Mendoza
Miércoles 17 de Enero de 2018

"Yo soy nacido muerto", la dura sentencia de un joven que duerme en la calle

Asegura tener 19 años y que jamás accedió a documentación que le permitiera conseguir "trabajo fijo". Vive con su madre a la intemperie en una vereda de la ciudad de San Martín.

"Yo soy nacido muerto", dice, mientras se levanta del colchón desgranado que está tirado debajo del alero trasero de la iglesia. Su madre apenas puede sentarse en otro colchón, igualmente mugriento. No puede llegar sola a su silla de ruedas desvencijada, que tiene sobre ella una bolsa de pan del día anterior que le ha dejado una vecina.

"Yo soy nacido muerto", repite Julio Lencinas, como una sentencia, mientras asegura tener 19 años de no vida y que "por eso no tengo documentos y no consigo trabajo fijo".

Su madre es Mabel Lencinas y tiene una edad indescifrable, una artrosis que le ha deformado los huesos de tal forma que ya no puede caminar y una diabetes severa que la arrincona contra la inanición.

Hace tres semanas que están allí, entre el alero y la intemperie, apretados contra la iglesia del barrio San Pedro, en San Martín. Son dos, pero hasta hace poco eran dos más: Lucía, una muchachita de 16 años que es la pareja de Julio, y su beba, Zamira Abigail, "que justo cumplió un año cuando se la llevó la policía", dijo el joven.

Sí, vinieron seis policías. Alguien alertó de que había una muchachita con su beba durmiendo en la calle. Alguien adoptó una medida judicial de urgencia y las hizo trasladar a un hogar, "pero las llevaron donde hay gente que tiene problemas con la Justicia y ella es sólo una mujer que no tiene casa", se queja Mabel.

Hace tres semanas están aquí. Ha llovido mucho. Dos indigentes que también han buscado el refugio de los recovecos del San Pedro se les suman. Uno es Alberto, casi histórico del lugar, que reniega porque lo han negado algo de dinero, por más que haya jurado "¡es para comprar una gaseosa, doñita!".

El otro es más nuevo, no da el nombre y ahora se hamaca en uno de los columpios de la plaza mientras, en cada vaivén, los pies descalzos se le sumergen en el charco que se ha formado debajo.

"Nosotros no queremos que se nos junten, porque no queremos que la gente piense que somos como ellos y que queremos seguir viviendo así, pero no nos animamos a echarlos, porque... ¡vaya uno a saber cómo reaccionan!", dice Mabel.

Ahí están, en la calle. Quizás hayan nacido muertos.

Historia confusa y realidad
Todo ha sido difícil y es confuso para la familia. Julio dice que lo declararon nacido muerto cuando lo parió Mabel.

También cuenta que su pareja, Lucía, que es menor, "tiene un pedido de paradero hace 4 años, cuando se fue de su casa porque la abusaba su padrastro".

Y más: dice que hace tres semanas se quedaron en la calle "porque nos quemaron nuestra casa, en Tropero Sosa".

Para las direcciones de Desarrollo Social y de Familia del Municipio de San Martín la historia de esta familia no es nueva.

Patricia Funes, titular de la primera área, y el equipo de asistentes sociales de la Comuna conocen bien las historias de Mabel, de Julio y de Lucía y de su beba. Incluso fue Funes quien recibió el alerta de que la familia estaba en el San Pedro y logró que la muchacha y su beba fueran alojados en el hogar de CONIN, en Las Heras, para contenerlos y atender el cuadro de desnutrición que padecen ambas.

También las asistentes sociales intentaron llevar a Mabel y a Julio a un albergue, pero ellos rechazaron la posibilidad de alojarse allí.

Durante los últimos años la familia supo vivir en un asentamiento muy precario detrás del hospital Perrupato. Después se instalaron en una bodega abandonada de la calle Tropero Sosa.
Más tarde se trasladaron a Guaymallén y solían vagar por la terminal de ómnibus.
Finalmente regresaron a la bodega abandonada de San Martín. Allí es donde dicen que "les quemaron la casa". Es que allí se suelen juntar personas del submundo local.
Durante este tiempo Desarrollo Social y Familia intentaron darles algunas alternativas de solución, incluyendo la atención de salud, pero por diferentes razones esos intentos fracasaron por rechazo, desinterés o una arraigada costumbre de la familia de vivir en la más absoluta indigencia.
Incluso una asistente social contó que Julio nació en el Lagomaggiore, pero Mabel nunca esperó a que le dieran el certificado de nacido vivo de su hijo y, por eso, ahora Julio no existe en los papeles.
"Ya hemos conseguido que Mabel sea atendida en el hospital inmediatamente y acompañaremos a Julio a hacer su trámite para obtener su documentación. Hemos hecho todo lo posible por darles contención, pero necesitamos que ellos quieran ser ayudados porque no podemos ir en contra de su voluntad", dijo Patricia Funes.

Fuente: Diario UNO de Mendoza