País
Miércoles 05 de Diciembre de 2018

La desesperada búsqueda de un perro entrenado para buscar personas

La dueña sufrió varias desgracias y el perro fue clave para ayudarla. Hace 19 días desapareció en medio de un operativo

Era 18 de agosto y en el jardín 913, en Escobar, los chicos y las maestras estaban por comenzar el acto por el aniversario de la muerte de San Martín. Del otro lado del teléfono, la voz de la vice directora marcó el desconcierto: "Gabriel, no sabemos qué le pasa a Tere". Teresa Lapadula, la "seño" de la sala de 5, acababa de desplomarse en un pasillo.

"Tuvo un ACV y quedó inconsciente entre el aula y el patio", cuenta Gabriel Bellegi, su marido desde la adolescencia. Teresa tenía 42 años y tres hijos que la esperaban en casa. "Los médicos dijeron que las primeras 48 horas iban a ser cruciales. Había riesgo de vida, también de que sobreviviera pero quedara con secuelas graves".

Fueron 10 días en terapia intensiva y un mes en el hospital. A fin de 2011, cuando le dieron el alta, entendieron el panorama completo: Teresa iba a vivir pero iba a tener que volver a aprender a hablar, a escribir, a ir al baño.

"Hasta que un día, el médico me dijo: 'Tenemos que volver a enchufarla al sistema. Tiene que hacer algo que la apasione". Gabriel, que trabajaba en el correo, arriesgó sin convicción: "¿Pintar?, ¿escribir?". El médico insistió: "Tiene que ser algo que la apasione de verdad, algo que vuelva a conectarla con la vida". Gabriel le contestó: "Ella siempre quiso ser bombera".

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La aceptaron en el cuartel de Paraná, Entre Ríos. "Un mes y medio después, Tere estaba colgada, feliz de la vida, de un edificio de 10 pisos".

Las ganas de entrenarse para poder ir a incendios le dieron la motivación para no caer. Teresa empezó a buscar libros, a estudiar y a rendir exámenes hasta que llegó a ser oficial ayudante. La alentaban su marido -que también se convirtió en bombero voluntario-, y el resto de los bomberos de Paraná. Hasta allá van todos los fines de semana a hacer guardias: manejan 400 kilómetros, duermen juntos en el cuartel.

"Pero un año y medio después del ACV falleció mi yerno en un accidente. Yo lo quería como a un hijo". Unos días después murió Mateo Amor, su perro salchicha, a quien amaba profundamente. "Todo volvió a ir para atrás. Mi hija quedó viuda con una nena de 3 años, yo no podía ni ir al baño sola. No tenía ninguna motivación para salir adelante".

Y es acá donde Many y Alma, ovejeros "sable" y hermanos, entraron a escena para "salvarle la vida". Lo dice ella: "Llegaron cuando tenían 35 días. Eran como dos bebés y yo su mamá humana, eso me obligó a levantarme de la cama, a atenderlos, porque me seguían para todos lados".


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La pareja viajó a Córdoba una y otra vez para entrenarlos como perros de búsqueda y rescate con los pioneros en el tema. "Quise prepararlos porque una vez estábamos buscando a una chica a la que se la había llevado la corriente. La familia iba al río todos los días a esperarla. Yo pensé: 'Esto es tristísimo. Si un ser querido está muerto vos podés llorarlo pero ¿perdido? ¿desaparecido? No saber es terrible".

Los dos son perros "de venteo", es decir, van con el hocico levantado tratando de detectar el olor de la persona a la que buscan. Many es "bivalente", es decir, está entrenado para buscar tanto a personas vivas como restos humanos en grandes áreas. Alma es experta en búsqueda de cadáveres.

Many y Alma forman parte de la Brigada Canina de Entre Ríos aunque viven con Gabriel y Teresa. Fue por un pedido de una amiga de Daniela, su hija, que el 16 de noviembre accedieron a viajar con Many hasta las márgenes del Río Luján. El primo de esa joven, de 23 años, llevaba cuatro días desaparecido en esa zona, entre Campana y Escobar.

Many marcó el área rápidamente. Los pasos siguientes eran los de siempre: llevar a otro perro especializado en restos humanos a la zona para que confirmara que el área de búsqueda era correcta y esperar a que llegaran las buzos. Gabriel y Teresa lo subieron al canil de la camioneta y arrancaron. Cuando llegaron a Paraná se dieron cuenta de que Many no estaba.

"Estaba muy enfocado ese día. De hecho, gracias a su marcación encontraron el cuerpo del muchacho a 600 metros de donde estábamos", dice Gabriel. Lo que creen es que Many siguió en la camioneta con el hocico levantado, que volvió a recibir una "franja de aire" con el olor del joven al que buscaba y bajó "a terminar su trabajo".

Teresa ya no puede ni hablar. Recién el año pasado había logrado volver a la salita con sus alumnos pero la pérdida de Many le generó tanta angustia que ahora el cardiólogo tuvo que darle licencia médica. "Rompimos las reglas para ir pero bueno, cuando sabés que hay una familia desesperada es difícil negarte". Hoy Many cumple 6 años y protagoniza un capítulo inesperado en su biografía: la historia del buscador que hace 19 días está siendo buscado.

Fuente: Infobae