendoza, se ha vuelto una empresa transnacional.

–Supongo que ya conoce acabadamente a sus comprovincianos. ¿Cómo es el mendocino medio?
–Lo caracteriza el esfuerzo. La aridez es su característica. Hacer crecer los cultivos en Mendoza es esforzado. Estar lejos de los puertos más importantes, para llevar los bienes que producimos, es esforzado. Ser montañés es esforzado. Ahora bien, se ha ido perdiendo eso como cultura general, colectiva. En las últimas décadas impera aquello de vivir con el menor esfuerzo posible. Se ha transformado en una bandera. La cultura nacional se volvió más de derechos que de obligaciones.

–¿La gobernación le ha hecho ganar o perder amigos?
–Mantengo mis amigos de la primaria y la secundaria, y uno que otro de mi pueblo. Los 6 o 7 que tenía. Luego encontré varios amigos en mi paso por la Franja (Morada) y en la militancia. También en la política.

–¿Distingue a los chupamedias?
–Sí. Siento que la clave de gran parte de los logros obtenidos está en rodearse de gente más inteligente que uno y saber conducirla.

–¿Como quién?
–Como Dalmiro (Garay), a quien le llevo unos diez años. Lo mismo que a Martín Kerchner o a Lisandro Nieri. Tipos, para mí, muy jóvenes. Nombro a estos tres, consciente de ser injusto con otros. Pero es un gusto interactuar con ellos.

–Nieri, el ministro de Hacienda, dijo que 2016 fue para ustedes el año del ordenamiento, 2017 el de la transición y 2018 el del desarrollo y la inversión. ¿Es correcto?
-Sí. Es una cuestión de secuencias. Hoy en día lo fiscal está relativamente controlado. No ha sido fácil y no lo será en el futuro, porque también hemos tomado riesgos, como bajar impuestos o firmar al pacto fiscal 23 provincias. Eso nos hace corresponsables del déficit nacional.

–¿Una apuesta fuerte a futuro?
–Al sector energético. Antes de terminar el mandato vamos a pasar a exportar energía, incorporando la solar, la eólica. Así era en la década del '60, cuando Mendoza vendía más energía que la que consumía.

–En 2019 el Gobierno nacional desataría una avalancha de inversiones y Mendoza podría beneficiarse.
¿Prioridades?

–Hay que bajar el costo de transportar bienes hacia los puertos del Atlántico y del Pacífico. Para ello debe estar el ferrocarril San Martín funcionado y tener expedito el paso a Chile. Ambas cosas están encaminadas. Por otro lado, las obras de riego. Tenemos que hacer mejor lo que ya hacemos bien, como la agroindustria, con el vino a la cabeza.

–Hace dos años, al hacer esta misma nota, usted auguró sangre, sudor y lágrimas para fin de año. ¿Cuál es el mensaje para 2018?
–Que hay que mantener el orden. No debemos aflojar en eso. Pero hay una perspectiva de progreso. Ahora bien, vamos a estar muy atados al destino del país. No están dadas las condiciones para lograrlo solos.

–¿Y el destino del país cómo viene?
–Moderadamente bien. Pero también dependemos, aquí, de algún factor exógeno. Internacionalmente existen buena expectativas respecto de nosotros. Por lo tanto, no hay que dejar pasar la oportunidad.

–¿Feliz año nuevo, entonces?
–¡Feliz año nuevo!

Fuente: Diario UNO de Mendoza