Mendoza
Domingo 25 de Noviembre de 2018

Opinión: Los creativos que no creyeron en sí mismos

Si algo le faltaba al vodevil vendimial era un plagio escandaloso. El afiche ganador parecía un aviso del Mendotaku o de María Kodama.

Pocas cosas más chirriantes que ver a gente grande haciendo pavadas.

Reparé en esa idea el jueves pasado al sumar una nueva decepción con asuntos vinculados a la Vendimia.
Fue cuando el nunca bien ponderado Diego Gareca, secretario de Cultura, presentó en sociedad a los ganadores de la gráfica vendimial para el 2019.

Así se designa al conjunto de piezas creativas que incluyen el afiche promocional de la Fiesta, la diagramación de las entradas, de los programas de mano, de las invitaciones especiales, o de los variados formatos publicitarios, entre otras cosas.

La impresión

¿Qué es esto? me dije cuando empecé a revisar los diarios digitales y encontré que el afiche, que es lo más esperado de toda esa gráfica, se centraba en una muchacha con tinte oriental y los pelos al viento.
La figura me dio a María Kodama, pero en joven. O a un afiche del Mendotaku. O a una película coreana de esas que mezclan monstruos con amores trágicos.

Curten su style

En ese acto el funcionario de Cultura presentó a los tres diseñadores galardonados: varones y cuarentones.

Ellos además trabajan en una consultora de publicidad y marketing político muy conocida, que nada tuvo que ver con el disparate que se descubrió al rato pues la propuesta "creativa" había sido presentado al concurso a título personal.

Los muchachos exhibían durante el acto ese estilo típico de los diseñadores: medio desaliñado, como si dijeran "yo sé de estilos pero no los uso, y menos para vestirme". Siempre reconcentrados, minimalistas.

Los mendocinos que idearon esta guarrada se llaman Pablo Miguel Morales, Daniel Federico Bordón y Juan Pablo Encina y nunca imaginaron que iban a terminar con una denuncia penal en la Fiscalía de Delitos Económicos por estafa.

A devolver la plata

Es que después de las congratulaciones, de los $120.000 de premio, y de los 15 minutos de fama a los que tiene derecho cualquier mortal, los diseñadores aludidos fueron descendidos a cachetazos virtuales al mismísimo infierno.

Otro escándalo se había desatado en Mendoza al comprobarse que toda la gráfica que presentaron estos hombres grandes era en realidad un plagio grosero, infantil, con perdón de los niños.

El talento mendocino que el jurado había creído detectar en el trío de diseñadores era en realidad la copia de un trabajo que realizó el artista filipino John Ed De Vera y que había publicado el año pasado en su cuenta de Instagram.

La interpol virtual

Ante la primera sospecha de plagio los pesquisas de la web se movilizaron y a las pocas horas ya estaba todo aclarado.

Había sido un choreo con todas las letras. Guarango. Desfachatado. Delictual.

Hallados con las manos en la masa los diseñadores pidieron disculpas públicamente aunque lo matizaron diciendo que solamente se "habían basado" en las obras del artista filipino John Ed De Vera.

La propuesta elegida se había presentado bajo el seudónimo Papercraft que es precisamente el nombre de la técnica utilizada por el filipino que, desde el otro lado del mundo, se desayunó que en un lugar llamado Mendoza, en la Argentina, le estaban afanando su trabajo.

También los reflectores se dirigieron hacia el jurado, integrado por especialistas en diseño de nuestra provincia.
Carolina Clavijo, presidenta de ese jurado, dijo que "Es ingenuo creer que podemos conocer a todo el universo de diseñadores. Nosotros confiamos en los participantes".

El fenómeno

¿Vio que a Gareca le pasa de todo? Se le vienen al piso las parrillas de luces en el anfiteatro Frank Romero Day o se le quema la cúpula del Espacio Contemporáneo de Arte (ECA), por citar dos sucesos graves que lo han puesto varias veces en el asador del que siempre ha sido salvado del chamusque total por su amigo el gobernador Alfredo Cornejo.

Pero, claro, que este mamarracho del plagio haya sucedido en la gestión Gareca no puede atribuírselo a este funcionario.

Fueron los tres adultos diseñadores que aparecen en esta página los que no pidieron permiso para usar una idea ajena.

Todo indica entonces que el robo intelectual fue intencional.

Como ellos mismos lo dijeron por escrito, sabían lo que estaban haciendo ("claramente fue un error de nuestra parte").

A los fines legales, este plagio podría llegar a ser considerado hurto , apropiación ilícita o robo.

Para concluir, lector, le pido que mire bien la foto que ilustra esta página. Son los tres diseñadores que plagiaron.

Están felices, serenos, tienen toda la apariencia de buena gente. Y tal vez lo sean. Pero se han mandado un pedo soñado. Han robado una idea. No se han basado en una idea para mejorarla.

Han faltado el respeto al filipino. Y, lo que es mucho peor, se han faltado el respeto a sí mismos.