Mundo
Jueves 24 de Enero de 2019

Macri, Trump y Bolsonaro, aliados para forzar la renuncia de Maduro en Venezuela

Maduro no tiene mucha opción. Si detiene a Guaidó por autoproclamarse presidente interino, Trump puede mover sus tropas hacia Caracas. Y si finalmente lo deja en libertad, reconocerá que ya no controla todas las variables del régimen.

La diplomacia secreta de los Estados Unidos, Brasil y Argentina se puede anotar la victoria política de haber fracturado al régimen de Nicolás Maduro a través de un movimiento concertado con el Grupo Lima que instaló a Juan Guaidó como líder de la transición democrática en Venezuela.



Maduro fue sorprendido por la potencia de la jugada de Donald Trump, Jair Bolsonaro y Mauricio Macri y ahora piensa como replicar ante un escenario doméstico que ofrece escasas variables: si detiene a Guaidó por autoproclamarse presidente interino, Trump puede mover sus tropas hacia Caracas. Y si finalmente lo deja en libertad, reconocerá que ya no controla todas las variables del régimen y que su destino político está a tiro de una asonada militar. En ambos casos, habrá una compleja crisis institucional en Venezuela y el Grupo Lima prepara una nueva ofensiva diplomática para evitar una guerra civil potenciada por los intereses regionales de Estados Unidos, China, Rusia y Cuba.



Mientras que el Grupo Lima establecía que la asunción de Maduro era ilegal, la diplomacia americana, brasileña y argentina iniciaba negociaciones secretas para fracturar al régimen y forzar una transición democrática que estaba paralizada por la ausencia de un líder opositor que pudiera enfrentar al gobierno y erosionar su frente militar.




Trump instruyó a Mauricio Claver, su director de origen cubano en el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, para que diseñara un plan secreto destinado a erosionar a Maduro. Y Guaidó fue la pieza clave de ese engranaje a escala continental: se trata de un hijo de militares, con un discurso articulado, impronta personal, estudios en Washington y pertenencia a una partido (Voluntad Popular) con capacidad para movilizar y conducir una ofensiva contra Maduro.




Entonces, las piezas en el Plan Claver se empezaban a alinear. Ya estaba la declaración del Grupo Lima rechazando la asunción de Maduro (con la excepción de México), había un liderazgo opositor en construcción y un movimiento diplomático en ciernes, que era la autoproclamación de Guaidó como presidente interino de Venezuela. Faltaba la fecha para poner mostrar todas las cartas.





El 23 de enero de 1958, una asonada cívico militar derrocó a Marcos Pérez Jiménez, el dictador más sangriento de la historia venezolana. Ese día, Pérez Jiménez se escapó a la República Dominicana a bordo de la "Vaca Sagrada", el avión más lujoso de la flota presidencial. Y una junta militar conducida por el contralmirante Wolfgang Larrazábal inició un gobierno de transición para recuperar la democracia en Venezuela, tras la caída y huida de Pérez Jiménez a su exilio dorado.




No fue casualidad que Guaidó eligiera el 23 de enero para convocar un cabildo abierto en las principales ciudades de Venezuela y que anunciara su decisión de autoproclamarse presidente interino en reemplazo de Maduro.




Era una señal política e histórica: si los militares leales a Pérez Jiménez consistieron la asonada en su contra, ya era tiempo de desplazar a Maduro, conformar un gobierno cívico militar y llamar a elecciones presidenciales.



Las movilizaciones de ayer en Venezuela tuvieron un componente social distinto. El régimen reprimió como siempre, pero en esta ocasión se sumó más clase media baja y por primera vez en mucho tiempo, la oposición reunió mas asistentes a sus marchas que el régimen populista. Y Maduro, a diferencia de otras oportunidades, exhibió una sorprendente debilidad escénica: durante su discurso, no hubo un solo militar poderoso a su lado. El rey aislado en la torre.




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