Mendoza
Martes 05 de Junio de 2018

Tiene 11 hijos y en su casa funciona el comedor Rincón de Luz

La de Yolanda Palma es una historia compleja, porque comparte vivienda con su marido y siete de sus 11 hijos –el menor tiene diez años– en el Bajo de Luján.

Alejandra Olguín tiene dos hijos en edad escolar. Junto con su marido y los chicos viven en una casa de la villa conocida como Bajo Luján –situada a un kilómetro del centro de Luján de Cuyo–. "Al padre de mis hijos le cuesta salir a trabajar en invierno porque tiene un problema de salud. Hace algunas changas, pero este año se nos ha complicado un montonazo. Nos llegó una boleta de luz de $3.000. La garrafa nos dura 20 días, y cuesta $340".

María Flores tiene cuatro hijos, de 4 a 10 años. Viven en el Bajo y la situación les está pegando duro. "Mi marido trabaja colocando piscinas y este año hubo menos pedidos. Antes trabajaba todos los días de la semana y este años sólo trabaja tres días. Yo trabajo tres o cuatro horas en servicio doméstico y lo que gano me lo gasto en el día".

La de Yolanda Palma es una historia más compleja, porque comparte vivienda con su marido y siete de sus 11 hijos –el menor tiene diez años–.

En su casa comenzó a funcionar el comedor Rincón de Luz, donde continúa asistiendo y trabajando para colaborar. "La crisis nos ha pegado muy mal, cada vez vienen más chicos al comedor. En lo personal también estoy sufriendo la crisis. Imagínese que por mes utilizamos tres o cuatro garrafas, y cada una puede costar hasta 340 pesos. Yo cobro la asignación, pero con eso no nos alcanza", sostuvo la mujer, una de las que apoya el trabajo de Susana Velázquez, la directora de Rincón de Luz, un centro de asistencia comunitaria que cada día les da de comer a 120 personas, entre chicos y madres. Pero también los asiste en las tareas de la escuela, cubre muchas veces las necesidades afectivas y les ofrece a los niños y niñas talleres de arte y educación física.

El Centro Comunitario Rincón de Luz está situado en el corazón del Bajo, y flanqueado por terrenos baldíos en los que se piensa construir un parque y un barrio privado. Pero adentrándose en los pasillos del Jardín Costero –uno de los cincos barrios que conforman la villa– las necesidades básicas de las personas se encuentran a años luz de ese nuevo destino que se le dará al lugar en el que se han levantado las viviendas de más de 1.000 familias.

Allí, el dato duro que difundió el Observatorio de la Deuda Social (perteneciente a la Universidad Católica Argentina) se vive a diario, descarnadamente. Según esta entidad, los índices de pobreza aumentarán al 29% hacia fines de este año, y en esta primera mitad del año llegará al 27%. Los testimonios de las mujeres que se ocupan de alimentar a sus hijos y ayudar en este proyecto indican que ese porcentaje está plagado de dificultades para cubrir las necesidades básicas de alimentación y abrigo para los niños y niñas.

Otra que pueden dar fe de que el dato se traduce en precariedad es la directora de la Fundación Banco de Alimentos, Alejandra Goldsack.

La asistencia se incrementó 12%
Goldsack cuenta que cerraron el 2017 asistiendo a 25.000 personas por mes, a quienes les aseguran el 25% de su alimentación básica diaria.

En lo que va del año, se han sumado 3.000 personas más: es decir, ya son 28.000 las asistencias mensuales que brindan. El aumento alcanza, entonces, el 12%. Proyectándolo hacia fin de año, el incremento podría ser del 24%, casi el mismo porcentaje que estiman crecerá la pobreza.

"La necesidad es muy grande. Actualmente asistimos a 81 organizaciones por mes, y tenemos 12 más en lista de espera. Cuando recibamos más donaciones las iremos incorporando".

El trabajo comunitario
En el Bajo Luján trabaja un equipo de 6 docentes, con Susana Velázquez al mando del Servicio Educativo de Origen Social y Comunitario, que en el 2011 empezó a funcionar.

"En un principio nuestra función era solamente educativa, pero como docentes y con una vocación muy profunda, no podíamos dejar de lado el aspecto nutricional. Empezamos a darles de comer a los chicos, manteniendo el comedor con aportes solidarios de la gente. Recibíamos de la DIDA (Dirección de Derecho a la Alimentación de la Provincia) el desayuno y la merienda. Desde marzo de este año hemos empezado a recibir las raciones necesarias para el comedor. Es un lugar difícil en cuanto a las condiciones: no hay gas natural, tenemos que comprar las garrafas, y pagar la tarifa eléctrica de más de $3.000 pesos", explicó la docente.

En Rincón de Luz se hace un trabajo en equipo entre 6 docentes y las mamás, que se suman a acompañar el proyecto educativo de sus hijos. "No es que los niños vienen acá y los dejan y se los llevan almorzados. Es un compromiso y un trabajo mutuo entre docentes y las madres que se deben hacer cargo de la realidad de los hijos. La asistencia no es obligatoria. Damos talleres de plástica, de teatro, de educación física. Hacemos apoyo escolar de todas las edades, y contenemos a los bebés de las madres que trabajan, pero no somos un jardín de infantes".

Susana explicó que la situación económica actual les pega más fuerte a los que menos tienen.

Fuente: Diario UNO de Mendoza