Mendoza
Miércoles 16 de Mayo de 2018

Por año nacen unos 60 niños con fisura de labio y paladar

Los chicos son tratados en el hospital Notti donde se los opera y reciben tratamiento hasta los 15 años.

Aunque resulta impactante y preocupante cuando el bebé nace con una fisura de labio y paladar (antes se llamaba labio leporino), este problema tiene solución con cirugías y tratamiento a largo plazo (desde que nace hasta los 15 años).

En Mendoza hay entre 40 y 60 casos nuevos por año, y se trata de la malformación de labio más frecuente, considerada su aparición como multicausal.

"Hay factores que inciden y que son imposibles de manejar, como pertenecer a una etnia determinada, la genética, la herencia, aunque sí se pueden manejar factores de riesgo en el primer trimestre de embarazo como evitar el estrés, no tomar cualquier medicación, alimentarse bien, no tomar alcohol, drogas, ni tampoco fumar", explicó Silvia Torres Cavallo, especialista en odontopediatría, integrante del servicio de FLAP (Fisura Labio Alveolo Palatina) del Hospital Notti.

La especialista destacó la importancia de detectar a tiempo este problema, incluso desde el embarazo, como para poder actuar de manera más rápida, no bien nace el bebé. "Lo mejor es que la familia lo sepa antes de que nazca, para saber cómo actuar ya que a veces los toma desprevenidos el problema y no se sabe bien a quién acudir", dijo.

Un trabajo interdisciplinario

En el hospital pediátrico funciona un equipo interdisciplinario que realiza desde las cirugías plásticas y funcionales hasta el largo tratamiento, que dura hasta la adolescencia. Se operan entre 6 y 9 pacientes por semana, contando los casos nuevos y los que ya van por la segunda o tercera operación.

"La complicación más grande que tenemos está ligada a la adhesión al tratamiento. De nada sirve hacer una cirugía si no se sigue el tratamiento con la fonoaudióloga, que trabaja ese paladar para una buena fonación, o con la odontóloga, que busca una buena funcionalidad en la boca", comentó Fernando Sammartino, cirujano pediátrico del equipo del FLAP del Notti.

Añadió que esta malformación es frecuente en grupos étnicos de Sudamérica, y que cerca de 15% de los casos tiene antecedentes familiares. Entre las armas que siempre se mencionó para ayudar a evitar malformaciones de este tipo figura el ácido fólico, y en este sentido el especialista indicó que "es un tema controvertido ya que se pensaba que tenía una alta incidencia en esta patología pero no es así, pese a que tiene cierta implicancia. Insistimos mucho en los controles prenatales, porque hoy con tratamiento tiene cura, siempre que no se abandone. Es un tema largo porque comienza en la infancia y termina en la adolescencia", aclaró.

El inicio

Andrea Villarruel, fonoaudióloga del equipo del hospital pediátrico, explicó que lo primero que trabajan con los chicos que nacen con esta malformación es su alimentación. "Es el primer inconveniente ya que hay bebés que no pueden alimentarse con el pecho de la mamá porque tienen afectado el paladar. Después, con el tiempo trabajamos con el habla. Inclusive el balbuceo entre los 6 y 9 meses es diferente al de un bebé sin este problema".

También indicó lo importante que resulta el trabajo antes del año, "para prepararlo bien y para que pueda llegar al jardín habiendo logrado una buena comunicación", dijo la especialista.

Además de una fonoaudióloga, los niños necesitan de una atención odontológica. "Estos chicos están muy expuestos a tener caries y por este motivo muchas veces no han podido ser operados. Por eso se lanzó un programa preventivo de salud bucal que trabaja con los padres, donde se les enseña la técnica del cepillado y los hábitos saludables como por ejemplo evitar la ingesta de azúcar", indicó María Lis Bisson, odontopediatra del servicio del Notti.