Mundo
Lunes 16 de Abril de 2018

Estaba ebrio y escaló una montaña de 2.400 metros buscando su hotel

Un hombre ebrio se pierde buscando su hotel y acaba escalando una montaña de 2.400 metros. No es un chiste ni una broma. Pavel, un turista estonio de 30 años, de vacaciones en una estación de esquí de los Alpes salió de fiesta una tarde y bebió alguna copa de más. Cuando pasaba el último transporte para su hotel, a las siete y media, pensó que aún le quedaba mucha noche por delante y continuó la juerga hasta que cerraron los bares. A esa hora no tenía otra opción que volver a pie. Aunque estaba solo, a oscuras, llevaba mocasines e iba abrigado solo con una camperita, la empresa no le debió de parecer gran cosa y se puso manos a la obra. Pero echó a andar en la dirección opuesta a su hotel.

En algún punto indeterminado tuvo que dejar de caminar y comenzar a escalar, porque acabó superando una pendiente de 400 metros de desnivel para llegar a la cima de la montaña de 2.400 metros. La orientación, la inclinación del camino o el frío no eran factores a tener en cuenta en ese momento. Continuó su periplo, ajeno al hecho de que la nieve frente a él cada vez era más abundante y el camino, más inclinado.

Al final del recorrido, encontró un restaurante, el Igloo, encaramado sobre la pista Ventina, una cresta llena de nieve que hace tiempo se reservaba para competiciones de esquí en la estación de Cervina, y pensó que era su hotel. Probó a meter a tientas la llave en la cerradura y a pesar de que no había forma de que encajara, consiguió abrir la puerta. Bebió dos botellas de agua que encontró en la barra, para calmar la deshidratación de la ascensión y tal vez la resaca y se echó a dormir en el primer sitio que se le antojó cómodo, en busca de un sueño reparador: un banco lleno de cojines en el recibidor del establecimiento.

El cocinero y los camareros lo encontraron acostado a la mañana siguiente, cuando subieron en moto de nieve para preparar los desayunos. Nicoletta Giordano, la propietaria del negocio cuenta a el diario EL PAÍS que todavía no se explican cómo consiguió llegar hasta allí sin tan siquiera un abrigo. "No sabemos con qué fuerzas físicas consiguió subir ni qué camino pudo tomar". Dicen que para una persona en forma y con la ropa apropiada la gesta a pie es viable y no le llevaría mucho más de una hora y media o dos horas. Pero Pavel, al menos en aquel momento, no cumplía ninguna de las dos condiciones.

El estonio, a pesar de la confusión propia del momento, no cometió el error de abandonar las pistas batidas y logró caminar sin hundirse en la nieve. "Tuvo mucha suerte de no salirse de las pistas. Hubiera arriesgado su vida", celebra Nicoletta.