Mendoza
Domingo 28 de Octubre de 2018

Ni Facebook, ni Instagram, ni Twitter son vida privada

El caso del supervisor de la DGE que insultó a Cornejo en las redes sociales es un buen ejemplo para hablar sobre vida pública y privada.

Si yo soy un funcionario del Estado y alegremente digo a través de las redes sociales que el gobernador de esta provincia es "un sorete" debo saber que eso no es algo que vaya a pasar desapercibido.

No es que no lo pueda decir. Todos somos dueños de decir lo que nos plazca.

Pero, claro, también somos responsables de lo que decimos.

Máxime si el que dijo lo que dijo ostenta un cargo expectante en el gobierno escolar.

Ricardo Ermili, de él se trata, era supervisor suplente de la Dirección General de Escuelas, y cumplía funciones en colegios técnicos del Sur mendocino.

Decimos "era" porque a raíz de su insulto al gobernador, Ermili ha sido dado de baja del cargo.
Este profesor estaba obligado a saber que su insulto no iba a ser gratuito.

Ermili, tiene 58 años y 27 de carrera. Es militante de izquierda y posee vasta actuación en entidades vinculadas a la defensa de los derechos humanos. Es geólogo y abogado. No es un Don Nadie ni un joven impulsivo que no sepa frenar su lengua a tiempo.

Ermili ha sido separado de su cargo de supervisor suplente, que es el puesto máximo dentro de la carrera docente, pero ha vuelto a su cargo de director de escuela, obtenido por concurso.

Lo instituído

En realidad lo que Ermili ha denigrado no es un nombre propio. Ha sido la Institución Gobernador, que es uno de los símbolos de la democracia republicana.

Y un símbolo, lo sabemos, es la forma de exteriorizar un pensamiento o idea.

Alfredo Cornejo corporiza hoy esa Institución porque una mayoría de mendocinos así lo decidió al votarlo en elecciones libres en 2015.

Aún hoy Cornejo es la figura política con mejor imagen en la provincia al punto que duplica a la del presidente Mauricio Macri.

La gema

Sin embargo el apellido Cornejo mutará en diciembre de 2019 por otro que durará cuatro años gracias a lo que es -en opinión de este columnista- una de las gemas que hace brillar a la provincia: nuestra Constitución no autoriza la reelección de gobernador.

Esa es una de las razones por las que aquí tiene peso específico la Institución Gobernador y no los nombres propios al estilo caudillista de otras provincias maceradas en el atraso, el nepotismo y las corruptelas.

¿No es acaso vergonzoso que los gobernantes tomen el gobierno como si fuera una empresa familiar y se pasen los cargos entre esposo y esposa, o entre hermanos?

El caso Cristina

Más de una vez nos hemos quejado en esta columna de aquellos que denigraban a la dos veces presidenta constitucional Cristina Fernández de Kirchner mentándola con nombres de animales.

Una cosa es tener una opinión muy crítica con respecto a las administraciones de la ex presidenta, y argumentarla, y otra acudir al facilismo de denigrarla bajo el mote de "esa yegua" o adjetivos similares.

Ni siquiera ahora que estamos ratificando vía judicial que Cristina Kirchner ha sido el centro de una potente corruptela (por primera vez compartida con decenas de empresarios de la construcción que han aceptado haber sido parte de esa trama) deberíamos aceptar que la denigren con insultos. Hay que esperar que actúe la justicia.

El popó

Un sorete alude a excrementos, heces o materia fecal, o a desperdicios generalmente sólidos o líquidos producto final del proceso de la digestión. Eso es lo que dice el diccionario.

Ermili reduce a Cornejo a ser esa sustancia porque no comparte sus políticas de Estado.

Pero en lugar de centrarse en esas políticas, lo insulta.

Es el facilismo al que nos han acostumbrado las redes.

En la nota que este docente utilizó en la web para explicarles a colegas y alumnos sus puntos de vista sobre la sanción, se autodefine así: "soy un ser eminentemente político".

Y luego revela algunas de las cosas que tiene para criticarle a Cornejo: "nunca hay presupuesto para las necesidades de las escuelas, la pobreza aumenta, desciende el comercio, cae la industria".

¿No pudo decir eso en su momento en lugar de acudir al "sorete".

Mire vea

Entiéndase. Prefiero diez mil veces que Ermili pueda decirle sorete a quien se le ocurra a que no se pueda expresar.

Creo también que actualmente rige una tonta liviandad generada (o degenerada) en las redes sociales.
Es la que lleva a muchos a creer que se puede insultar o denigrar al prójimo porque las redes son "mi ámbito privado" donde ningún Estado se puede meter a decir qué puedo o no puedo decir.

Sin vida privada

Eso mismo utiliza como defensa Ermili en su mensaje a sus seguidores.

Allí afirma que haberle dado de baja de su puesto de supervisor suplente "es una falta de respeto en relación a lo que uno hace en la vida privada".

Ni Facebook, ni Twiter, ni Instagran son vida privada. Ni territorios de libertad suprema, ni ámbitos anárquicos donde lo que rige es la ausencia de autoridad y de gobierno.

Son redes sociales, son herramientas que pueden tener usos muy buenos, pero también deleznables.
La vida privada es la que se tiene puertas adentro de nuestras casas o de nuestras familias.

La intimidad es un tesoro del que muchos se enteran cuando explotan sucesos como éste del sorete.


Fuente: Diario UNO de Mendoza